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Los salmos profanos: una oración por Leonard Cohen

Actualizado el 13 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

En medio de días grises por la realidad, incluso en su muerte el gran artista canadiense supo iluminar los rincones más oscuros del planeta

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Los salmos profanos: una oración por Leonard Cohen

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El músico y poeta canadiense Leonard Cohen nació el 21 de septiembre de 1934 en Westmount, Montreal, al calor de una familia judía de clase media. (AFP)

Querido L. Cohen:

Son las 8 de la noche, a finales de octubre. He intentado escribir sobre vos muchas veces. Desde hace años lo siento como una deuda pendiente. Alguna pobre traducción, alguna nota, alguna alabanza vergonzante. Pero del prometido y postergado homenaje... nada. Y lo peor es que ni tan siquiera he sido capaz de comenzar. ¿Qué podría decir sobre alguien que ha sido tocado por la gracia? Lo pienso y descubro que no sé cómo hacerlo. Puede ser mera incapacidad. Quizá miedo de no ser justo o de exagerar. Quizá algo más profundo. Un miedo atávico, como si tuviese que descifrar los salmos perdidos del rey David…

Empecé a escribir esta carta luego de varios días escuchando como un mantra You Want It Darker , el último álbum de estudio del maestro canadiense. Era tan solo una excusa para olvidar una deuda para un padre. Hoy no tengo más excusas. Ese padre se ha ido y solo espero que la obligación se convierta en canto: Leonard Cohen –el portador de la tristeza más luminosa– ha muerto.

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El crítico Harold Bloom dedicó todo un libro a preguntarse dónde se encuentra la sabiduría. La única respuesta posible que se me ocurre sería decirle que se encuentra en las canciones de Leonard Cohen, las más hermosas de la poesía y de la música popular.

Los poemas y la voz de Cohen anuncian un reino perdido y uno por venir. Penetrar en sus canciones es como intentar leer las sagradas escrituras en un idioma antiguo que no se comprende, pero cuya melodía nos seduce.

Su muerte duele, pero no hay pérdida porque nada es inevitable y para eso está el arte, para hacernos creer en la belleza. En este álbum, canta: "Heneni, heneni. / I'm ready, my Lord" ["Estoy listo, mi señor"] (las traducciones al español son mías). Cohen sabía que se estaba marchando y mientras tanto nos preparaba una última ofrenda: eso se llama iluminación.

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Los salmos profanos: una oración por Leonard Cohen

Un viaje hasta el mar Egeo

Cohen nació en Westmount, Montreal, en 1934, es decir, antes que Elvis Presley, contemporáneo a la vez de Frank Sinatra y de Bob Dylan.

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En 1956 debutó con su poemario Let Us Compare Mythologies ; es decir, al mismo tiempo que Presley iniciaba su ascenso. El libro contiene un texto que cuenta acerca de un hombre cuya voz provoca que las mujeres se rindan a sus pies, y de quien narra la historia, asustado, porque mientras está con su pareja escucha a ese hombre aclararse la voz. El poema profetiza la carrera de Cohen y lo convierte en un personaje consciente de su capacidad para seducir. ¿Qué duda cabe de que ese hombre de voz grave que hechiza es él mismo?

Durante los siguientes 10 años continuó su carrera literaria, con tres volúmenes más de poesía (entre ellos Flowers for Hitler, 1964) y sus dos únicas novelas: The Favourite Game (1963) y Beautiful Losers (1964); en la misma época en que Bob Dylan y The Beatles lo conquistaban todo.

A inicios de los años 60, Cohen vive austeramente en la isla de Hidra (Grecia), al lado de Marianne Ihlen y su hijo. A ella le dedicará So Long, Marianne (1967), una de sus canciones convertida en leyenda: "We met when we were almost young, / deep in the green lilac park. / You held on to me like I was a crucifix, / as we went kneeling through the dark. // Oh, so long, Marianne, / it's time that we began / to laugh and cry and cry and laugh / about it all again" [Nos conocimos cuando éramos casi jóvenes, / en lo profundo de un parque de lilas. / Te aferraste a mí como si yo fuera un crucifijo, / mientras nos arrastrábamos por la oscuridad. // Hasta pronto, Marianne, / es hora de que empecemos / a reír y a llorar y a llorar y a reír / por todo eso una vez más]. Marianne murió también este 2016, ya no estaban juntos y, aunque Cohen tuvo varias parejas después de ella, uno se imagina que la muerte de Ihlen acelera la suya propia. Se cierra un ciclo, se concreta un reencuentro. Cuando se enteró de que Marianne estaba enferma, le envió una sentida carta que le dio la vuelta al mundo.

Los 60 lo encuentran con una promisoria carrera literaria pero pocos medios de subsistencia. Toma su guitarra, vence el pánico escénico y se lanza al mundo de la canción. En 1967 ve la luz su primer disco, Songs of Leonard Cohen , que incluye otro de sus clásicos, Suzanne , una mezcla entre lo sagrado y lo profano, entre el imaginario judeocristiano y el erotismo, como una “llama doble”.

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Suzanne es el deseo, una mujer libre que evoca en su amante la figura del redentor: "And Jesus was a sailor / when he walked upon the water, / and he spent a long time watching / from his lonely wooden tower, / and when he knew for certain / only drowning men could see him, / he said: 'All men will be sailors then / until the sea shall free them'. / But he himself was broken, / long before the sky would open. / Forsaken, almost human, he sank / beneath your wisdom like a stone" [Y Jesús fue un marinero / cuando caminó sobre las aguas, / y pasó mucho tiempo vigilando / desde su solitaria torre de madera, / y cuando estuvo seguro / de que solo los ahogados podían verlo / les dijo: 'Entonces todos los hombres serán marineros / hasta que el mar los libere'. / Pero él mismo estaba desecho, / mucho antes de que el cielo se abriera. / Olvidado, casi humano, / se hundió en tu sabiduría como una piedra.

Luego de Songs From a Room y la canción Bird on a Wire (1969), a los 35 años, la carrera de Cohen se dividirá entre álbumes y libros. Cuatro poemarios, como El libro de la misericordia (1984) o El libro del anhelo (2006), entre otros (sin contar varias antologías) completarán su obra estrictamente literaria. Y aunque nunca fue una estrella pop en sentido convencional, se convertirá en una figura de culto y el reconocimiento le llegará en diversas formas, como el otorgamiento del Premio Príncipe de Asturias de Literatura 2011. Hoy, compositores como Irving Berlin o Bob Dylan deberán sentarse a su diestra.

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Un salmista moderno

Como un templo, las columnas sobre las que se yergue la obra de Cohen son la tradición judeocristiana, el paisaje bíblico, por un lado, y el erotismo y las reflexiones existenciales, por otro. Las primeras columnas aportan el conocimiento, los símbolos y la serenidad de una intensa vida espiritual; las segundas, el gesto irónico, el cuerpo, el dardo en la conciencia. Una erótica religiosa, una política del amor.

En la década de los años 70, Cohen produce cuatro álbumes. El más célebre, Songs of Love and Hate (1971), incluye Famous Blue Raincoat , una canción fabulosa sobre el amor y la fidelidad, aunque es devastadora: "If you ever come by here, / for Jane or for me, / well, your enemy is sleeping, / and his woman is free. // Yes, and thanks, for the trouble / you took from her eyes, / I thought it was there for good / so I never tried. // And Jane came by with a lock of your hair, / she said that you gave it to her / that night that you planned to go clear". [Si alguna vez venís, / sea por Jean o por mí, / bueno, pues tu enemigo está durmiendo / y su mujer es libre. // Sí, y gracias por el problema / que borraste de sus ojos. / Pensé que estaba ahí para bien / así que nunca lo intenté. // Y Jane vino con un mechón de tu cabello. / Dijo que vos se lo entregaste / la noche en que planeabas quitarte de en medio].

En 1974 sigue el disco New Skin For The Old Ceremony , y, en 1977, Cohen se junta nada más y nada menos que con Phil Spector, el mítico creador del muro de sonido. El álbum Death of a Ladies' Man –criticado por el estilo doo wop de los años 50– resulta ser un odisea rocambolesca que incluye armas y guardaespaldas, como todos los affaires de Spector, quien termina secuestrando las cintas y mezclando el disco con las tomas de prueba de Leonard. Para muchos críticos, el disco es una anomalía en la carrera de Cohen, por sus canciones estilo doo wop de los años 50, pero es de los más entretenidos y refrescantes, especialmente por Memories: "Ah, but no, you cannot see, she said; / no, you cannot see / my naked body" [Ah, pero no, vos no podrás ver, dijo ella; no, vos no podrás ver / mi cuerpo desnudo].

Ahí se topan los cantantes folk y la generación beat , y aunque esta comprende sobre todo autores estadounidenses, Cohen calza a la perfección. Recordemos que los tres libros más importantes de este grupo se publican entre 1956 y 1959 ( Howl , The Naked Lunch y On the Road ). Howl , de Ginsberg, es de 1956, igual que el primer poemario de Cohen. Veinte años después, Ginsberg y Dylan pasan por el estudio y Spector los “encierra” en la cabina junto con Cohen para que graben los coros del tema Don’t Go Home with Your Hard-On .

La resaca por grabar con Spector fue dura. Cohen retorna en 1979 a su estilo más folk , con Recent Songs , dispuesto a reinventarse: "I came so far for beauty, / I left so much behind. / My patience and my family, / my masterpiece unsigned" [Vine de lejos por la belleza, / dejé muchas cosas atrás. / Mi paciencia y mi familia, / mi obra maestra sin firmar].

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Para 1984 empieza a utilizar otros instrumentos y sustituye la guitarra acústica por un simple teclado Casio, que se escucha en el tema Dance Me to the End of Love . Ese sonido sintetizado marcará el álbum I’m Your Man (1988), que contiene el tema homónimo, así como Everybody Knows y Take This Waltz , este último con letra basada en una versión al inglés de Pequeño vals vienés , de Federico García Lorca (la hija de Cohen se llama Lorca, producto de la admiración de su padre por el poeta español).

En el 1991 llega The Future , uno de sus discos más destacados, que comienza con la visión apocalíptica de un dictador: "Give me crack and anal sex, / take the only tree that's left / and stuff it up the hole / in your culture. // Give me back the Berlin Wall, / give me Stalin and St Paul. / I've seen the future, brother: / it is murder" [Denme crack y sexo anal, / corten el último árbol que queda / y métanselo en el culo / a su cultura. // Devuélvanme el muro de Berlín, / a Stalin y a san Pablo. / Hermano, he visto el futuro: es un asesinato].

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Los salmos profanos: una oración por Leonard Cohen

Cohen sale de gira, se suceden los homenajes de parte de otros músicos y sus canciones son moneda común en películas, como Natural Born Killers (1994), de Oliver Stone. La estrella supera más de tres décadas de actividad y está en lo mejor de su carrera, pero a mediados de los noventa se recluye en un monasterio budista en Los Ángeles, hasta convertirse en el monje Jikan (Silencio).

Retirado del monasterio se alía con Sharon Robinson para el disco Ten New Songs (2001). Luego vendría Dear Heather (2004), donde destaca la colaboración con su pareja Anjani Thomas, también cantante y compositora. Allí graba Because of , que podría ser una continuación de aquel poema de 1956: "They make a secret place / in their busy lives / and they take me there. / They become naked / in their different ways / and they say: 'Look at me, Leonard, / look at me one last time'./ Then they bend over the bed / and cover me up / like a baby that is shivering" [Ellas guardan un lugar secreto / en sus ocupadas vidas / y me llevan a él. / Luego se desnudan, / cada una a su manera, / y me dicen: / 'Leonard, mirame, / mirame por última vez'. / Entonces se inclinan sobre la cama / y me cobijan / como a un bebé que tirita de frío].

En el 2005, Cohen se descubre estafado por su mánager y en bancarrota. En el 2008 inicia una exitosa gira que le permite sobrevivir nuevamente. Por último, nos regala una trilogía de despedida. Así verían la luz Old Ideas (2012) y Popular Problems (2014), en los que colabora el productor Patrick Leonard. Luego, You Want It Darker (2016), producido por su hijo, el cantante Adam Cohen, quien creó un estudio en la casa de Leonard, donde colocó una silla especial con un micrófono para que este pudiese cantar, pues le resultaba muy difícil desplazarse debido a su delicado estado de salud.

Las canciones de Cohen se apegan a lo esencial; sus notas son básicas, sus melodías nacen de un pozo profundo y son la voz de todos los amantes que sobre la tierra han existido. Cada pieza en su universo compositivo es un cimiento, la fundación de un orden cósmico, la revelación de “un acorde secreto”, transmitido de generación en generación: la clave del Edén y la libertad de la caída.

Retirándose de la mesa

En recientes semanas, en sus últimas entrevistas, se refiere a su “espiritualidad” como una forma de vida, en lugar de una creencia. Había crecido con un imaginario religioso que se convertiría en materia fértil. De ahí esa dicotomía entre sus poemas como oraciones y herejías, como cantos de obediencia y cantos profanos, las oraciones ascéticas de un monje y las hedonistas de un amante. El susurro de sus palabras nos devuelve a los cantos originales, al rumor primigenio, al sentimiento oceánico intuido por Freud.

En aquel 1984, Cohen rezaba: "If it be your will / that I speak no more [...] I shall abide until / I am spoken for" [Si es tu voluntad / que yo no hable más (...) me someteré / hasta que se me ordene hablar]. Ese año nos presentó la voz grave y solemne por la que muchos lo empezaron a conocer, con canciones como Hallelujah, que se ha convertido en un fenómeno de masas, gracias al cover de Jeff Buckley (1994), a la banda sonora de la película Shrek (2001) y a la infinidad de versiones que se han grabado en múltiples shows de talentos televisados. Se sometía Cohen a la voluntad de un poder superior, del cual descreía y, quizá por eso, a la vez lo veneraba, como si de la más profunda desolación y del más hondo pesimismo solo pudiera brotar esperanza.

Cohen supo como pocos encontrar un puente entre lo celestial y lo mundano. Hoy nos dice: "Steer your way through the ruins / of the Altar and the mall" [Abrite camino entre las ruinas del altar y del centro comercial]. En Treaty expresa su deseo de que entre su dios y él hubiese podido existir un pacto. Todos presentimos lo que viene porque aún creemos que la poesía es la voz de la verdad. Cohen se despide, nos confiesa que está preparado, luego bromea: signo inequívoco de que el final se acerca.

Luego del anuncio de su muerte, el escritor mexicano Antonio Ortuño tuiteaba: “No sobreestimo a Leonard Cohen. Solo opino que deberían poner sus poemas en la Biblia, junto a los Salmos”. Y yo que pensé estar exagerando un poco al llamarlo “Dios”.

… Y soy yo quien ahora debe terminar, y aquí está, otra alabanza hiperbólica, otra forma de evadir el compromiso. Pero ¿qué hacer? Nos enseñaste la muerte y la alegría. ¿Cómo podría yo entonces expresar lo inefable? Sé que todo esto te tiene sin cuidado, por eso humilde agradezco tu paciencia. Te lo suplico, dejame pensar un poco más, dejame escoger las palabras de mi oración con cuidado, igual que lo hacías vos con las tuyas. Hacé un pacto conmigo y no te preocupés, Leonard, aún hay tiempo, para vos y para mí. Aquí estamos, “esperando el milagro”. Hágase pues tu voluntad.

Sincerely,

G. Solórzano-Alfaro

Alajuela, 11 de noviembre de 2016

(cuatro días después de Cohen)

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