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Premio Valores entregado ayer

Honran a educadora de 78 años por ayudar a rezagados

Actualizado el 04 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Se llama Luz María Soto Molina, de 78 años, y se le conoce como la ‘niña Luchy’

Trabajó como voluntaria con niños internados y también madres solteras

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Honran a educadora de 78 años por ayudar a rezagados

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“Siento una satisfacción muy inmensa, el placer del deber cumplido por muchos años que he trabajado con amor, con comprensión y por el cariño de la gente”.

Con esas palabras agradeció ayer la educadora Luz María Soto Molina, de 78 años, el Premio Nacional de Valores 2013 Rogelio Fernández Güell.

El jurado del premio alabó el esfuerzo de una vida de Soto y destacó, entre otras cosas, como ella trabajó con niños internados en el Hospital San Rafael para que no se rezagaran en su trabajo escolar.

Además, atendió adolescentes en riesgo en la casa cural de barrio El Carmen de Alajuela, trabajó en San Sebastián con niños con problemas de aprendizaje y también emocionales.

Por demás, “dio orientación y conversatorios de autoestima a madres solteras en el salón comunal de la comunidad López Mateos”, indicó el jurado.

Este año, ella está “más quedita” pues debió luchar contra un cáncer de hígado –que ya superó– y, además, se quebró la rodilla.

“Ahora que he estado grave, me encuentro en la calle a gente que me dice: ‘Estamos orando por usted, estamos pidiéndole a Dios’. Ese agradecimiento y esa gratitud es lo más importante. Para mí los valores de amor y gratitud son los más grandes. Yo creo que las personas a veces somos un poco malagradecidos con Dios y la vida y que, a veces, ni siquiera agradecemos cuando abrimos los ojos por la mañana por todo los que nos ha dado.

”Quisiera compartir el honor con todos los voluntarios de este país, que son muchos, y que lo hacen siempre olvidándose de sus cosas y haciendo lo mejor para los demás”, concluyó.

Su hijo, Marco Urbina, también celebró. Vía correo electrónico él dijo a La Nación :

“Pocas personas dedican gran parte de su vida con absoluta entrega al bienestar de los demás, pocas personas trabajan incansablemente por lograr mejores oportunidades para los más necesitados sin esperar una recompensa o un puesto a cambio de ese esfuerzo. Mi madre, la niña Luchy como es conocida, ha sido una de esas excepcionales personas que ha antepuesto siempre el bienestar común al propio. Hoy la sociedad se lo reconoce”.

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