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Tricolor triunfó 1-0 en un abarrotado Estadio Cuscatlán

No podía ser de otra manera... al límite, pero se ganó

Actualizado el 13 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Con más coraje que buen futbol, la Sele triunfó en El Salvador y puso un pie en la hexagonal

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No podía ser de otra manera... al límite, pero se ganó

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San Salvador. Fiel a su estilo, el de tener a un país con los nervios de punta, la Sele venció a El Salvador y prácticamente se aseguró un boleto a la hexagonal de Concacaf .

Ahora solo falta terminar de dar el salto ante Guyana.

La Tricolor tuvo que poner más coraje que futbol para ganar, pero sinceramente en estos segundos donde la tensión apenas empieza a abandonar el cuerpo, qué más da.

Se cumplió y listo. En partidos como este, eso era lo que más importaba. Más adelante que vengan las críticas, las excusas y las promesas, bien o mal fundamentadas.

Tampoco fue que la Sele fue un desastre. Tuvo cosas muy positivas, como apegarse a un plan de juego bien diseñado por el técnico. Al menos en el primer tiempo. Al menos hasta donde se saldó la diferencia en el marcador.

Con cronómetro en mano, la Sele peloteó sin ninguna verguenza durante los primeros 15 minutos, esos donde la afición local no paró de gritar; esos donde todavía se sintieron en el alma los sonoros abucheos en el himno tico y el estruendoso eco del salvadoreño.

También le sacó velocidad al partido tomándose eternidades para poner a jugar el balón. Cuando es en contra, le decimos perder tiempo. Cuando es a favor, le decimos administrar el reloj.

Se vio feo, pero surtió efecto. La hinchada cuscatleca se fue apagando y la Tricolor se fue prendiendo. La Sele sacó del duelo al quizás factor más valioso para los de casa.

Y al 16’, el plan del técnico colombiano Jorge Luis Pinto dio su segundo paso. Bryan Ruiz empezó a tocar la pelota. Con uno o dos toques, también metió a sus compañeros al partido. Las triangulaciones cortas y el alargar la cancha, tanto horizontal como verticalmente, confundió al rival. El capitán siempre fue el pilar.

La gente le pide que agarre la pelota desde el área, se quite a todo el equipo contrario y meta el gol. Sin embargo, con lo que hace le basta para hacer diferencia.

Ruiz se vio superior que los demás en la cancha. Su zurda es indescifrable con el enganche corto. Se ve tan simple, pero nadie se la puede quitar. Que se lo pregunten a Dennis Alas, a quien el tico arrastró por toda la cancha.

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Poco a poco, los costarricenses se asentaron. Sin desplegar un juego perfecto, la Sele comenzó a generar opciones. Y en un excelente momento, apareció la anotación: centro de Christian Bolaños, pivote de Álvaro Saborío en el segundo palo. Ruiz la bajó y José Miguel Cubero la envió al fondo. Gol de libro.

Igual no hubiera importado que fuera con la mano. Muchos kilos de presión se esfumaron. Hasta el hoyo en el estómago que significa jugar al límite de una eliminación disminuyó un poco. Bastante podríamos decir. Tal vez lo ocupó la satisfacción de ver a un estadio de 53.400 personas enmudecido.

El cambio. Sin embargo, ¿recuerdan la línea donde decía que Alas persiguió a Ruiz? Pues el salvadoreño le dejó un recuerdo. Al entretiempo, el mediocampista salió del encuentro lesionado de su abductor derecho. Se perdió la posesión de pelota y otra vez a sufrir.

Casi hubo que reírse. La Selección no puede sacar un buen resultado con tranquilidad. ¡Qué difícil acostumbrarse a eso!

En el segundo tiempo, el futbol tico fue nulo, así que hubo que poner otra cosa. Por lo menos de eso sí hubo mucho.

Cada pelota se peleó con la mano en el escudo. El equipo se mató.

Eso alivia un poco cuando tirar el balón a la nada se convierte en la mejor arma del equipo.

Esa entrega hasta terminó dando unas tres mano a manos, pero se desaprovecharon. Si se concretaban todas, hacían el partido se hubiera tornado fácil. Pero ya sabemos que ese no es el estilo tico.

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