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José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

Actualizado el 05 de febrero de 2017 a las 12:00 am

Capturas reunió tres series fotográficas y 15 años de trabajo de José Alberto Hernández. La solidez y sensibilidad de la propuesta le dieron un premio nacional

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José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

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De Inventario . Puñal con empuñadura negro usado en un homicidio en 1999.

La muerte dialoga con José Alberto Hernandez desde hace casi dos décadas, o viceversa. Los resultados de esa confrontación han sido fotografías poderosas, dramáticas y profundamente sensibles, un corpus que se ha vuelto un referente para reflexionar acerca de un tema tan lleno de tabúes, morbo y lecturas sensibleras.

Su búsqueda visual acerca de la fragilidad de la vida lo ha llevado a explorar con su lente el cuerpo humano, los hospitales, los animales destazados, los restos humanos en formol, las armas involucradas en delitos, las cárceles y los reclusos.

Y lo hemos acompañado contemplando imágenes tan fuertes como el revólver apuntándonos a la cara, el cerebro junto cuerpo inerte, el feto sin vida conservado en un químico, las manos de un cirujanos hurgando en las entrañas de alguien, el enfermo anónimo en la camilla del hospital...

Él se esmera por ser prolijo en la técnica, por cuidar la imagen, por no emitir juicios, por no victimizar al ya juzgado, por no irrespetar a vivos y muertos..., y lo logra; sin embargo, su poesía visual no es menos perturbadora o angustiante.

Metáforas dramáticas

Este fotógrafo de 38 años procura no dejarnos indiferentes, no hay duda de que lo consigue.

José Alberto Hernández también es conocido por su trabajo gráfico para el medio cultural. Aquí posa en un calabozo del Cuartel Bellavista.

Cada imagen se convierte en una metáfora que cuestiona y que tratamos de responder cargándola de sentidos. De esta forma, se vuelve una obra crítica e incisiva.

Durante los últimos 15 años, la muerte lo zambulló en la historia delictiva: los objetos (armas), los sujetos (privados de libertad y los espacios (la cárcel). Tres series fotográficas y tres puntos de vista reunidos el año pasado en Capturas , que se exhibió en los calabozos del antiguo Cuartel Bellavista (Museo Nacional de Costa Rica); allí, el lugar se volvió el cuarto actor en la exposición.

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En esta exhibición dialogaban las imágenes con los viejos calabozos, la iluminación y la puesta en escena. “Fue una narrativa inédita, ya que se construyó con base en el contexto”, detalla Adriana Collado, curadora del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo y de esta exposición.

Hernández escogió ese espacio en el Museo Nacional porque quería transmitir una experiencia. Y lo consiguió. “El espacio donde ha puesto a interactuar estas tres series fotográficas no puede ser más propicio, no solo desde el aspecto museográfico, sino también por sus connotaciones metafóricas: los calabozos del antiguo Cuartel Bellavista, donde resuenan aún, entre su laberíntico recorrido, sus desdibujados grafitis, sus habitaciones diminutas y su humedad, algunos de los lejanos ecos de lo que se vivió en un pasado”, escribió Ernesto Calvo en junio.

Capturas abordó el tema de la penalización de los delitos y la relación con la fotografía. Fue una unidad de sentido con diferentes formas de llevar la foto a escena: Inventario (2005-2007), R. I. P. Retratos inconclusos policiales (2005-2011) y Gráfica el encierro (2011-2016).

Por ejemplo, Inventario juega con esa supuesta neutralidad de la fotografía como documento y como archivo, mientras que R. I. P. pone en jaque el concepto tradicional del retrato al brindar imágenes que no nos dicen nada acerca los sujetos. Gráfica del encierro , por otra parte, entrega el poder de la mirada al otro: a los privados de libertad.

Y la exhibición de polisémico título –remite a la fotografía y al lenguaje policial– conquistó el Premio Nacional de Artes Visuales Francisco Amighetti 2016 en obra bidimensional, según lo anunció la ministra de Cultura el lunes 30 de enero.

¿Las razones? Esto detalló el jurado: “Por la solidez formal y conceptual, coherencia y sensibilidad de una propuesta en la que dialogan entre sí y con el espectador tres series fotográficas (...), que reflexiona sobre las relaciones entre delito, archivo, fotografía, producción de imágenes y su (in)capacidad de retratar la violencia y la fragilidad de la vida”.

R. I. P.   “Desprendiéndose de ese rostro inevitable buscando una nueva identidad”, explica el artista.
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R. I. P. “Desprendiéndose de ese rostro inevitable buscando una nueva identidad”, explica el artista.

A Hernández, que trabaja día a día como diseñador gráfico, le complace que se galardone un proceso completo. “Mis procesos son largos, pausados, muy naturales; nunca tengo mucha prisa por exponer”, cuenta.

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El artista es metódico y meticuloso: investiga ampliamente, pide todos los permisos necesarios, se da tiempo y cuida la toma de cada imagen y su impresión final. Cada foto es muy trabajada técnicamente.

Para la curadora, el premio es un buen cierre de su proceso. “José Alberto es como esos músicos que van escribiendo partes y luego hacen una composición orquestal con muchas voces. Capturas es la orquestación de un periodo muy intenso en que trabajó la foto, la penalización de los delitos y la muerte. Es una sinfonía fotográfica en el mejor teatro que pudo tener para presentarla”.

Hernández, quien cree que la fotografía no es neutral ni objetiva ni pretende reflejar la realidad, sigue trabajando en ese archivo existencial del ser humano, de la fragilidad, que lo ha llevado por tantos caminos. Y sus respuestas ayudan a entender mejor esa mirada.

– ¿Qué tipo de mirada lo acercó a la muerte?

–Una mirada siempre inquieta, introspectiva y, sobre todo, vulnerable… Desde la fotografía he sentido necesidad de preguntar y debatir(me) sobre nuestra propia fragilidad y búsqueda de sentido, sobre las tensiones y dualidades que nos definen como seres humanos. Es un anhelo por lo intangible, con toda la imposibilidad y la contradicción que pueda significar tratarlo desde la imagen, convencido de estar generando, si se quiere, un archivo más existencial que material.

–¿Por qué le fascinó el tema de la rata y el arma, como imagen, tanto para definirla como la que desencadenó el actual trabajo?

–Hacia el 2003, cuando realicé esas secuencias fotográficas con ratas, ya había producido otras series (mataderos, hospital, quirófanos, morgue, anatomías en formol); sin embargo, fue precisamente ejecutando esa acción que me surgió la motivación por fotografiar armas, y no cualquiera, sino aquellas implicadas en delitos reales, al tiempo que me cuestionaba sobre el “deseo” por hacerlo. El resultado dio origen a Inventario y a mis memorias escritas tituladas “La presencia de la muerte tras lo fotografiado” (2005).

–Los temas que selecciona generan mucho morbo. ¿Cómo maneja esto?

–Precisamente eso es parte de nuestra naturaleza, manejamos una ambivalencia total, atracción-repulsión, las pulsiones Eros-Tánatos manifestándose frente a la imagen, en las que por ser fotografías las creemos aún más de cerca de la realidad. Estas tensiones han sido importantes en mi trabajo, forman parte de lo que quiero provocar; sin embargo, considero que en cada serie existen momentos de silencio y equilibrio, un qué dejar ver, sumado al tratamiento mismo de la imagen, para acercarnos y ser capaces de enfrentarnos a ellas e intentar mirar más allá.

La mirada de otro. Una de las fotos de un recluso en  Gráfica del encierro .
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La mirada de otro. Una de las fotos de un recluso en Gráfica del encierro .

–Es claro que las tres partes de Capturas se abordan desde diferentes puntos de vista. ¿Por qué optó por un título más genérico? Usualmente los títulos de sus exposiciones y/o series tienen múltiples lecturas.

–No me molestan los títulos genéricos, siempre y cuando puedan ser ambiguos. La policía y la fotografía, curiosamente, se constituyen a partir de aplicar el mismo lenguaje: apuntan, disparan, atrapan, capturan, revelan, evidencian, prueban y velan.

–Después de tantos años como voyerista en espacios de acceso restringido para la mayoría, ¿qué le han dejado esas experiencias? ¿Cuáles son esas certezas y preguntas resultantes tras las series de fotografías?

–A través de la cámara he ampliado los horizontes de mis vivencias. Estar presente como individuo en cada lugar o situación fotografiada me ha enseñado a tomar decisiones que, aunque en principio provengan de procedimientos planificados, también lleven una parte sustancial de espontaneidad, del sentir particular de la ocasión, dejando fluir así el desarrollo y evolución de cada proceso.

”No he tenido una preocupación por encontrar certezas, ni siquiera he tratado de buscarlas, han podido más las preguntas acerca de la (im)posibilidad de la fotografía para referirse a la fragilidad, la violencia, la vida o la muerte, el cómo hemos asumido ese tipo de representaciones a través de la historia, sus matices y ambivalente goce estético”.

–¿Qué relaciones y complicidades se dan entre su fotografía y trabajo gráfico?

–Ambos procuran no dejarte indiferente. Mi experiencia creativa la he vivido intensamente en ambas líneas, y ninguna es más importante que la otra. Comparten el hecho de que me comprometo e involucro con los procesos de trabajo a seguir para lograr los objetivos propuestos, los cuales implican planificación, exploración, conocimiento de medios y recursos, además de un sentido de búsqueda y aprendizaje constante. Visualmente podrían compartir cierta necesidad de sobriedad aunado a un deseo de interpretación.

La evolución de su trabajo

José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

Cuerpos (1998)

Las primeras fotografías de José Alberto Hernández muestran cuerpos humanos en composiciones frontales y dibujos anatómicos; hay un claro referente: la fotografía médica. De aquí evolucionará a trabajar con muñecos rotos y los cuerpos de otros animales.

José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

Negra y Roja (1999)

Captura fragmentos de cadáveres de animales en carnicerías y llega a los mataderos, como “espacio paradigmático de sacrificio y consumación de la vida”. Con este trabajo (las series Negra y Roja ), el joven creador expone por primera vez en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC).

José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

Entre 4 paredes (hospitales, 2000-2001)

El envejecimiento y la enfermedad nos acercan a la muerte. Las imágenes de Hernández tomadas en el Hospital San Juan de Dios ponen en evidencia la fragilidad de la existencia. Se oculta el rostro del enfermo para que cada ser nos represente a todos.

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Conceptos vitales (2002)

La experiencia en el hospital lo condujo a hacer un trabajo exhaustivo con los cirujanos y enfermeros en los quirófanos, cuando trabajan dentro de seres humanos para tratar de prolongar su existencia. “Vivir se encuentra más que nunca en las manos de otro”, escribió el artista acerca de la serie.

José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

Ser, tiempo y espacio (2002-2003)

Estas series presentan cuerpos o partes de ellos en formaldehído. La primera revela cómo, de forma artificial, se conservan seres que vivieron poco tiempo. Son imágenes usuales en el ámbito médico o en un museo especializado; sin embargo, en el arte adquieren otras lecturas.

José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

Existencia (2002-2003)

Esta imagen se titula Cerebro y forma parte Existencia , una de las series que desarrolla al tomar fotografías dentro de la morgue. Hernández se interesó no solo en los cuerpos anónimos envueltos en sábanas blancas, sino también en el proceso de autopsia realizado por técnicos y patólogo.

José Alberto Hernández y una sinfonía visual sobre muerte y delito

Ratas (2003-2004)

Una rata muerta en una pileta de metal y un arma; el artista los puso juntos, los capturó y encontró su detonante. “Nunca antes me había atrevido a mirar en mis registros con la curiosidad del investigador delictivo... La búsqueda incluía (...) el interés próximo a fotografiar: la doblegación del cuerpo frente a esos objetos”.

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Inventario (2005-2007)

En un trabajo metódico, pausado y con los detalles técnicos cuidadosamente pensados, Hernández captura imágenes de armas y objetos relacionados en el archivo del Organismo de Investigación Judicial, con el fin de representar la muerte a través de objetos con un historial criminal.

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R. I. P. Retratos inconclusos policiales (2005-2011)

Ensayo fotográfico de 12 antirretratos. Se fotografiaron delincuentes reincidentes; son imágenes en que “no se deja ver nada ni a nadie, son fotos inútiles, desencajadas, veladas; la fotografía nos ha fallado también”.

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Gráfica del encierro (2011-2016)

Resultado de un taller con privados de libertad que impartió Hernández. El artista les dio una cámara a los reclusos para que ellos capturaran sus espacios en las fotografías. En lugar de una denuncia, se ve la cotidianidad en un centro penal.

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Doriam Díaz

ddiaz@nacion.com

Editora de Entretenimiento y Cultura

Periodista y egresada de la Maestría de Literatura de la UCR. Se especializó en la cobertura noticiosa de temas relacionados con teatro, danza, música, literatura, artes plásticas, patrimonio y arquitectura. Editora de Áncora.

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