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Ottón Solís, el extraño y delicado dilema del candidato del PAC

Actualizado el 31 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Ottón Solís, el extraño y delicado dilema del candidato del PAC

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Luis Guillermo Solís y Ottón Solís coincidieron en la Asamblea Nacional del PAC, celebrada en octubre de 2012. | ARCHIVO

A las 5 de la tarde del jueves 22 de agosto, estaba la dirigencia política del Partido Acción Ciudadana (PAC) reunida en su sede, en barrio La Granja, San José.

A 400 metros de ahí, el excandidato y fundador del Partido, Ottón Solís, hacía tareas domésticas en buzo y con unas tenis embarrialadas. También leía cosas de política y comentaba en su Facebook algo contra Johnny Araya , el rival.

Así recibió a este periodista, sabiendo que el tema era ¿qué función tendrá en esta campaña electoral con Luis Guillermo Solís como candidato presidencial?

La respuesta no la da con claridad. El excandidato, la mayor figura política del segundo partido del país, dice que evaluará cualquier propuesta que le haga su sucesor.

El sucesor, no obstante, no está seguro de dónde ponerlo a trabajar. Mucho menos está seguro de complacer a un grupo que le pidió llevarlo de candidato a diputado.

El candidato es politólogo y acostumbrado a analizar los pasos de los políticos. Ahora, sin embargo, él va en esos zapatos que solía estudiar. En este caso, los pasos los da él. Está metido en un zapato.

Está midiendo cada ventaja y cada riesgo de dar a Ottón Solís un puesto prominente. Quizá la palabra correcta tampoco sea “dar”, sino “negociar” o incluso “plantear”. O “permitir”.

La cantidad de sutilezas y matices es altísima, sabiendo el candidato que Ottón Solís haría de esta campaña del PAC algo parecido a una carreta jalada por dos bueyes que no quieren ir exactamente por un camino idéntico.

En el fondo, cuesta hallar alguna diferencia, pero las hay. Un ejemplo: la política fiscal, pero, además, el PAC es un partido que hizo que los temas de forma acabaran siendo sustanciales. El fundador del PAC es tan fundamentalista con la austeridad como lo era cuando se lanzó por primera vez, para el 2002.

Eso choca con la flexibilidad que pretende una creciente tendencia dentro del Partido que apoya a Luis Guillermo Solís y que rechaza volver a entregar poder formal al fundador. El candidato lo sabe y lo dijo: “puede provocar divisiones”.

“Todas las decisiones de puestos de relevancia en la campaña deben sumar, no pueden restar y jamás pueden dividir”, resumió Luis Guillermo Solís después de responder lo políticamente correcto sobre qué espera de su antecesor: “Estoy tomando el tiempo razonable para decidirlo”.

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Peso político y equilibrio. Esa decisión no es de “sí” o “no”. La presencia de Ottón Solís en una lista de candidatos a diputados o un puesto de mando en la campaña desarmaría otros equilibrios que está labrando Luis Guillermo Solís en un partido agrietado.

El candidato tiene en sus manos un “cubo de Rubik”; cada decisión altera otros sectores ya emparejados. Poner a Ottón Solís a encabezar una papeleta no es lo mismo que llevarlo de segundo. Si se integra él, otros no querrán o no podrán.

“Esto es un juego de ajedrez. Una ficha, por más importante que sea, no tiene valor en sí misma. Hay que ver nombres, procedencias, género, por decir solo algunas consideraciones”, dijo el candidato.

El problema para el PAC es que el ajedrez no es un juego de velocidades. Lleva tiempo y tiempo es lo que le falta al Partido, que hace cuatro años, a estas alturas, tenía ya ratificadas sus listas diputadiles y ahora tienen abierto el dilema. “El PAC en esta ocasión ha llevado las cosas con calma”, dijo Ottón Solís como queriendo decir “lentitud”.

Juan Carlos Mendoza, el diputado y exprecandidato, es uno de los interlocutores necesarios. Maneja una parte de la dirigencia crítica de Ottón Solís y quedó a solo 113 votos de ser el candidato en la convención realizada en julio.

Contrapeso. Ahora evita criticar al excandidato, pero sus respuestas son ásperas. Cuando se le preguntó si apoyaría una papeleta diputadil con Ottón Solís, su respuesta fue: “eso no me corresponde decidirlo a mí”. Y cuando se le repreguntó, dejó la cosas más claras: “voy a votar por la papeleta del PAC independientemente de quién vaya ahí”.

Se le insistió y dijo que prefería no dar su opinión. “Lo que está claro es que solo se debe abrir espacio a quien tenga la voluntad”, señaló.

¿Tiene Ottón Solís voluntad de participar en esta campaña? En principio sí. Él es un político crónico y tampoco quiere dejar el Partido a expensas de los reformistas, aunque aún no ha descartado la posibilidad de ir a dar clases a Estados Unidos en enero y febrero, en lo más caliente de la campaña.

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“Mi pelea es mi pelea. No voy a parar nunca”, expresó. Su pelea es por un PAC austero en extremo, diputados con el mínimo de asesores, que se autolimite en el uso de la deuda política, que evite el obstruccionismo legislativo y que no se alíe con “gente corrupta”.

Esta fue la crítica suya en el 2011, cuando el PAC se alió con el Partido Unidad Social Cristiana y el Movimiento Libertario para formar la alianza parlamentaria y obtener para Juan Carlos Mendoza la presidencia del Congreso.

Las palabras de Solís parecen críticas solapadas a intenciones o actos de algunos diputados actuales y a parte de la dirigencia, por ejemplo, que en el 2010 decidió permitir en el Reglamento interno el uso de toda la deuda política establecida en la ley.

“Ahora Liberación Nacional tiene en sus estatutos algo que el PAC tenía y que lo hizo exitoso, pero que ahora no tenemos”, añadió.

En resumen: Ottón Solís no está cómodo con el PAC ahora y tampoco pretende disimular. O no sabe disimular. ¿Querrá Luis Guillermo Solís dar poder en la campaña a una voz autocrítica e inaceptable para una parte de la agrupación?

478.000 votos... Eso es lo que está midiendo el candidato, consciente de que también habría algunas ventajas.

El excandidato es la figura más conocida del PAC. En el 2006 estuvo a solo 18.000 votos de ser presidente contra Óscar Arias, pues obtuvo el apoyo de 646.400 de votantes, aunque en el 2010 cayó a 479.000, por debajo de la candidata verdiblanca, Laura Chinchilla.

Aunque despierta también el desprecio de un sector de la población, es una voz respetada en el debate político. Para muestra: la reciente discusión sobre Recope y el plan de nueva refinería con China.

“Él aporta mucho al debate nacional y al Partido. Tiene potencial electoral. Preguntarse por las desventajas, sería como preguntarse qué desventajas tiene tener a Messi en una selección de fútbol”, expresó Epsy Campbell, la exprecandidata que, sin lograrlo del todo, trató de captar apoyo del “ottonismo”.

Entonces, ¿aprovechará Solís el arrastre electoral del excandidato y la posibilidad de ufanarse de llevar como candidato a diputado a una figura de peso excepcional?

El mismo Ottón Solís parece dudarlo. Dice que evaluará cualquier oferta que le haga el candidato, pero recuerda que ya Luis Guillermo Solís se opuso a que él ocupara la presidencia del PAC, en abril. “No me quiso de presidente”.

Sí deja claro que, en cualquier caso, el poder y la responsabilidad la debe tener Luis Guillermo Solís. “Él es el candidato, la principal voz del PAC y el responsable estelar del devenir del Partido”, escribió en un artículo en el que prometió apoyarlo “aun si opta por la ratificación de los preocupantes cambios que se han hecho en el PAC”. Está claro, hay que cosas que le preocupan y que no dejará de criticar nunca.

El candidato Solís lo conoce bien y sabe cómo andan las fuerzas internas. Tiene cinco semanas para tomar decisiones y someterlas a la asamblea definitiva del 28 de setiembre. Antes hay otra asamblea, cerca de la casa de Ottón Solís, pero él prefiere ausentarse.

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