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Jorge Rodríguez, el diputado impredecible

Actualizado el 08 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Jorge Rodríguez, el diputado impredecible

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El legislador socialcristiano Jorge Rodríguez se confiesa leal a Dios, a ‘sus’ campesinos y al presidente Solís. ARCHIVO/ CARLOS BORBÓN

En la Asamblea Legislativa lo conocen con el alias de Rata, el mismo que él usó en su campaña legislativa de 1994. Los asesores lo llaman “don Jorge”, y para las actas, es el diputado “Rodríguez Araya”, miembro (no muy dócil) de la bancada del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) por Cartago.

Este artículo se iba a basar en una entrevista con él, para conocer mejor a uno de los legisladores más resonantes del plenario, pero no se pudo.

Se le pidió la entrevista y dijo que no, que mejor espera a ver este artículo y defenderse, que está cansado de ser perseguido por la prensa, y que todo lo que quiera hablar lo dirá en el plenario, donde son frecuentes sus discursos gritados y de confrontación , con un lenguaje de campesino, dice él.

Se intentó explicarle para qué se haría la entrevista y dijo que él no es tonto, que es humilde y que no se le desdeñe. Se le señaló que el artículo iba a salir publicado y contestó más fuerte: “No me amenace” y “hablemos después del 1.° de mayo”.

Este es Jorge Rodríguez Araya, diputado que altera los decibeles de la Asamblea Legislativa y que conduce sus asuntos administrativos como segundo secretario del Directorio.

Es socialcristiano, pero advierte de que lo suyo no es una bandera: lealtad sí, con Dios, con su pueblo y también con el presidente Luis Guillermo Solís, aunque no con el PAC.

“Yo me comprometí con el señor presidente. Si mi voto sirve de algo, yo seré un soldado. Tampoco soy un incondicional, pero los diputados deberíamos confesarnos con nosotros mismos y ser amigos de nosotros, y eso es ser amigo del pueblo, y eso es ayudar al señor presidente”.

Esto, tal cual, lo había dicho en una entrevista el 27 de octubre con La Nación , con su conocido verbo enrevesado y veloz, similar al de la parodia de político del comediante Hernán Jiménez .

Bandera movediza. Rodríguez también se declara muy amigo del fundador del PUSC, Rafael Ángel Calderón, aunque ya no piensa irse de este partido, como quiso al iniciar la legislatura.

Rodríguez no es hombre de disciplinas partidarias; es más bien de instintos: por eso, sus exabruptos en público; por eso también su “corazón noble”, que le atribuyen compañeros suyos después de admitir que sí, que es algo (o bastante) impredecible.

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Son frecuentes sus críticas a los periodistas y medios de comunicación, y ha llegado a mencionar como idea que el Estado sea accionista en cada uno de estos para poder controlarlos. Eso obliga a sus compañeros a desmarcarse. “Como siempre reitero, esas posiciones de Jorge son de él. Yo no las comparto”, publicó en Twitter el legislador Humberto Vargas, este 6 de marzo.

También es susceptible. Lo sabe Marcela Guerrero, vicepresidenta legislativa, a quien Rodríguez increpó en público, el 30 de julio, por lo que sintió como un irrespeto. Así quedó en el acta :

“Y yo quiero tratarlo con usted en privado, pero si lo que quiere son misiles, comencemos porque también sé hacer oposición.

”Podré ser el tipo más humilde o que menos conocimiento tenga en esta Asamblea, podré ser el hombre que al hablar algunos puedan reírse, pero déjeme decirle que ya a mí me dejó de preocupar lo que la gente dice, lo que ahora me ocupa es lo que la gente hace. Y sus acciones son las que me molestan, no lo que se dice”.

Remató con una de sus frases clásicas alzando la voz: “Aquí ya no queda alma que condenar ni cuerpo que patear”.

¿Qué fue lo que ella le hizo la víspera? Guerrero lo explicó: “Vi que no estaba don Henry (Mora, presidente legislativo) y creí conveniente resguardar que sea el PAC el que presida. Me acerqué a él y le dije ‘con permiso’ y presidí yo. Él lo sintió distinto y, bueno, después hablamos. No volvimos a tener más discusiones.

”Lo considero un compañero con el que hay que construir. Tiene una historia de vida que lo ha marcado, que vive el momento y eso quizás no lo hace prever consecuencias (...) Es difícil de predecir”, comentó Guerrero.

Con ella coincide el jefe de la bancada del PUSC, Rafael Ortiz, a quien Rodríguez confiesa que “odiaba” hace unos meses. “Dice muy directo lo que siente. Sí se enoja mucho, pero tiene buen corazón. En su zona, la gente lo quiere; es todo un personaje”, dijo.

Es como un niño, resume Luis Vásquez, otro socialcristiano quien comparte con Rodríguez dentro del Directorio. “Creo que su niñez dura lo ha marcado”.

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El huérfano y el ratoncito. Él ha contado que fue huérfano y se crió en el hogar Ciudad de los Niños, en Cartago. Su madre le dijo que es producto de una violación y él, a los cinco años, robaba pan para subsistir, relató en noviembre en DiarioExtra.

(Este miércoles dijo en el plenario: “Es hermoso saber que soy hijo de una mujer y no soy un probeta ni producto de la fertilización in vitro (FIV) y que Dios me puso una alma”.)

A los 15 años se casó y empezó a trabajar en la Municipalidad de de Paraíso que, 40 años después, con muchos trabajos y pocos estudios, dirigió como alcalde, con una gestión astuta que le permitió volver a ser diputado, pese a varios cuestionamientos .

Sí, volver, porque él ya fue legislador con el Partido Unión Agrícola Cartaginés (PUAC), del del famoso Cachimbal, entre 1990 y 1994, en el gobierno de Calderón. Para ello, usó un eslogan popular: “No meta la pata; vote por Rata”. Parecía un mal apodo para un político, pero igual ganó.

Dice haber superado al que cree que fue su papá, un diputado de Unión Nacional de 1966-1970.

Rodríguez no se cansa de recordar su pasado conmovedor. Es parte de su discurso en paralelo a su forma política a ras de piso, sin altos vuelos y con apelaciones populares. “Mis campesinos” dice para aludir a los cartagineses.

“Yo soy la voz de mi pueblo, yo no soy yo”, manifestó en el programa de radio La hora que ortiga , dirigido por el legislador Rolando González y el exministro de Comunicación Carlos Roverssi, ambos liberacionistas.

Ahí también relató que lo desconcierta su partido, que el puesto en el Directorio fue “como un regalo de Navidad” y que es posible, por qué no, lanzarse por la Presidencia de la República.

Sería el candidato presidencial Rata. Es el apodo que le pusieron –recordó el 27 de octubre– porque de pequeño se vestía de ratoncito en la Ciudad de los Niños, pero después creció y le dijeron Ratón y luego creció más y así lo llaman ahora. Solo permite que le digan así los amigos, sostiene.

De momento, aspira a aplicar su habilidad de político de tradición, en la línea del mandatario Solís, a quien defendió con fiereza al debatir el Presupuesto 2015.

“Conmigo ha sido excepcionalmente leal”, señaló Henry Mora, presidente legislativo, quien aspira a reelegirse el 1.° de mayo. Tal vez después, Rodríguez vuelva a dar una entrevista. Colaboró Aarón Sequeira

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