El elenco se ha coligado con sus viajes galácticos de ficción, pero el director Lin echó a perder la esencia

Por: William Venegas 10 septiembre, 2016
Crítica de cine ‘Star Trek: Sin límites’: Más para los “trekkies”
Crítica de cine ‘Star Trek: Sin límites’: Más para los “trekkies”

Los cinéfilos y críticos de cine más viejos la conocimos con el nombre de Viaje a las estrellas (por los años 70). Su primera emisión televisual es de 1966, en setiembre, por cierto. Esa franquicia pasó al cine con el mismo nombre y se abrió a distintas facetas en otras áreas.

Ese notable universo debe su creación a Gene Roddenberry, amante de la literatura, con la que obtuvo un doctorado. El éxito de esa serie en tele y en cine ha sido tal que se formaron clubes de seguidores llamados “trekkies”. Me parece que son cada vez menos: pura intuición.

Pues bien, en algún momento dejó de llamársele Viaje a las estrellas para adoptar el nombre original en inglés de Star Trek . Este es un proceso que nos baña como agua en regadera con muy distintas expresiones cinematográficas.

Ahora estamos en el lapso en que los viajes de la nave Enterprise los vemos desde lo que, en cine, se llama precuela. La película que llega hoy es la tercera de las precuelas: Star Trek: Sin límites (2016), dirigida por Justin Lin, quien nació en Taipéi, pero creció en Estados Unidos.

Dicen que a más cocineros, más rala la sopa. Con cinco guionistas (Simon Pegg, Doug Jung, Roberto Orci, John D. Payne y Patrick McKay), el libreto del filme es harto superficial, apenas para un director pirotécnico, sin afanes de corrección formal ni de narrar bien una historia. Tal es el señor Justin Lin, para quien la aceleración visual es la salsa que le da cuerpo a su cine.

Justin Lin pierde la esencia de la serie espacial, se suma a la debilidad del libreto y filma como si fuera una de sus otras malas películas, las de Rápidos y furiosos . Ni siquiera se detiene con los personajes: la película no pasa de ser un publicitado espectáculo masivo para hacer dinero (“blockbuster”). Hasta ahí el ‘lenguaje’ del filme.

En Star Trek: Sin límites vemos cómo la tripulación del Enterprise cae en una trampa muy tonta (¡zonzos!) con el timo de una misión de rescate, lo que los obliga a quedarse varados en el planeta Altamid en lucha contra el “malo” del caso: Krall.

Dentro del vaivén acelerado de imágenes, para sentirnos peor que en montaña rusa, la música suena toda la película con su respectiva bullaranga. Para uno, sentado ahí al frente de la pantalla, es posible la llegada de un dolor de cabeza. Por eso mismo, cuesta evaluar actuaciones, fotografía, dirección de arte y otras sutilezas.

Resuelta con todos los efectismos del caso, esta película es holgura de medios técnicos, que no de talento. Solo espero que sus “fans” sean más inteligentes que la película, porque esta saga no merece quedarse en volteretas de cámaras, en juegos por ordenador o en explosiones repetidas como en feria de pueblo.

Tampoco su esencia está en ser una mala copia de Mad Max (2015), con secuencias de acción en motos viejas o con exceso de música roquera que el filme tiene la sinceridad de presentarla como ruido. Película seca como el más seco de lo desiertos, me eximo de recomendarla.

Ficha técnica:

Título original: Star Trek: Beyond

Estados Unidos, 2016

Género: Fántástico

Dirección: Justin Lin

Elenco: Chris Pine, Simon Pegg, Karl Urban, Zoe Saldana, Zachary Quinto, John Cho

Duración: 120 minutos

Calificación: Dos estrellas (de cinco posibles)