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Treinta años después de la mayor catástrofe nuclear

Ausencia humana en Chernóbil permitió renacer de fauna silvestre

Actualizado el 21 de abril de 2016 a las 12:00 am

Cámaras trampa en zona restringida registraron especies de mamíferos

Además de animales ya hay parches de bosque, especialmente pinos

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Ausencia humana en Chernóbil permitió renacer de fauna silvestre

Treinta años después de la mayor catástrofe nuclear de la historia, Chernóbil es como un pueblo fantasma, por donde deambulan unos pocos seres humanos. Sin embargo, la fauna silvestre tuvo un resurgimiento a pesar de la contaminación radiactiva, según un estudio reciente publicado en la revista Frontiers in Ecology and the Environment .

En la madrugada del 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la Central Nuclear de Chernóbil (en la ciudad de Prípiat, Ucrania) explotó y liberó cantidades inimaginables de material radiactivo a la atmósfera.

A raíz del desastre, las autoridades rusas crearon la llamada Zona de Exclusión de Chernóbil (ZEC) y fueron evacuados todos los poblados ubicados en un radio de 30 kilómetros de la planta.

Chernóbil es  un insólito refugio de vida silvestre
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Chernóbil es un insólito refugio de vida silvestre

Reserva natural. Fue en una porción de esta zona completamente restringida donde un equipo de investigadores de la Universidad de Georgia realizó un monitoreo con ayuda de cámaras trampa y logró registrar en video la presencia de varias especies de animales salvajes. El área total de la ZEC comprende exactamente 2.600 kilómetros cuadrados en el territorio fronterizo entre Ucrania y Bielorrusia.

“Durante un periodo de cinco semanas, en el otoño del 2014, instalamos 94 cámaras en un área de 2.162 kilómetros de la Zona de Exclusión, dentro del sector de Bielorrusia. Se colocaron en caminos abandonados y con una distancia de tres kilómetros entre cada una para reducir las posibilidades de que un solo animal visitara varias estaciones”, reveló a La Nación el ecólogo James Beasley, de la Universidad de Georgia (UGA).

Según Beasley, en cada cámara se colocó una tableta (pastilla) con ácidos grasos, a modo de carnada para atraer a los animales.

El monitoreo se centró en carnívoros y después de algunos días, “desfilaron” frente a los lentes varias especies de ellos como tejones ( Meles meles ), lobos grises ( Canis lupus ), “perros mapaches” ( Nyctereutes procyonoides ), comadrejas ( Mustela nivalis ), martas ( Martes martes ), zorros rojos ( Vulpes vulpes ) y jabalíes euroasiáticos. ( Sus scrofa ). Además, se detectaron otras 14 especies de mamíferos, entre ellos, bisontes, ardillas rojas, liebres, alces, ciervos y hasta aves.

Resistentes. Beasley y su equipo afirmaron que tres décadas no es tiempo suficiente para deshacerse de los efectos dañinos de la radiación.

“El paisaje que rodea a Chernóbil se mantiene con una contaminación muy alta. Los animales están expuestos a la radiación por medio del suelo, el agua, el aire y las plantas y otros animales de los que se alimentan. Por esa razón, todavía acumulan altos niveles de contaminación en sus tejidos”, declaró Beasley, quien trabaja en el Laboratorio Ecológico Río Savannah de la UGA.

De acuerdo con el científico, el monitoreo arrojó suficientes datos como para determinar la distribución de las siguientes especies: lobos grises, perros mapaches, zorros rojos y jabalíes euroasiáticos. Los expertos concluyeron que, curiosamente, los niveles de radiación no inciden en la distribución poblacional.

Chernóbil es  un insólito refugio de vida silvestre
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Chernóbil es un insólito refugio de vida silvestre

“Los efectos subyacentes de la exposición crónica a la radiación no están claros para muchas especies”, declaró el ecólogo. Asimismo, la vegetación que una vez murió como consecuencia del desastre, se ha ido recuperando y ya hay algunos parches de bosque, principalmente de pinos.

Beasley opina que hay un factor clave que ayuda a explicar la supervivencia de la fauna silvestre incluso en medio de la radiación: la ausencia de seres humano. Sin cazadores furtivos ni personas que destruyan su hábitat natural, los animales prosperan a pesar de la radiación.

Con él coincide Denis Vishnevski, ingeniero responsable de la ZEC, quien también es zoólogo. “La gente se fue y la naturaleza volvió. Aquí la radiación está por todas partes, y eso tiene efectos negativos. Pero es menos significativa que la intervención humana”, declaró a la agencia AFP.

La investigación fue parcialmente financiada por National Geographic Society.

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