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En La Embajada, el debate se vivió con ‘birras’ y desconfianza

Actualizado el 28 de enero de 2014 a las 12:00 am

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En La Embajada, el debate se vivió con ‘birras’ y desconfianza

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Villalta lanza la primera pregunta de la noche contra Araya. En la barra del bar, un hombre de barba gris y chaqueta de mezclilla, fija su mirada en el televisor, frunce el ceño, queda congelado. El liberacionista responde. El sujeto de la barra no gesticula, en cámara lenta toma la Pilsen con su mano derecha y se la lleva a la boca, da un sorbo moderado y vuelve a poner la botella en su lugar.

En el bar La Embajada, bautizado así por su cercanía con la antigua embajada estadounidense, todas las noches se ponen las noticias, pero ayer Repretel sorprendió a los comensales con el último debate presidencial.

Los cinco televisores del local, ubicado en la avenida primera de San José, sintonizan el show político, como dijo Marjorie Ramírez, una cliente frecuente: “Un bochinche es lo que hacen. ¿Cómo le van a dar ganas de votar a uno?”, dice refiriéndose a las acusaciones y pintorescos comentarios que ha caracterizado buena parte de la campaña electoral.

Entre las birras , las bocas de costilla y yuca frita , y los enfiestados pasados de tragos, se conversó, al menos, por unos minutos de política. Alguien defendió a Villalta, dijo que lo de comunista era una mentira para provocar miedo; otro hizo una broma de Araya; uno más dijo que Otto Guevara era un liberal. ¿Qué es ser liberal? preguntó una voz que no fue escuchada y hasta hubo quien se mostró extrañado de que no estuviera “el ciego”, en alusión al candidato del PASE, Óscar López .

“En el bar de lo que más se habla,  son de las cosas  prohibidas: religión, fútbol y política”, mencionó el salonero del bar La Embajada,  Rolando Barrantes.  | JONATHAN JIMÉNEZ PARA LN
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“En el bar de lo que más se habla, son de las cosas prohibidas: religión, fútbol y política”, mencionó el salonero del bar La Embajada, Rolando Barrantes. | JONATHAN JIMÉNEZ PARA LN
Por un momento el debate atrapó la atención de los clientes de La Embajada... dos músicos ingresaron al local, uno llevaba unas maracas, el otro una guitarra, pero, al sentirse invisibles, se marcharon sin ni siquiera desenfundar sus instrumentos.

Los rostros de la clientela fueron de interés, un interés marcado por la desconfianza, escuchaban como quien escucha a un vendedor que ofrece una pomada milagrosa.

Con el paso del tiempo, las discusiones del debate pasaron a un segundo plano y, en instantes ,se volvieron ruido, al que nadie prestaba atención...

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