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Jazmín y Laura: la historia de dos mujeres casadas

Actualizado el 15 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

Dos mujeres, Jazmín y Laura, pudieron casarse por un error registral. Afrontan posibles sanciones, pero para Laura Flórez-Estrada y Jazmín Elizondo, el valor de su gesto superará los obstáculos legales al matrimonio igualitario en Costa Rica

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Jazmín y Laura: la historia de dos mujeres casadas

La tarde de este miércoles, en un restaurante de barrio Escalante, Jazmín Elizondo revisaba noticias sobre su matrimonio con Laura Flórez-Estrada en un sitio de noticias sobre diversidad sexual en inglés.

La boda de Lalay y Jaz, como las conocen sus amigos, ha sido materia de primeras planas y discusión por una semana. Mientras la historia se desarrolla, ellas se enteran de todo por Facebook.

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Elizondo, de 24 años, es una delgada estudiante de teatro cuya voz oscila entre una suavidad distraída y una tensa firmeza. Cuando hablamos por primera vez, hace más de un mes, se percibía un poco tímida.

Tras una semana de ser citada, fotografiada y grabada por casi todos los medios del país, al contrario, habla con vigor sobre lo sucedido, la última polémica en Costa Rica sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“Fue una locura todo esto. Al principio, fue muy emocionante saber que estábamos casadas, saber que todo estaba marchando bien… De un momento a otro, el miércoles, se disparó la noticia”, comentó Elizondo.

En su cédula (y en el sitio web del Tribunal Supremo de Elecciones hasta el lunes 9), el sexo está marcado como “M” (masculino), aunque ella es mujer biológicamente y se identifica así. La noche del lunes, Elizondo consultó en línea y se percató de que ahora sí aparece registrada con sexo femenino.

¿Ha recibido alguna notificación? “Nada, pero nada. Ni una llamada. Se lo juro que lo que yo sé es lo que sabe todo el mundo por las noticias. Aquí nadie se ha acercado, nadie me ha preguntado, nada. Es rarísimo”, afirma Elizondo, visiblemente molesta por este silencio.

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La noticia.

El miércoles 4 de noviembre, al trascender la noticia de su matrimonio, docenas de periodistas se aproximaron al Árbol de Seda, el restaurante vegetariano de Lalay. Para ambas fue agotador hacer malabares entre el trabajo ajetreado de un local popular como ese y las constantes peticiones de entrevistas. “Esa tarde, el Registro Civil anunció que iba a denunciarnos y que iba a corregir el ‘error’. Nos dio mucha cólera”, recuerda Jaz.

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A las 11 p. m., agotadas, se fueron a la cama tras una reunión con activistas del Frente por los Derechos Igualitarios, una de las organizaciones que promueve la igualdad de derechos para personas no heterosexuales.

“Ese mismo día dijeron en las noticias que el lunes nos iban a llegar las notificaciones de la denuncia penal y la del cambio de sexo”, comentó Lalay, chef de 28 años. Desde entonces, esperan. Tienen listas a sus abogadas y se preparan para luchar.

Sin la denuncia notificada, no pueden proceder (el Código Penal, establece una pena de cárcel de dos a seis años a quienes contraen matrimonio a sabiendas de que existe impedimento que cause su nulidad).

“Creemos que el hecho de que las personas estuvieran conscientes de que el matrimonio era entre personas del mismo sexo amerita la denuncia, existen artículos del Código Penal que pudieron haber sido violentados”, manifestó Luis Bolaños, director del Registro, a La Nación .

El notario que registró la unión, Marco Castillo –reconocido activista del Movimiento Diversidad–, puede ser sancionado disciplinariamente con una suspensión (desde un mes hasta 10 años) y denunciado penalmente.

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El romance.

Cuando Jaz conoció a Lalay, le daba vergüenza hablarle. Elizondo proviene de una familia católica de Platanares de Pérez Zeledón, pero se mudó a San Pedro de Montes de Oca cuando empezó a estudiar artes dramáticas.

El año pasado, empezó a frecuentar el restaurante de Lalay. De familia de académicos y políticos, peruana y española, se formó en gastronomía en España. Desde hace varios años, vendía repostería en la Universidad de Costa Rica, hasta que hace poco más dos años abrió su primer local con menú principalmente vegetariano.

“No se iba del restaurante hasta que yo no saliera de la cocina”, recuerda la chef, quien bromea con frecuencia sobre esos inicios de la relación con Jaz. Su primer beso fue en el exterior de un restaurante; algo torpe, algo lindo, como todos los primeros besos.

“Me encanté con ella: con su historia, con su vida, con la inteligencia que tiene… Me fascinó. No pude despegarme. Pensaba irme para México a principio de año, a mochilear, pero me saboteaba, gastaba la plata inconscientemente”, recuerda Jaz.

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Lalay le dijo que, cuando no tuviera sitio para dormir, podía quedarse en el local, con varios cuartos libres; Jaz compartía un apartamento cerca. “¡Me pegaba unos sustos por la ventana de la cocina!”, recuerda Lalay.

Desde entonces, las dos se contaron secretos, vivieron juntas la salida del clóset de Jaz con su madre, en enero, compartieron a sus amigos, decidieron comprometerse.

La primera boda se celebró el 14 de junio. La decoración correspondía a la tierra, el agua, el fuego y el aire. No asistió ningún miembro de la familia de una de ellas. De la otra, aunque con reticencias, la madre estuvo allí y celebró con ambas.

El 28 de junio asistieron a la Marcha de la Diversidad; fue cuando les contaron a amigos el “error” en la cédula de Elizondo. “Nunca lo modifiqué, mi familia nunca lo modificó porque parecía un dato irrelevante. Como me veo como una mujer, se asume que lo soy. Legalmente, yo soy hombre”, comentó antes de que se conociera el caso. Se casaron, esta vez firmando papeles, el 25 de julio.

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Para Elizondo y Flórez-Estrada, su situación expone una situación de desigualdad que se extiende más allá del derecho al matrimonio, como la posibilidad de compartir seguro, visitas a hospitales y cárceles, propiedad...

Flórez-Estrada relató, en un estado de Facebook , cómo llamó una noche a una compañía de seguros porque tenía una póliza que cubría atención odontológica y Elizondo sufría de infección de las encías. “Preguntaron sus datos y cuál era nuestra relación. Dudé; fue un momento engorroso y tras unos segundos dije: ‘Mi pareja’. Me dijeron que el seguro únicamente cubría a mi ‘esposo’, hijos y padres”, escribió.

Si dos heterosexuales deciden casarse, puede hacerlo el día que se conocen, dicen ellas. “En cambio, nosotras, que queremos hacerlo porque nos amamos, no podemos. Obviamente, hay otras cosas que nos impulsan, como las luchas políticas –que también son amor, la verdad, porque yo creo que es amor en el sentido más amplio–”, afirma Elizondo.

Tras la noticia de su matrimonio, medios de comunicación han difundido casos similares de personas cuyo sexo asignado en la cédula no corresponde con el que se identifican. Para muchos, ha tomado años resolverlo; en el caso de Elizondo, ya se reemplazó la “M” por la “F”. Un caso sonado en redes sociales es el de Albertina Zúñiga (1943-2009), registrada como “Albertino” por error. Tuvo que acudir a la Defensoría de los Habitantes para obligar al Registro a corregirlo.

“ Toda la burocracia que hay en el país conmigo se la brincaron. ¿Por qué a mí me tratan diferente? Me están discriminando a mí y a ellos también”, dice Elizondo. El matrimonio ya no aparece en el sitio del TSE, pero anularlo es una decisión que debe tomar un juez de Familia.

“Queremos dar a conocer la injusticia, la desigualdad, y poner las cartas sobre la mesa. Esto está sucediendo aquí en el país y nadie lo ve. Si se considera ilegal, ¿por qué es ilegal?”, agrega.

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El futuro.

¿Qué pasará con el matrimonio entre personas del mismo sexo en Costa Rica? En junio, un juez de familia reconoció la primera unión de hecho homosexual del país , la de Christian Zamora y Gerald Castro (quienes han apoyado a Lalay y Jaz).

Aunque el debate se atizó nuevamente, no ha habido avance en el plano legislativo con ninguno de los proyectos de ley que pretenden reconocer estas uniones.

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Para Elizondo y Flórez-Estrada, su matrimonio confronta esta lentitud para reconocer sus “derechos humanos, civiles y sociales”. Enmarcan su matrimonio como un acto de desobediencia civil, un concepto que engloba acciones que contradicen leyes consideradas como injustas e inmorales, como lo fue la segregación racial en Estados Unidos.

¿Por qué no seguir la vía institucional? “¿Esperar por la vía legal que llegara el matrimonio igualitario? Porque yo no pensaba casarme a los 75 años. Van a poner mil recursos de amparo, mil acciones de inconstiucionalidad… Van a demorar 50 años más. Yo sí creo que cuando una ley es injusta hay que desobedecerla”, afirma Lalay.

Para los activistas por los derechos LGBTI, la espera ha sido larga, y aunque se reconoce que la discusión ha avanzado, la frustración no amaina. “Yo ya soy una persona mayor. Si no lo veo, no lo veré, pero sí sé que va a pasar”, dice Marco Castillo.

“Mientras no se reforme el reglamento de la Asamblea Legislativa, esto no va a pasar. El reglamento permite a un diputado impedir que pase una ley poniéndole las mociones que le da la gana. Justo Orozco (Renovación Costarricense, 2010-2014) puso 900. La semana pasada iban por la 700”, declaró.

La oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo no se limita a los diputados conservadores; otras figuras religiosas y diversos grupos sociales se han manifestado en contra. Incluso, personas a favor de la unión entre personas del mismo sexo han expresado su oposición al acto de Flórez-Estrada y Elizondo por su presunta ilegalidad.

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Para Jazmín Elizondo y Laura Flórez-Estrada, la vida sigue igual. Tras su compromiso simbólico (y el legal), piensan en el futuro.

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El trance ha sido agotador. “Tengo la cabeza en mil cosas. Duermo, pero no me alcanza el sueño”, confiesa Elizondo. Sus familias les han manifestado su apoyo, así como sus amigos. Lo que pueda ocurrir, aseguran, no las intimida. “Habrá mucho odio y todo lo que sea, pero creemos que vamos a hacer un cambio”, dice Lalay.

“Este país está superatrasado en derechos humanos, ¿por qué? Porque no generan lucro”, declara.

Al principio tenían miedo de que ocurriera algo en el local o que alguien las ofendiese. Aunque heridas por comentarios en sitios de noticias que informan sobre ellas, se sienten seguras por quienes las apoyan.

Mientras conversábamos, una cliente del restaurante se acercó y expresó: “¿Ustedes son las chicas casadas? ¡Felicidades! Perdón por la interrupción. Felicidades: muy valientes y, ¡gracias! Todo va a salir bien, chicas. Son muy valientes... A veces, hay que romper las cosas para que caminen”. Las dos dicen que saludos así llegan cada día desde hace una semana.

Sentadas en una de las mesas del local, posaban para más fotos, que ya no las inquietan tanto. “Véame como si me quisiera”, bromeó Jaz. “No puedo verte de otra forma”, le respondió Lalay.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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