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Magid Abou Gharbia, investigador de medicamentos: “La química es mi forma de ayudar”

Actualizado el 23 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Magid Abou Gharbia, investigador de medicamentos: “La química es mi forma de ayudar”

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Las palabras de un profesor de Química en el colegio le cambiaron su vida: “La química no solo sirve para hacer guerra, a través de la química médica pueden salvarse muchas vidas”.

“Yo tenía 14 o 15 años y hasta que él me dijo esto yo asociaba la química con guerra y muerte; no podía creer que pudiera salvar vidas. Entonces, quise hacer eso, ayudar con la química y tratar nuevos medicamentos. Hoy, la química es mi forma de ayudarle a la gente”.

Así, el egipcio Magid Abou-Gharbia se especializó en Química medicinal y durante 26 años trabajó en las primeras fases de investigación de fármacos.

Gracias a moléculas descubiertas por él y su equipo, se han desarrollado antidepresivos, inmunosupresores (fármacos para evitar el rechazo de órganos tras un trasplante) y medicamentos para el tratar el cáncer.

Otras de sus moléculas continúan en estudio para convertirse en futuros medicamentos contra el derrame cerebral.

Hoy, su investigación está más ligada a las aulas universitarias y formar a nuevos investigadores en química médica. Abou-Gharbia se desempeña como director del Centro Moulder para la Investigación del Descubrimiento de Fármacos de la Universidad de Temple, en Filadelfia, EE. UU.

El especialista estuvo en Costa Rica y conversó al respecto con La Nación . Este es un extracto de lo que dijo.

¿Cómo empezó a trabajar directamente en el desarrollo de nuevas moléculas para posibles medicamentos?

La química médica no era un tema popular cuando comencé el posgrado, pero convencí a mi profesora y tutora de que me dejara investigar el tema. Sabía que podía ayudar mucho.

“Durante unos años trabajé para los institutos nacionales de salud en Estados Unidos. Lamentablemente, el presupuesto para investigar es limitado. Aunque no fue lo que pensé en un principio, el trabajo con laboratorios de compañías farmacéuticas me daba más recursos y espacio para hacer mi trabajo y así llegué a trabajar con ellas. Por 26 años trabajé con Wyeth y Pfizer”.

El proceso de llegar a un nuevo medicamento toma muchísimo tiempo y ustedes son apenas la fase inicial. ¿Cómo saber cuáles son los compuestos para estudiar y hacia cuáles enfermedades o condiciones apuntar?

Normalmente se busca ir hacia males que no tienen medicamentos disponibles o en los que hay muchos efectos secundarios.

“Hay que conocer bien la enfermedad y su forma de actuar para poder buscar algunos conceptos. Nosotros somos la primera parte, tenemos de tres a cinco años para ver en nuestro laboratorio si la molécula sirve o no y ver si tiene potencial para ayudar a los humanos.

“Si nosotros no nos cercioramos claramente de cuáles son esas moléculas, no se puede ayudar igual a la gente. Una vez que definimos esas moléculas, se comienzan más pruebas en laboratorio, luego en animales y, finalmente, en personas para asegurarse de tener buena eficacia y seguridad, para que quien las utilice, tenga salud.

“En un gran porcentaje de veces, esa molécula no nos sirve, pero es mejor saberlo en esta etapa inicial que en las siguientes, cuando ya se ha invertido más tiempo, dinero y ya seres vivos han participado”.

¿Cuán frecuentes son los casos de encontrar un uso que no se pensaba?

Muy frecuentes. Por ejemplo, uno de los compuestos que nos sirvió como inmunosupresor, en un principio creímos que sería un antifúngico. Es tratar mucho con la prueba y error.

En una labor donde el porcentaje de fallos puede ser alto, ¿cómo lidiar con la frustración? ¿Recuerda un caso en particular?

Recuerdo muy bien un caso. Llevábamos como 11 años de estudiar tres posibles medicamentos contra la esquizofrenia y estábamos muy felices porque podría ayudar a una enfermedad muy difícil de sobrellevar y ninguno de esos tres medicamentos funcionó. Ni uno solo de los tres.

“Eso me golpeó muy fuerte, era no solo lidiar con mi frustración personal de una enfermedad a la que quería ayudar, el de ver que el trabajo de años no tuvo buenos resultados y el animar a todo un grupo de científicos que trabajó arduamente y también se sentía frustrado.

“Al final del día, lo que ayuda es el tener aún más tiempo adelante y oportunidades para seguir buscando mejoras en la salud. Y, por supuesto, que ayuda el recordar las satisfacciones y el saber que vendrán más”.

¿Cuáles son esas mayores satisfacciones?

Indudablemente, la de los antidepresivos. Esa es la mayor satisfacción de todas para mí.

“El ver que Efexxor y Pristiq hoy les han ayudado a tantas personas y han mejorado también la vida de sus familiares y sus amigos, paga más allá de todos los años de estudio. Ver que personas pueden controlar su depresión y vivir una vida más feliz es el mejor pago, y esa es la forma en la que ayudo a la gente a través de la química”.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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