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El yihadismo se ensañó con Mali, durante 2015

Actualizado el 10 de diciembre de 2015 a las 02:34 pm

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De los numerosos atentados yihadistas de 2015, el más preocupante fue el cometido contra el Radisson Blu, un lujoso hotel de la capital. (AFP)

Bamako

El yihadismo ha golpeado este año repetidamente a Mali, considerado el eslabón más débil en la región del Sahel y donde el acuerdo de paz firmado entre rebeldes tuaregs y el Gobierno en junio pasado no ha logrado aportar estabilidad.

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De los numerosos atentados yihadistas de 2015, el más preocupante fue el cometido contra el Radisson Blu, un lujoso hotel de la capital frecuentado por occidentales de paso en la capital; allí, el 20 de noviembre dos terroristas, tal vez con complicidad exterior, tomaron como rehenes a 170 personas y mataron a 20, de los cuales 14 eran extranjeros.

La operación de desalojo de los yihadistas duró varias horas, y finalmente la policía maliense mató a los dos asaltantes, pero para ello necesitó la ayuda de agentes franceses, llegados en misión especial desde Francia y soldados norteamericanos que se encontraban en el país.

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El atentado fue reivindicado por dos "alianzas" yihadistas, una con el Estado Islámico como protagonista y otra con al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) , esto es, los dos grupos que pugnan por el control del yihadismo en el Sahel y que tejen alianzas de conveniencia con grupos locales malienses de ideología similar.

El presidente del país, Ibrahim Bubacar Keita, con los cadáveres todavía en el lugar de los hechos, trató de minimizar la gravedad de lo sucedido diciendo que la situación era " preocupante, pero no desesperada".

"En ninguna parte del mundo estamos hoy en día al abrigo de estos bárbaros de otra época, porque Mali no es zona cerrada", argumentó.

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Pero lo cierto es que el del Radisson fue el tercer atentado perpetrado en Mali en este año contra lugares de ocio con presencia de occidentales: el 7 de agosto, en una operación prácticamente similar, el exclusivo hotel Byblos de la periferia de Mopti (centro del país) también fue asaltado por yihadistas, que en aquel caso mataron a 13 personas.

Y en marzo, un conocido restaurante y discoteca de la capital llamado La Terrace fue asaltado por enmascarados con ametralladoras que dispararon sobre los asistentes, matando a cinco personas.

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Estos atentados, siempre reivindicados por grupos yihadistas, tienen un claro sesgo antioccidental en un país en reconstrucción (tras el golpe de estado y la hecatombe de 2012) donde abundan los extranjeros militares, cooperantes y empresarios.

Pero los yihadistas no se contentan con eso, sino que con relativa frecuencia hostigan y bombardean la Misión de la ONU de estabilización en el norte de Mali (Minusma) , el cuerpo de cascos azules encargado en teoría de garantizar el orden en el norte del país y la convivencia pacífica entre las dos comunidades principales: negros y tuaregs.

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Los atentados contra la Minusma son unas veces ataques sorpresa contra convoyes de ayuda médica o humanitaria y otras son con fuego nutrido de mortero contra los cuarteles de la misión, generalmente por la noche, cuando los agentes están desprevenidos.

La Minusma ha perdido en dos años de existencia 56 agentes en actos violentos, incluyendo minas de carretera, lo que la convierte en una de las misiones más peligrosas de la ONU en el extranjero.

Además, no ha conseguido contentar a todos los actores en Mali, y desde el mismo Gobierno de Bamako se la acusa, más o menos veladamente, de condescendencia o hasta complicidad con los independentistas tuaregs que aún controlan amplias franjas del norte del país, incluyendo la importante ciudad de Kidal.

De hecho, la Minusma propició la declaración en agosto de una " zona de exclusión " en torno a Kidal en la que estaba prohibida la presencia de hombres armados, incluidos militares del Ejército regular, algo que Bamako vivió como una humillación.

La ausencia efectiva del Estado maliense de estas franjas del norte tuareg está abonando el terreno a las milicias de todo signo, que además conviven con traficantes de armas, drogas y personas, pues por Mali transitan numerosos subsaharianos de camino hacia Marruecos, y últimamente hacia Libia.

El pasado 20 de junio, los grupos armados tuaregs de casi todas las tendencias firmaron un acuerdo de paz con el Gobierno de Bamako calificado entonces de "histórico", pero las escaramuzas entre los rivales no por ello han cesado, y el norte del país sigue siendo un territorio peligroso.

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Ha sido en este río revuelto donde medran los grupos yihadistas que tratan de sembrar el terror también en África.

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