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Mujeres cineastas: del murmullo al grito

Actualizado el 09 de abril de 2017 a las 12:00 am

El cine ha revalorizado la trascendencia de las mujeres en ámbitos dentro del género distintos a la actuación.

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Vera Chytilová fue censurada y se le prohibió hacer cine durante la década de los años 70. Foto: cortesía de Preámbulo.

El cine, como la mayoría de las manifestaciones profesionales y creativas, ha sido un espacio dominado por la presencia masculina, hasta fechas recientes.

No obstante, al igual que en otros ámbitos, distintas investigaciones recientes en el medio cinematográfico han venido revalorizando la presencia y trascendencia de figuras femeninas, no solo en los conocidos espacios de la actuación, sino también como realizadoras, guionistas, productoras, montajistas, fotógrafas, etc.

Por eso, es sorprendente constatar que, en 1896, la directora cinematográfica Alice Guy (1873-1968) hizo la primera película: El hada de las coles ; sin embargo, su aporte ha sido invisibilizado.

A pesar de los escasos apoyos que tuvo y los condicionamientos que enfrentó, fue pionera, junto a los Lumieré, Méliès o Griffith, en las experimentaciones iniciales con la narrativa fílmica, los planos expresivos de la imagen, la generación de efectos especiales y sonoros. Incluso, abrió camino en la producción, pues tuvo su empresa donde realizó casi 1.000 películas a lo largo de su extensa aunque fantasmal trayectoria.

El caso de esta talentosa profesional no es excepcional, pues igualmente se han venido descubriendo una buena cantidad de mujeres en diversos ámbitos del cine, que habían sido relegadas del discurso histórico dominante. De tal modo, guionistas como Anna Loos, que trabajó con Griffith y otros importantes realizadores, o Frances Marion, primera mujer en obtener un Óscar, en 1930, o cineastas, guionistas y actrices como Lois Weber, Dorothy Arzner o Idea Lupino, que destacaron por los polémicos temas femeninos que abordaron en algunos de sus filmes, y que hoy están siendo rescatadas por los nuevos relatos de la historia del cine.

Otros nombres de mujeres en esas primeras décadas del cine son más conocidos, como la alemana Lotte Reiniger, creadora del largometraje animado más antiguo que se conserva ( Las aventuras del príncipe Achmed , 1926), o la excelente documentalista y fotógrafa Leni Reifenstahl, realizadora de Olimpía (1936); empero, ella puso su extraordinario talento al servicio de Adolf Hitler y los nazis.

A ellas se unen inquietas cineastas experimentales como la ucraniana Maya Deren o creadoras que trabajaron la temática lésbica en los años 50, como la francesa Jacqueline Audry.

En la película Las margaritas , | DOS SEDUCTORAS MUJERES VIVEN SIN PREJUICIOS. FOTO: PREÁMBULO.

Potentes continuadoras

Por medio del ciclo Preámbulo , el Centro de Cine ha programado durante marzo y abril un ciclo dedicado exclusivamente a estos temas, como parte de una estrategia de visibilización del cine hecho por mujeres y que trata problemáticas femeninas, con importantes realizadoras posteriores a la década de los años 50. También se unen proyecciones de cortos de ficción, documentales y experimentales de jóvenes realizadoras de Latinoamérica y el Caribe.

Entre los filmes programados se encuentra Cartas de amor (1953), de Kinuyo Tanaka, popular actriz que se convirtió en la primera cineasta japonesa y que colaboró en varias películas del reconocido Kenji Mizoguchi. A él lo contagió de una fina sensibilidad hacia lo femenino con sus actuaciones en esos filmes y la activa participación en guiones importantes en su carrera.

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También se presenta Las hermanas alemanas (1981), potente obra de Margarethe von Trotta, que se acerca a las vidas paralelas de dos mujeres que deciden caminos de reivindicación política y humana diferentes, así como las consecuencias que deben afrontar por ello.

La alemana Von Trotta ha destacado por su condición de guionista y realizadora con acercamientos biográficos a figuras femeninas trascendentes dentro de la política y el pensamiento socialista europeo, como Rosa Luxemburgo y Hannah Arendt.

Por otra parte, se exhiben filmes de las reconocidas cineastas belgas Agnès Varda y Chantal Akerman. De la primera, considerada una especie de abuela espiritual de las cineastas experimentales a partir de los años 60, se muestra la premiada Sin techo ni ley (1985), ficción con rasgos documentales que se acerca a una adolescente vagabunda que muere, y que lleva a la realizadora a exponer de manera cruda, y a la vez muy lírica, los motivos psicológicos y sociales de su marginalidad y exclusión.

De la siempre radical y sorprendente Chantal Akerman se proyecta Los encuentros de Anna (1978), metáfora en clave ficticia de la realizadora, tanto por sus inquietudes cinematográficas –la protagonista es una directora de cine, suerte de alter ego de la propia Akerman– como por sus convulsos vínculos sexuales, afectivos y humanos.

Alice Guy hizo la primera película, no es un largometraje en el sentido actual, sino que creó un trabajo con una estructura más narrativa y argumental.

El cine como (serio) divertimento

El ciclo también exhibe Las margaritas (1966), de la realizadora checa Vera Chytilová, verdadero manifiesto vanguardista repleto de desenfado y humor, hecho en medio de la compleja realidad checa de los años 60, cuando artistas de diversos ámbitos –de la literatura y el teatro, al cine y la animación– no solo realizaron experimentos sorprendentes en el ámbito estético, sino que además apostaron por renovar ideológicamente a un inquieto país que, en ese momento, se encontraba bajo el manto entre gris y rojo de la influencia soviética.

Al igual que Milos Forman en el cine –de quien fue colega–, Václav Havel en el teatro, Milan Kundera en la literatura o Jan Svankmajer en la animación stop motion , Chytilová apeló al sarcasmo y la parodia, pero también a la experimentación visual y narrativa más radicales, en un filme que bebía de las nuevas olas europeas de ese momento –sobre todo de la Nouvelle Vague francesa– para acercarse desde un juvenil universo femenino, solo aparentemente inofensivo, a la corrupción social y la censura política.

Así, en Las margaritas, dos jóvenes seductoras y sin prejuicios deciden imitar a la realidad corrupta en la que viven, obteniendo comida y bebida gratis en restaurantes y centros nocturnos al aceptar la invitación de funcionarios y empresarios mayores, a quienes, sin embargo, ridiculizan con sus comportamientos impredecibles y actitudes excéntricas.

A través de una mezcla de comedia teatral y filme slapstick , una narrativa aleatoria de bruscos cortes de edición, una rabiosa estética pop que explota colores llamativos mediante la animación y el collage dadaísta, este filme entre anarquista y surreal aparenta ser solo un ligero divertimento femenino en una época vanguardista.

Sin embargo, se convierte en una fresca y lúdica, aunque a la vez potente y sutil daga, contra la censura ideológica, la mojigatería social y la corrupción política, por medio de la insolencia, la rebeldía y el desenfado femeninos, en el complejo contexto de la Checoslovaquia de la Primavera de Praga a mediados de los años 60, luego aplastada por los tanques rusos en agosto de 1968.

No es casual, entonces, que el filme termine con una llamativa y premonitoria dedicatoria de la realizadora: “a aquellas personas que solo se indignan ante una lechuga pisoteada”.

Ciclo: Orígenes: Mujeres Cineastas

Las margaritas (1966): Domingo 9 de abril, 7 p. m.

Carta de amor (1953): Viernes 21 de abril, 7 pm

Los encuentros de Anna (1978): Sábado 22 de abril, 4 p. m.

Sin techo ni ley (1985): Jueves 27 de abril, 7 p. m.

Dónde: Centro de Cine, barrio Amón, detrás del INS. Entrada gratuita.

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