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Sí hay iniciativas, pero aún son pocas y están dispersas

Costa Rica camina lento en atención de salud mental de adolescentes

Actualizado el 07 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

4.200 casos de depresión en 2013 de pacientes de 10 a 20 años; 10% del total

Especialistas se preocupan, pues es un periodo clave en la evolución del cerebro

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“Partimos del mito de que los jóvenes son felices, que no se deprimen, que no se enferman, pero la realidad es otra. Como país, se está muy en deuda con ellos”. Así, Johanna Arce, orientadora y coordinadora de investigaciones del Consejo de la Persona Joven (CPJ), evaluó el estado de la salud mental de los jóvenes en el país.

Arce hizo una investigación sobre la salud mental de los jóvenes con base en los resultados de la Encuesta Nacional de Juventudes , que se presentó el año pasado. Para tal estudio, se tomó en cuenta la opinión de 2.800 jóvenes de todo el país.

“La salud mental va más allá de no tener un trastorno. Tiene que ver con buena autoestima, con una adecuada construcción de relaciones interpersonales y la capacidad de enfrentarse a situaciones difíciles; pero para eso se requiere un apoyo, se necesitan espacios para el estudio, la recreación y el trabajo, en el caso de quienes son mayores de edad”, aseveró la especialista.

En el 2013, unos 4.200 jóvenes con edades entre 10 y 20 años fueron atendidos por depresión en un centro de salud (público o privado), según datos del Ministerio de Salud. Esto representa más del 10% de los casos totales del país.

Alberto Morales, director de la Clínica del Adolescente del Hospital Nacional de Niños (HNN), dijo que entre el 25% y el 30% de los casos que atienden se deben a depresión (segunda causa de consulta).

“A nosotros nos llegan los casos que ya tienen síntomas graves o que presentan ideas suicidas, pero ¿qué pasa con los que apenas comienzan o con los que están en riesgo de caer en depresión?”, preguntó Morales.

“Además, la depresión no se resuelve solo con dar una pastillita a los muchachos. Se necesita un enfoque integral con psicólogos y enfermeros, trabajo social y hasta nutrición”, añadió.

Para Morales, el joven no tiene fácil acceso en Ebáis o clínicas para que le traten la salud mental, ni suficientes espacios de recreación.

El experto agrega que, de las decenas de clínicas del adolescente que funcionaban en la década de 1980, ahora solo quedan servicios dispersos en el HNN, la Clínica Carlos Durán (San José), los hospitales Calderón Guardia, Escalante Pradilla (Pérez Zeledón), México y San Juan de Dios, la Clínica Solón Núñez (San José) y la Jiménez Núñez (Goicoechea), entre otros.

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“En muchos casos, esas clínicas no tienen tanto personal o no pueden dedicarse 100% a los adolescentes porque tienen otras tareas”, manifestó Morales.

Etapa decisiva. La adolescencia (entre los 10 y los 20 años) es una parte de la vida en la que numerosos cambios hacen que esta época sea más difícil. Las personas son entonces más susceptibles a cambios y bajonazos emocionales.

“Salud mental no es solo tratar trastornos o enfermedades; es una época en la que hay cambios hormonales y los jóvenes deben tomar decisiones trascendentales en una sociedad cada vez más exigente”, indicó Natalia Camacho, directora ejecutiva del CPJ.

Para Morales, la etapa de desarrollo cerebral en la que está el adolescente lo hace más vulnerable.

“El proceso de maduración cerebral se completa a los 24 o 25 años; antes de esto hay inestabilidades y condiciones de riesgo. Las conexiones cerebrales todavía se están especializando.

”Hay un término que se usa en este proceso: ‘poda sináptica’: es como ‘cortar ramas en las neuronas’. El número de conexiones entre las neuronas disminuye, pero las que quedan son muy especializadas. Lo malo es que la parte que tarda más en formarse es la corteza frontal, y precisamente en esa área están las funciones que se relacionan con el juicio, la planificación y el control de impulsos”, concluyó.

Para los jóvenes, no hay opciones a su medida en la mayoría de los servicios de salud.

“Hay gente que no tiene grupos de amigos y no sabe dónde acudir si sufre problemas. Hace poco, supe de un excompañero mío de colegio que se suicidó. No todos tienen dónde ir. En un Ebáis hay muchos viejillos y hay que madrugar. Un psicólogo por fuera es caro. Por eso buscan escapes que no siempre son sanos”, comentó Susana Jiménez, quien acaba de cumplir 20 años.

Nuevas iniciativas. ¿Qué hacen las autoridades de salud para remediar la situación?

Allan Rímola, director de la Secretaría de Salud Mental del Ministerio de Salud, comentó que dicho ente (creado este año) ya trabaja con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y con organizaciones no gubernamentales para dar más voz a este sector de la población y para mejorar su salud mental.

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“Debemos trabajar en esta población pues sus necesidades son muchas. Buscamos crear unidades de salud mental en los Ebáis que tengan un psicólogo, un médico, enfermería y trabajo social, en un ambiente que sea más amigable para los adolescentes”, concluyó Rímola.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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