Gabriel e Isabel son gemelos y reciben masaje, desde temprana edad, para relajarse e ir a la cama sin llanto.
“La gente me dice que son tranquilos. Están acostumbrados a recibir masaje al menos una vez al día”, dijo Victoria Oviedo, madre de los bebés.
Oviedo, al igual que otras madres, acuden a la Asociación de Masaje Infantil de Costa Rica para aprender esta técnica.
Mariel Madrigal, presidenta de la Asociación, comentó que el masaje mejora el vínculo entre padres e hijos, y además ayuda al bebé con padecimientos como cólicos y dentición.
Varios estudios confirman estos beneficios, en especial los relacionados con la mejora del sueño y el control del llanto.
Los estudios. Una investigación de especialistas de la Escuela de Medicina y el Instituto de Educación de la Universidad Warwick, sobre el masaje y su impacto en la salud física y mental de los niños, muestra que aplicar masaje a los bebés beneficia la relación con sus padres, mejora el sueño y reduce el llanto y el estrés.
El trabajo, dirigido por Ángela Underdown y publicado en el Cochrane Database of Systematic Reviews, analizó 23 estudios sobre masajes en bebés menores de seis meses, mediante una muestra de 600 pequeños.
Entre la evidencia encontrada se destaca que el masaje ayuda en la liberación de melatonina, una hormona que regula el ciclo del sueño y “ayuda a los infantes a crear un patrón para dormir”, comentó Underdown.
“Dados los aparentes efectos del masaje infantil en las hormonas del estrés, no es sorprendente su influencia en el sueño y el llanto”, añadió.
El estudio también señala que el masaje ayuda a construir una mejor relación entre el bebé y la madre con depresión posparto.
Además, se encontró que el masaje, el contacto visual y el tomar la mano influyen en la disminución de enfermedades y visitas al médico en niños de orfanatos.
Otro estudio, de las universidades israelíes de Tel Aviv y Haifa, que involucró a 20 madres de recién nacidos, confirma esos hallazgos.
Publicado en la revista Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics , la mitad de las madres aplicaron masajes por 30 minutos y antes de ir a dormir a bebés de entre 10 y 14 días.
La idea era acariciar la cabeza del bebé con una mano y brindar un movimiento suave y fuerte de forma circular en la espalda con la otra mano.
Para valorar a los niños, se utilizaron sensores para medir la actividad durante el día y la noche, antes y después del masaje, y a las seis y ocho semanas de edad.
Los resultados mostraron que los bebés de dos meses y sus madres lograron coordinar el período de actividad, especialmente en las mañanas y las tardes –cuando estaban más activos–, a diferencia de los menores que no recibieron la rutina de masaje.
“La terapia de masaje sirve como un fuerte indicador del tiempo, que ayuda a los infantes a coordinar el desarrollo del sistema circadiano –reloj biológico– con su ambiente”, comentó Sari Goldstein, autora del estudio.
Experiencia. Tamara Dewitt incorporó el masaje en la rutina de su hijo de seis meses desde temprana edad. “Me ayudó a controlar los cólicos y a que Tristan duerma sin llanto”, comentó.
Por su parte, Victoria Oviedo dijo que ha habido una mejora en la relación con su hijo Gabriel, que estuvo hospitalizado dos meses, y se mostraba nervioso y estresado, así como un mayor control de los cólicos en sus bebés.