Sucesos

Robo de ¢2.000 llevó a joven a ámbito con peligrosos reos

Actualizado el 16 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Pese al delito, edad y ser reo primerizo, lo ubicaron en recinto que albergó al Indio

Celdas llenas, más depresión y ansiedad empujan a reclusos a intentos de suicidio

Sucesos

Robo de ¢2.000 llevó a joven a ámbito con peligrosos reos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Dixon lleva dos meses preso en el ámbito B1 de la cárcel de San Sebastián por haber asaltado, junto con un menor de edad, a un peatón en Santa Cecilia de Aserrí. Le robó ¢2.000.

Le dicen Chiquito debido a sus 18 años de edad. Este flaco moreno subsiste en un recinto donde reina La Tribu, grupo que se bautizó así tras la llegada, años atrás, de Marcos Zamora, alias el Indio, quien recientemente fue condenado a 70 años por homicidio calificado, asociación ilícita y narcotráfico.

Zamora, señalado como líder de un clan que dominaba el trasiego de drogas en el sur de San José, hoy está en La Reforma.

Pero el ámbito B1 de San Sebastián sigue como uno de los espacios de alto riesgo, donde conviven 158 condenados por delitos graves, mientras aguardan que sus sentencias queden en firme.

Penachos pintados en las paredes se hacen acompañar con frases como esta: Recuerda que por la boca muere el pez . En esa sección, hay espacio para 80 reos, pero alberga a casi 160; el hacinamiento es de un 97,5%. En otros ámbitos, como el A2, llega a un 104%. La capacidad total es de 668, mas la población llega hoy a 1.138 detenidos.

Incidentes. Dixon habló con La Nación en la puerta del dormitorio. Apenas se oyen sus respuestas debido al bullicio. Está aferrado a los barrotes y rodeado por decenas de curiosos tatuados.

¿Cuál fue su primera impresión al llegar a esta prisión? “Solo imagínese”, responde, mientras es interrumpido por una fuerte voz que salta del colectivo: “¡Cuénteles cómo nos bailó en ‘hilo’ a todos cuando llegó aquí!”. Dixon asiente con la cabeza y el resto se mofa del vergonzoso recuerdo. “Aquí nadie apadrina a nadie. Aquí a uno lo quieren abusar siempre”, expresa.

El Tribunal de Flagrancia lo condenó a 3,4 años. Él asegura que aceptó los cargos para que le rebajaran la pena de cinco años. Otro grito interrumpe: “¡Cuénteles cuando perdió la virginidad!”. Dixon, nuevamente afirma y todos se burlan... Él también ríe, con la mirada desorientada.

Hacinamiento en cárceles de Costa Rica (Kenneth Barrantes)

Esa sonrisa no existe para Josué Marín, reo del ámbito de mínima abierta de La Reforma, quien describe cómo se siente al acostarse en su camarote.

PUBLICIDAD

“Ahí, en ese baño, Morfo se ahorcó hace un par de meses. Era la 1:30 a. m., entró con una sábana y se guindó. Eso no es normal. Le faltaban siete meses para salir.

”Lo único que le queda a uno es ahorcarse, pero no lo hacemos porque tenemos mucha fuerza en el corazón”, asegura.

Sin espacio. Navey Álvarez, presidente de la Junta de Internos de San Sebastián, lleva detenido 28 meses. Aunque ya fue sentenciado por almacenar droga, el juicio fue anulado pues los jueces usaron los celulares en el debate.

Donde Álvarez duerme, hay 20 camas para 42 personas y todos comparten un servicio sanitario y una ducha. De noche es imposible pasar para ir a orinar, dice. “Esto genera mucha presión y estrés; si se enferma uno, se contagian todos. La atención médica es malísima, el dentista no viene. En Flagrancia han metido gente tres días, 15 días, una semana, y salen”, expresó.

Por su parte, Edwin Castillo, quien lleva ocho meses preso, asegura: “Esto se ha llenado de una manera tan garrafal. Ahora, le meten a uno seis meses por cualquier proceso. La injusticia más grave es que nos tengan aquí. Muchos son inocentes”.

Noticia relacionada: 10.860 reclusos sobreviven en espacios degradantes 

  • Comparta este artículo
Sucesos

Robo de ¢2.000 llevó a joven a ámbito con peligrosos reos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota