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Advierte panel de especialistas Nacionales

Negligencia humana propicia los ataques de cocodrilos

Actualizado el 22 de julio de 2014 a las 12:00 am

Personas invaden hábitat de animales, que reaccionan defendiéndose Prácticas como alimentarlos en ríos han modificado su comportamiento

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Negligencia humana propicia los ataques de cocodrilos

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Factor humano incide en ataques de cocodrilos a personas (Roy Acuña)

Imagine que un desconocido irrumpe en la casa que usted ha ocupado toda la vida: ¿cuál sería su reacción? Ante una invasión inesperada, probablemente usted actuaría en defensa propia.

Algo similar es lo que les sucede a los cocodrilos que habitan en ríos, manglares, esteros y playas de Costa Rica, pues la intromisión de los seres humanos en el hábitat natural de estos reptiles ha convertido en tensa y peligrosa la relación entre ambas especies.

Expertos de la Comisión Asesora para el Manejo y Conservación de Cocodrilos, integrada por entidades como la Universidad Nacional (UNA), Universidad de Costa Rica (UCR) y el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinac), consideran que los ataques a personas se originan en varios factores, entre esos por el irrespeto a su comportamiento natural. Además, desmintieron rumores divulgados en la prensa sobre un drástico aumento en su población.

cifras

32

Ataques desde 1995

15

Muertes por ataques

40

Huevos que deposita la hembra

4,5

Metros que puede llegar a medir un cocodrilo adulto

500

Kilos es el peso estimado de estos reptiles

“Desde 1990 se han estudiado sistemáticamente las poblaciones de cocodrilos, tanto en la costa del Pacífico como en la del Atlántico”, dijo el investigador Juan Rafael Bolaños, especialista en esta especie.

Bolaños indicó que, si bien han detectado algunos incrementos poblacionales en zonas específicas, esto no significa necesariamente que exista una sobrepoblación.

Por ejemplo, en el año 2004 lograron cuantificar la existencia de 9,22 individuos por kilómetro lineal en el río Tárcoles; para el 2009 esa cifra era de 9,5 individuos.

Según detallaron los científicos de la Comisión en un documento, si el número de cocodrilos sobrepasa la capacidad de carga del hábitat, se produce sobrepoblación.

Sin embargo, en Costa Rica no solo se desconoce la capacidad de carga de esos hábitats, sino que, además, esos espacios han sido modificados bruscamente por actividades humanas, tales como la agricultura, ganadería, el urbanismo, la industria y el turismo.

Salvajes. “Por su naturaleza de depredador máximo, el cocodrilo presenta un comportamiento agresivo. Son animales grandes y fuertes que pueden atacar a los seres humanos. Ellos atacan para defender su territorio, pues la realidad es que son las personas las que han invadido el territorio de los cocodrilos: en los manglares, en las orillas de los ríos”, destacó Iván Sandoval, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional.

Sandoval advirtió de que el cocodrilo es siempre un animal peligroso. No obstante, se ha observado un mayor riesgo de ataques en los meses de abril a junio, así como en setiembre y octubre.

Esos periodos coinciden con procesos claves en el ciclo de vida de la especie: cortejo, cópula y, luego, el nacimiento de las crías.

El biólogo resaltó que otro de los factores que incrementarían la agresividad hacia los humanos es el condicionamiento de su comportamiento. “Desafortunadamente, con el fin de atraer turistas, algunas personas o empresas han desarrollado prácticas irresponsables, como alimentar a los cocodrilos y montar un espectáculo con ellos. Este tipo de espectáculos es muy común en el río Tárcoles”, señaló Sandoval.

De acuerdo con el experto, la reacción natural de un cocodrilo ante la presencia humana es esconderse bajo el agua o bien huir, pero como su comportamiento ha sido modificado, ahora los reptiles más bien se acercan a la gente buscando alimentos y es, ante esa situación, que la persona se puede convertir en su presa.

Uno de los casos de este tipo más recientes fue el del peón nicaragüense Omar de Jesús Jirón Romero, quien falleció el pasado 29 de abril tras ingresar, en estado de ebriedad, a las aguas del río Tárcoles, donde fue atacado y devorado por los reptiles.

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