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El crítico William Venegas presenta sus comentarios sobre ‘Puerto padre’

Crítica de película ‘Puerto padre’: Nacer a lo real, Puntarenas en un foco

Actualizado el 19 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

Nacer a lo real Puntarenas en foco

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Crítica de película ‘Puerto padre’: Nacer a lo real, Puntarenas en un foco

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Con tonos propios del naturalismo literario, se estrena la película costarricense titulada Puerto Padre (2013), dirigida por Gustavo Fallas.

Este filme nos acerca a personajes que se redescubren dentro de cierta vorágine, con sucesos distintos a los que pensaron como proyectos de vida.

El filme habla de utopías para mostrar una realidad más bien distópica, o sea, una realidad indeseable en sí misma que amarra –a los personajes– al determinismo: no hay manera de encontrar el mejoramiento social soñado, a menos que se huya del lugar, en otro viaje.

El personaje central es quien unifica dichos conceptos. Él es un joven isleño. Vive en el golfo de Nicoya y viaja a territorio firme en búsqueda del padre ausente y con afán de encontrar trabajo en un barco, metáfora del deseo por algo mejor de lo que se tiene (el viaje a alguna parte).

Es así como el joven, llamado Daniel, llega a Puntarenas. Aquí, él encuentra un sitio más bien degradado económicamente y donde la odisea de hallar una Ítaca propia y feliz (utopía) es algo lejano.

En un hotelucho conoce a otros sujetos igualmente disminuidos por su condición de marginados sociales. Ella es joven y madre soltera, abusada emocionalmente por un viejo más bien chiflado, obligada a la prostitución para rentabilidad del viejo que la explota.

De manera significativa, ella se llama Soledad. El viejo se llama Chico. Con este trío y algunos personajes secundarios (sin que haya subtramas enriquecedoras), se establece el núcleo argumental de Puerto Padre .

Tenemos, pues, un acercamiento a lo que el teórico Geoge Luckás define en sus estudios sobre el realismo: es la historia donde un sujeto degradado en un mundo igual degradado localiza el problema medular e intenta una ruptura con ese contexto. Ante eso, el determinismo es apabullante.

En Puerto Padre , lo malo es que esta historia está narrada con poco ímpetu. El propio guion se queda corto en posibilidades, lo que se agrava con un tratamiento del tema más bien superficial, anecdótico y hasta melodramático.

Curiosamente, fue Andréi Tarkovski quien escribió, en su ensayo titulado Esculpir en el tiempo , que el realismo es inclinarse hacia la verdad y que la verdad siempre es bella. A Gustavo Fallas hemos de aplaudirle este objetivo con Puerto Padre (su compromiso), pero le faltó brío o temple dramático para ahondar el dedo en la llaga.

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Por ahí, el filme carece de dinamismo dramático. En sí mismo, este filme no contiene importantes “nudos narrativos” capaces de abrirle expectativas al relato.

La sensación es que la trama se agota durante ciertos lapsos. La música y la fotografía ayudan poco. Las actuaciones son deficientes y, en el caso de Gabriel Retes, es tan mala que más bien resulta estorbosa (¡fatal!). Jason Pérez es del todo inexpresivo y Adriana Álvarez queda debiendo según su probada capacidad.

Funcionan bien algunos secundarios, pero no lo suficiente como para salvar al filme de su desgaste interno. La película tampoco crea una atmósfera significante que le dé sentido emocional al minimalismo de la trama. Gustavo Fallas lo intenta, pero le falta esencia, aunque no sinceridad.

Lo otro, de cómo esta película ganó el Festival Internacional de Cine recién terminado en San José, de eso mejor ni hablemos.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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