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Agrupaciones musicales viven un cambio que les afecta en el negocio

Los tríos se niegan a desaparecer

Actualizado el 24 de junio de 2015 a las 12:00 am

Junto a los mariachis y armados de dos guitarras y un requinto, estos grupos llevan romanticismo, recuerdos y serenatas a diferentes celebraciones. Ahora, su amor por esta tradición les paga poco y ven extinguirse su gran pasión y trabajo diario

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Los tríos se niegan a desaparecer

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(Video) Tríos de música romántica (Mariel Schmidt)

Son las 5 p. m. de un viernes especial: es víspera del Día del Padre y todo promete que será un buen día para andar serenateando.

Elegantes, vestidos con saco y corbata, afinan voces e instrumentos y puntuales solo dos tríos tradicionales –de esos bien románticos con dos guitarras y un requinto–, comienzan su jornada. Seis hombres esperaron la caída de la noche para comenzar a ganarse un dinerito con su música; no obstante, en esta jornada les sobrarían las horas de espera y les faltarían clientes y billetes.

El trío Alma Latina integrado por Rafael Cordero, Gerardo Artavia y Édgar Guzmán (en orden usual), le dieron una serenata a Marielos Guadamuz en el salón Meylin;  su esposo Misael Varela los contrató para que cantaran en la celebración de su quinto aniversario de bodas. | JOHN DURÁN.
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El trío Alma Latina integrado por Rafael Cordero, Gerardo Artavia y Édgar Guzmán (en orden usual), le dieron una serenata a Marielos Guadamuz en el salón Meylin; su esposo Misael Varela los contrató para que cantaran en la celebración de su quinto aniversario de bodas. | JOHN DURÁN.

Aquella noche del viernes 19 de junio, su base de operaciones, y también la de cuatro mariachis, está en las inmediaciones de la plaza González Víquez (San José), justamente en el Centro de Trovadores del Espectáculo, ubicado al costado este del salón Meylin. Rimbombante nombre para una oficinita apenas con lo necesario.

Con una lista interminable de canciones y años de experiencia, esperaban los tríos Alma Latina, conformado por Gerardo Artavia, Rafael Cordero y Edgar Guzmán, y Los Brillantes, cuyos miembros son Víctor Sibaja, Manuel Pacheco y Manuel Montes.

Los músicos estaban ansiosos y tenían sus esperanzas ancladas en que el festejo para los papás los hiciera tener una noche movida. Durante más de siete horas de espera, no llegó nadie a buscarlos ni hubo llamadas solicitando sus servicios, los salvó un pequeño toque en el propio salón Meylin.

Se saben representantes de una tradición moribunda. Con tristeza y resignación, estos hombres confiesan que la gente ya no lleva serenatas románticas y saben que, con el tiempo, su trabajo podría quedar en el olvido.

“Los karaokes nos han quitado mucho el trabajo, ya la gente no es tan romántica como antes y prefieren irse a enfiestar y cantar todos antes que dar una sorpresa con buenos músicos”, comentó Manuel Pacheco, primera voz y guitarra de Los Brillantes, sentado y en amena conversación con sus colegas.

LEA AQUÍ: Salón de baile Meylin: Zapateo irrestricto.

Lo mismo opinó Rafael Cordero, del Alma Latina . “Lo bueno es cuando la clientela, que tiene muchos años con nosotros, nos llama, pero ya en la calle es donde está difícil”, explicó el guitarrista.

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Se trata de hombres de avanzada edad, ninguno es un “chiquillo”, como ellos mismos dicen.

El Centro de Trovadores del Espectáculo ubicado al costado este del salón Meylin en Plaza González Víquez, sirve de centro de reunión para los tríos y mariachis. Allí, los músicos guardan sus cosas, se resguardan de la lluvia y toman café. | JOHN DURÁN.
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El Centro de Trovadores del Espectáculo ubicado al costado este del salón Meylin en Plaza González Víquez, sirve de centro de reunión para los tríos y mariachis. Allí, los músicos guardan sus cosas, se resguardan de la lluvia y toman café. | JOHN DURÁN.

En el Centro de Trovadores, un espacio pequeño que les ofrece baño, resguardo y café, comparten el tiempo con los mariachis.

Pasan las noches en una sincera cordialidad entre colegas: se dan bromas, juegan cartas, toman café y comparten comida, cigarros y hasta uno que otro secreto profesional. Entre tríos y mariachis, no existe rivalidad; todos son conscientes de que el siguiente favorecido queda a la discreción y preferencia del cliente.

Noche larga. 7:15 p. m. y todo sereno. Ni una llamada ni un cliente en el Meylin; allí, de vez en cuando, tienen la suerte de que un enamorado los contrata “por canción” para que le echen serenata a su amor.

De esta forma pasan muchas de sus noches, pero todo depende de la fecha; si es quincena o si hay celebraciones grandes cerca será un “día bueno”. Su pasado sí fue mejor; hace una o dos décadas, el encanto de llevar serenata con trío los hacía tocar hasta tres o cuatro veces por jornada. Ahora, todo ha cambiado y si acaso logran tres toques semanales.

Además de la pérdida del romanticismo y de la fama de los karaokes, estos grupos creen que los afecta el cambio generacional. “Ya los muchachos no oyen esta música y la conocen poco, aunque a veces, por recomendación de sus padres, nos llaman para contratarnos y eso es muy bonito, porque se ve que les gusta y lo disfrutan”, recordó Víctor Sibaja, quien tiene 54 años de estar en estas lides de la música, y asegura que le queda mucho más.

Para muchos, este es su único trabajo, y por lo tanto la única fuente de ingresos, por lo tanto deben esforzarse aún más.

Otra de las situaciones a las que se deben enfrentar es el transporte. Algunos viajan en bus, otros alquilan carro y otros ponen el propio para el negocio.

Los músicos aprovechan el tiempo de diferentes formas.  Arriba, Antonio Montes ensaya, Édgar Guzmán espera a los clientes; y Manuel Pacheco juega a las cartas con los compañeros. | JOHN DURÁN.
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Los músicos aprovechan el tiempo de diferentes formas. Arriba, Antonio Montes ensaya, Édgar Guzmán espera a los clientes; y Manuel Pacheco juega a las cartas con los compañeros. | JOHN DURÁN.

Con la esperanza de que salga un toque, Los Brillantes optan por quedarse toda la noche en plaza González Víquez, para esperar a que amanezca y tomar los primeros buses que van rumbo a sus casas.

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9:00 p. m.; ni una llamada. Los músicos siguen asentados en el Centro de Trovadores. “Pagamos ¢7.000 por mes cada uno para tener derecho a las llaves. Está bien porque al menos tenemos donde estar mientras esperamos a que llegue el trabajo”, contó Pacheco.

La salida de las agrupaciones la dicta una regla tácita: el que llega primero, sale primero ; todo lo manda el orden .

Eso sí, hay clientes que llegan a buscar mariachis y tríos específicos; en aquella hermandad musical, nadie se molesta.

Cuando llega alguien a preguntar, los representantes lo abordan, le cuentan sus precios y lo que ofrecen; el cliente toma la decisión, por supuesto.

9:50 p. m., una buena noticia, en medio de la jornada, llegó: tenían una serenata. La figura de Rafael Cordero se acercó al carro donde esperábamos y emocionado nos dijo: “Es aquí mismo en el Meylin, pero también cuenta”.

Los enamorados eran Marielos Guadamuz y Misael Varela, quienes estaban celebrando cinco años de matrimonio y el cumpleaños de él.

Somos novios , Motivos , Cómo fue , Gema , Contigo aprendí , Tres regalos y Bésame morenita se desgranaron de guitarras y voces. En total, el romántico pagó ¢21.000.

“Nosotros cobramos ¢50.000 por una serenata de siete canciones en San José. Ya más largo se negocia el precio por motivos del traslado”, explicó Sibaja, de Alma Latina.

Los Brillantes cobran ¢60.000 por el mismo tiempo; eso sí, ellos pagan el alquiler del carro.

La noche siguió sin cambios. Cerca de la medianoche, los de Alma Latina se retiraron a sus casas; Los Brillantes esperaban a que fueran las 5 a. m. para irse.

De nuevo, el sábado estaban citados a las 5 p. m.; llegarían en punto y con la esperanza de que esa noche les iría mejor. Los tiempos cambian, no su afán.

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Jessica Rojas Ch.

jessica.rojas@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Bachiller en periodismo de la Universidad Internacional de las Américas. Cubre temas de música nacional e internacional, además de informaciones de entretenimiento.

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