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Estudio cualitativo de Inciensa, UCR, UNA y CCSS revela el impacto

Estereotipos influyen en mala alimentación de adolescentes ticos

Actualizado el 04 de mayo de 2016 a las 12:56 pm

Comida chatarra, frituras, chocolate y harinas se asocia con lo masculino, lo que puede exponer a sobrepeso, obesidad y males crónicos

Preocupación de mujeres por estar delgadas y hacer dieta es vista como normal y eso puede motivar desórdenes alimentarios

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Estereotipos influyen en mala alimentación de adolescentes ticos

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¿Cómo comen los adolescentes costarricenses? Un nuevo estudio señaló que más allá de las recomendaciones nutricionales, los estereotipos de género que manejan los adolescentes ticos tienen mucho peso en la manera en que se están alimentando.

Así lo señala un estudio de tipo cualitativo liderado por el Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa) y del que participaron la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional (UNA) y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

En la investigación, los expertos notaron que el consumo de comidas rápidas, comidas chatarra, frituras, chocolate, harinas y "cualquier cosa que quite el hambre", es asociado en mayor medida y por ambos sexos, con  el ser masculino. Por el contrario, el alimentarse preferiblemente con vegetales y frutas, se relaciona con prácticas femeninas y si los hombres lo hacen, podrían ser vistos como homosexuales.

El problema, con este tipo de estereotipos, es que la alimentación de los muchachos no sería la más apropiada. Si los varones comen así, y en su alimentación hay pocas frutas y verduras, ellos se exponen a sobrepeso, obesidad, y, a largo plazo, a males crónicos como la hipertensión o la diabetes. Más grave todavía si no practican ejercicios.

Para Rafael Monge, coordinador del estudio, esto no quiere decir que los adolescentes sean homofóbicos o intolerantes, si no que a su edad, aún no distinguen una alta gama de matices en la vida, y todo es más reducido a "blanco o negro".

"En esta etapa de la vida el desarrollo cognitivo está más orientado a lo concreto, no visualizan la gama de colores (en la vida). Esta gama de colores se adquiere en etapas posteriores. Establecer una diferencia clara entre hombres y mujeres es una situación propia de la adolescencia, al igual que hacer la diferenciación de la heterosexualidad y la homosexualidad", manifestó Monge.

Al tratarse de un estudio cualitativo, se debe aclarar que estos hallazgos no buscan generalizar, sino mostrar tendencias. 

Las comidas llamadas "chatarra" son vistas, según la percepción de los adolescentes, como parte normal en la dieta de un hombre, pero en las mujeres son vistas como algo poco frecuente.
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Las comidas llamadas "chatarra" son vistas, según la percepción de los adolescentes, como parte normal en la dieta de un hombre, pero en las mujeres son vistas como algo poco frecuente. (Archivo)

Riesgos para las chicas. El estudio también llamó la atención sobre los peligros que los estereotipos de género podrían provocar en la alimentación de las adolescentes mujeres. Al ser catalogadas por muchos como "vanidosas y preocupadas por su apariencia física", se acepta más fácilmente que quieran hacer dietas. Esta percepción también la manejan los mismos padres de las muchachas.

De acuerdo con Monge, esto es preocupante, porque el obsesionarse en mantener una figura delgada puede exponer a las chicas a trastornos alimentarios.

"La vanidad como manifestación de su feminidad las obliga a dejar de comer y esto lleva a un mayor riesgo de desórdenes en la alimentación como la bulimia y la anorexia. Ante la fuerte presión por mantener la imagen idealizada, las adolescentes quedan como simples receptoras del mandato social, sin reflexionar sobre las consecuencias.  Además, por esta misma vanidad el ejercicio físico se podría dejar de lado, pues el estar despeinadas mal presentadas es considerado, por algunas personas, poco femenino", aseveró Monge.

El estudio fue de tipo cualitativo. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron 32 grupos focales con 192 adolescentes de ocho centros educativos rurales y urbanos de todo el país. Los participantes tenían entre 14 y 17 años. Además, se realizaron grupos focales y entrevistas con 64 padres de familia de diferentes niveles socioeconómicos.

El reporte fue publicado en la última edición de la revista científica American Journal of Health Promotion.

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