Para hacer un drama sobre el dolor humano en cine debe haber convicción de parte de su equipo

Por: William Venegas 13 mayo

Uno podría reconocerle al joven director costarricense Ariel Escalante, el esfuerzo para que su película El sonido de las cosas (2016) fuese algo más valioso que un repetido cine de entretenimiento. Escalante no busca una reproducción novelesca de lo cotidiano, sino indagar en el sentido trágico de una vida común.

Visto así, pienso que el filme El sonido de las cosas estaba pensado por su director de manera vital, capaz de llegar a ser expresión de buena calidad; sin embargo, no le funcionó, y no le funcionó en nada, si acaso en el aporte de Nicolás Wong por las distintas tonalidades logradas con la fotografía.

De paso, se puede agregar esa especie de magia que tiene la actriz Montserrat Montero ante las cámaras, pero sus apariciones aquí son breves y diríamos que desperdiciadas por falta de vista del joven director.

Cuando hablo de "indagar en el sentido trágico de una vida común", lo digo a partir de la propia anécdota que le da cuerpo al argumento del filme: es la historia de Claudia, enfermera que, de pronto, se ve superada por un dolor personal, para ella más agudo que el de sus pacientes, lo que la obliga a incapacitarse.

El filme no da antecedentes que justifiquen el luto doloroso que agota a Claudia, ni la actriz Liliana Biamonte es capaz de convencernos de la condición atormentada de la enfermera. Por ahí, el filme repite que es por la muerte de una prima, sin adentrarnos en nada, como si fuese más un capricho de Claudia y no un dilema.

En cuanto a Liliana Biamonte, es más expresivo cualquier "muerto viviente" de una película del director neoyorquino George A. Romero que esta joven actriz. En todo caso, la dirección peca por permitirle al elenco actuaciones con mucho peso teatral, excepto el caso citado de la actriz Montero.

Ariel Escalante, director ‘El sonido de las cosas’.
Ariel Escalante, director ‘El sonido de las cosas’.

Así, desde el primer momento, El sonido de las cosas se aleja de la esencia que debió ser dominante en su historia. La película no muestra mayor convicción para narrar sobre el dolor humano y hacerlo desde ese mismo dolor. Ergo, termina por ser un filme con muy pocos acontecimientos, lineales y sin metamorfosis narrativas.

El filme muestra sin desentrañar y lo mostrado resulta superficial: su lenguaje se queda a ras del suelo, sin ser un estado superior de la conciencia de lo narrado. Digamos que es cine sin magia cinematográfica, sin dinamismo dramático y de quietud enfermiza, excepto cuando se está en una piscina, donde nada Claudia (del verbo nadar, porque el resto es un personaje que "nada de nada").

Por culpa de su quietud rigurosa con la cámara, los personajes, los paisajes y las situaciones se sienten como "algo" o "alguien" necesarios para poner delante de la cámara y, así, justificar su inmovilidad. Cansa y llena al filme de tiempos muertos.

Si usted es de quienes piensan que lo más importante de una película no es la trama, sino la dirección, ya sabrá dónde está la caída de El sonido de las cosas (igual está en su guion esquemático). Las imágenes nos llegan sin convicción y, de ahí, la falta de ímpetu del ritmo y la inútil presencia de la música.

En película donde su personaje nunca intensifica su drama y donde su catarsis es del todo superficial: queda poco por esperar; y si lo que queda permite observaciones negativas como las que he reseñado aquí, entonces no tengo duda alguna para calificarla como lo he hecho.

EL SONIDO DE LAS COSAS

Título original: El sonido de las cosas

Costa Rica, 2016

Género: Drama

Dirección: Ariel Escalante

Elenco: Liliana Biamonte, Fernando Bolaños, Montserrat Montero

Duración: 75 minutos

Cines: Magaly, Nova, Cinépolis

Calificación: Una estrella, de cinco posibles

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