Entretenimiento

Curiosidad

Los huevos japoneses de la longevidad

Actualizado el 21 de julio de 2013 a las 12:00 am

Una tradición japonesa motiva a los turistas a comerse un particular alimento cuya cáscara cambia de color en las aguas termales.

Entretenimiento

Los huevos japoneses de la longevidad

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

This picture loads on non-supporting browsers.
La creencia japonesa asegura que con consumir un huevo se aumenta la vida en siete años.

El recorrido hasta la cima del “gran valle hirviente” en Hanoke, Japón no es nada sencillo.

Primero, un tranvía conduce a los turistas hasta la plataforma donde se toma el teleférico para ascender, mientras se divisan paisajes como el monte Fuji y el lago Ashi.

Al final del riel, cuando se abren las cabinas de este medio de transporte, comienza otra parte de la aventura, en la que hay que caminar cerca de un kilómetro, un ascenso que parece nunca acabar.

Sin embargo, el esfuerzo vale la pena, especialmente para quienes creen en las particulares propiedades de los Kuro-tamago o lo que en español sería “huevos negros”.

El oscuro alimento ovalado es la mayor atracción que se encuentra en el parque nacional Fuji-Hakone-Izu, ubicado en el valle Owakudani, un lugar también frecuentado por su actividad volcánica.

La creencia popular repite que con cada huevo de estos que alguien lleve a su boca, su vida se prolongará siete años. Es decir, en cada bolsa de Kuro-tamagos que se vende en el parque, se ofrece un buen tiempo adicional de vida.

El precio de cada bolsa de papel, que incluye cinco huevos negros, tiene un valor de 500 yenes (¢2.800 aproximadamente), un módico precio para lo que –según los creyenceros– equivale a 35 años adicionales para el comensal.

El parque se caracteriza por un suelo recubierto de cáscaras negras de huevo.
ampliar
El parque se caracteriza por un suelo recubierto de cáscaras negras de huevo.

Quizá la curiosidad del asunto pierda un poco de interés cuando el turista se entera de que aquellos no son más que simples y silvestres huevos de gallina. Sin embargo, se recupera la emoción cuando se observa de cerca el proceso que se debe llevar a cabo para obtener el drástico cambio de color.

Platillo sulfúrico

Los futuros consumidores pueden presenciar la metamorfosis de su platillo en tan solo pocos minutos. Todo empieza cuando un operario de gabacha azul y mascarilla blanca hunde las celdas repletas de huevos de cáscara clara en las aguas termales.

Durante esta fase, el hervor dentro de los cráteres amarillos es acompañado por un incesante olor sulfúrico que podría quitarle el apetito a cualquiera, menos a aquellos empecinados en comerse los huevos de la longevidad.

Las canastas metálicas se sacan con los huevos ya cocidos y con sus cáscaras bien negras. Se debe esperar un rato mientras se enfrían y se secan, antes de que los empaquen de cinco en cinco.

PUBLICIDAD

Se venden junto a sobres de sal para aderezar los huevos, cuyo sabor será igual al de cualquier huevo puesto por una gallina.

El lugar para comerse el “platillo” está repleto de mesas pero no tiene una sola banca. El suelo es una gran alfombra negra y crujiente, gracias al cúmulo de restos de cáscaras que van quedando como evidencia de los últimos clientes que han pelado allí sus huevos.

Muchos ojos atentos. |  UN FUNCIONARIO SE ENCARGA DE SUMERGIR LAS CANASTAS DE HUEVOS EN LAS MINAS DE AZUFRE PARA QUE, MINUTOS DESPUÉS, SEAN EXTRAÍDAS CON LAS CÁSCARAS TEÑIDAS DE NEGRO. ALGUNAS DE LAS CANASTAS SON ABIERTAS EN EL LUGAR PARA LA VENTA INMEDIATA Y OTRAS SON ENVIADAS AL PUESTO DE   SOUVENIRS  DEL PARQUE NACIONAL FUJI-HAKONE-IZU.
ampliar
Muchos ojos atentos. | UN FUNCIONARIO SE ENCARGA DE SUMERGIR LAS CANASTAS DE HUEVOS EN LAS MINAS DE AZUFRE PARA QUE, MINUTOS DESPUÉS, SEAN EXTRAÍDAS CON LAS CÁSCARAS TEÑIDAS DE NEGRO. ALGUNAS DE LAS CANASTAS SON ABIERTAS EN EL LUGAR PARA LA VENTA INMEDIATA Y OTRAS SON ENVIADAS AL PUESTO DE SOUVENIRS DEL PARQUE NACIONAL FUJI-HAKONE-IZU.

Si los Kuro-tamagos no son comidos 48 horas después de haber sido hervidos en las minas de azufre, su cáscara pasará del negro intenso a un amarillo desteñido y su supuesto valor revitalizador habrá sido desaprovechado, dicta la creencia.

No faltan los que aseguran que la leyenda no es más que una estrategia de mercadotecnia para atraer más visitantes a Fuji-Hakone-Izu.

Esta posición se respaldan con la cantidad de productos que se venden en la tienda de recuerdos del parque: juguetes, llaveros, peluches y ropa figuran entre los souvenirs . En cambio, si la creencia fuese cierta, los comedores de Kuro-tamagos tendrían muchos años para regresar a visitar el gran valle hirviente.

Colaboró Eyleen Vargas

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Los huevos japoneses de la longevidad

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota