Impresoras 3D llevan su imaginación a la realidad

Permiten crear cosas que necesite o que le gusten

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La mayoría de las impresoras 3D funcionan pasando filamentos plásticos a un inyector caliente que gotea el plástico líquido sobre una superficie, capa por capa, hasta que se forma un objeto, por lo general, del tamaño de una toronja. Lo normal es que el filamento cueste de $30 a $50 el carrete. (nyt) ampliar

Desde baratija de plástico con forma extraña, hasta armas capaces de matar e incluso, prótesis de órganos. Las impresoras 3D son ---o llegarán a ser--- capaces de traer a la realidad prácticamente cualquier cosa que nos imaginemos.

¿Por qué, entonces, hasta los más apasionados proponentes de la impresión en 3D, nos demuestran esta tecnología con ejemplos aburridos? Perillas de lavavajillas. Reguladores de luces. Repuestos para carritos de lavandería.

“Esa es la pregunta del millón de dólares,” dijo Alyssa Reichental, quien trabaja en 3D Systems. Pareciera que en este momento, la impresión en 3D se trata más del potencial de la tecnología que de algo práctico.

La tecnología detrás de la impresión 3D se ha usado en la fabricación comercial por décadas, pero aparatos domésticos de compañías como 3D Systems, MakerBot y Afinia han abierto la tecnología a más usuarios en los últimos años.

Y no solo la tecnología para imprimir está acercándose más a los usuarios domésticos. Sino también la que permite crear lo que se va a imprimir.

Muchos servicios de impresión en la nube, como Shapeways, Kraftwurx, iMaterialise o Cubify, ofrecen plantillas que permiten diseñar o personalizar objetos por internet.

Tal vez en poco tiempo alguien descubrirá la idea del millón de dólares que hará que las impresoras 3D sean tan vitales y necesarias que será difícil recordar cuando nos preguntábamos “¿para qué otra cosa puede servir una impresora 3D?”

Esos diseños se imprimen después en máquinas industriales en más colores y materiales de los que se pueden costear en casa, y los envían por correo a domicilio.

Ventajas. La personalización detallada que permite la impresión 3D es uno de sus beneficios. Pero no el único.

No hay mayor frustración que cuando se rompe una pieza de plástico y la cosa a la que pertenece deja de funcionar. La pieza puede ser barata, pero si no la encuentra, no hay nada que hacer.

Con la impresión 3D,e so cambia porque se puede encontrar una amplia colección de diseños para piezas pequeñas, desde elementos básicos hasta lavadoras, disponible en Internet, en bibliotecas de diseño como Thingiverse, cuyo almacén crece cada día. Y las posibilidades que ofrece van desde un gancho para abrigos para su Volvo C30 hasta fichas de reposición para el Scrabble o incluso, adaptadores que unen productos que no fueron hechos para usarse juntos.

Además de la satisfacción de reparar sus propias cosas, también está el ahorro en costos. Los aficionados a los carros antiguos son un grupo exclusivo que ha encontrado verdaderas ventajas en la impresión 3D. Ryan McMaster, mecánico ingeniero en Reno, Nevada, dijo que usó la impresión 3D para ayudar a su madre a restaurar su Mustang Coupé 1966.

“Por todas las piezas de esos autos te cobran un brazo y una pierna,” dijo. “Ahora, sencillamente, haces sus propias piezas”.

Otra de sus aplicaciones sería en la investigación. Mary-Margaret Murphy, estudiante de posgrado en antropología en la Universidad de Montana, está investigando cómo usar la impresión 3D para replicar cráneos de osos pardos (y, al final, también humanos), para que los científicos puedan compartir modelos que de otra forma son artefactos frágiles y raros en cualquier parte del mundo.

Propiedad intellectual. Pero compartir “información” física no siempre quiere decir usurpar el diseño de alguien.

Entre los primeros en adoptarla, hubo diseñadores de joyería, arquitectos y científicos. Sin embargo, es factible que, en este momento, la mejor aplicación posible de la impresión 3D esté en el cerebro de las personas que la están usando.

En una reciente conferencia sobre impresión 3D en Nueva York, había muchísimos maestros e ingenieros. Y los más entusiastas concuerdan en que la tecnología es mucho más que objetos.

“No se trata de la impresión. Se trata de cómo empiezas a ver el mundo,” dijo Justin Levinson, consultor en tecnología en Nueva York, que ha estado usando la impresión 3D por varios años. “Empiezas a pensar: 'puedo resolver mis propios problemas’”.

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Noticia La Nación: Impresoras 3D llevan su imaginación a la realidad