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Centenario de su muerte se celebra este sábado

Rubén Darío y sus letras radicales, a cien años de su muerte

Actualizado el 06 de febrero de 2016 a las 12:00 am

Hace un siglo, las literatura en español despidió al autor latinoamericano que cambió para siempre la música y la letra de su poesía

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CRÉDITO: DOMINICK BALTODANO

Abrir un libro de Rubén Darío para leer poesía y abrir un libro para leer poesía de Rubén Darío son cosas completamente distintas.

Leer a Darío no requiere un posgrado en su biografía, pero sus versos brillan de otra forma si imaginamos que hace cien años los poetas en español no hubieran rimado “mar” y “azahar” con la soltura, musicalidad y gozo que el nicaragüense lo hace en A Margarita Debayle .

Hace cien años, Ruben Darío (1867- 1916) entregaba a la literatura una vida entera dedicada a destruir y construir el estilo de la poesía latinoamericana.

Es necesario contar que Darío murió de cirrosis. Ser alcohólico le propinó una muerte prematura –a los 49 años–, pero también lo acercó a los círculos bohemios de la Francia de finales del siglo XIX.

Darío ocupó París como residencia en esos años y alimentó una profunda admiración por los versos de otro alcohólico talentoso y radical, Paul Verlaine. Esas fueron influencias que dispersó por sus múltiples viajes y residencias temporales (incluido su paso por Costa Rica).

La obra de Darío fue diversa y arriesgada. En su poesía incluyó temas románticos, eróticos y filosóficos existencialistas. Escribió ensayos y cuentos, en esos últimos también exploró temas esotéricos y de terror. En el campo periodístico, se destacó como cronista.  Wikimedia Commons.
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La obra de Darío fue diversa y arriesgada. En su poesía incluyó temas románticos, eróticos y filosóficos existencialistas. Escribió ensayos y cuentos, en esos últimos también exploró temas esotéricos y de terror. En el campo periodístico, se destacó como cronista. Wikimedia Commons.

En cien años, su figura se convirtió en un sujeto fascinante para los académicos. En vida, Darío tuvo tiempo para desarrollar una prolífica carrera tanto como periodista –fue redactor de La Nación en Argentina y de La Prensa Libre en Costa Rica, entre otros–, poeta y prosista.

En esas últimas artes, destaca, por su popularidad, su libro de cuentos y poemas Azul... el cual se considera como uno de los monumentos del modernisno en español.

Sin embargo, la persistente disección de su historia y obra a veces oculta el éxito más sencillo y valioso de toda su carrera: Rubén Darío cumplió con el idioma español todos los caprichos que se le antojaron.

Una forma. “Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo”, escribió en Prosas profanas y otros poemas (1896).

A Darío se le recuerda porque experimentó con todas las variaciones de versos que ofrecía la estructura poética. Rimar era un ejercicio musical para el poeta y las metáforas eran su insignia más valiosa.

En un momento en el que la poesía trabaja por deshacerse de convenciones literarias de ritmo, estructura y sensaciones metafóricas cuesta un poco dimensionar cuán revolucionarios eran esos gestos.

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“Rubén Darío no es solo un gran poeta sino que representa el espíritu de una época”, explica el escritor tico Carlos Cortés. “Darío desarrolla, en su segunda etapa, una obra de madurez que claramente anticipa la literatura de vanguardia de siglo XX y que conecta con muchas preocupaciones filosóficas sobre nihilismo y la condición humana, que siguen siendo las preguntas universales básicas”.

“La poesía de él no era religiosa, no hablaba de temas españoles y más bien metió en ella a la literatura francesa. Habló de temas muy profanos, prohibidos y tabúes: el erotismo, el sexo, el alcohol y las drogas”, resume Margarita Rojas, autora de El último baluarte del imperio , que discute el papel del nicaragüense en el movimiento modernista.

Al morir, Darío dejó abiertas las posibilidades de la poesía latinoamericana. Puso en el mapa una región que no se consideraba capaz de superar al arte europeo y rompió suficientes convenciones literarias como para que el siglo XX diera espacio a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Mario Benedetti...

“Si lo pensás en términos de imágenes y música, toda la música romántica y los boleros, siguen apegadas a esas imágenes de Darío”, añade el poeta y traductor Gustavo Chaves.

Aunque para leer un poema de Darío no hay que saber cuánto influyó el nicaragüense en leyendas del bolero como Agustín Lara o Julio Jaramillo, reconocer el cisma que creó el poeta marca la diferencia.

A la luz de esta historia, aunque su obra ya no es requisito educativo (como fue para bachilleres hasta el 2010), se disfruta como una experiencia ineludible para entender la poesía latinoamericana.

Homenaje en Costa Rica

Costa Rica, que fue casa de Rubén Darío durante la última década del siglo XIX, ofrecerá su propio homenaje. El Ministerio de Cultura organizará a las 7 p. m. una actividad con charlas a cargo de los escritores Carlos Francisco Monge y Armando Vargas. También, la poeta Julieta Dobles leerá algunos de los textos de Darío y contará con acompañamiento musical de la arpista Ruth Garita. El homenaje será en el Cenac, en la Casa Iberoamericana.

Libros nuevos sobre el escritor

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La Real Academia de la Lengua Española publicará en marzo una edición conmemorativa con textos poéticos y periodísticos de Rubén Darío. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez publicará A la mesa con Rubén Darío , sobre su obra como cronista gastronómico.

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Natalia Díaz Zeledón

ndiaz@nacion.com

Periodista de entretenimiento y cultura

Periodista del suplemento Viva de La Nación. Productora audiovisual y periodista de la Universidad de Costa Rica. Se especializa en temas de artes escénicas, música, cine y televisión. 

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