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OIJ pronostica 600 homicidios este año y una tasa de 12 por cada 100.000 habitantes

Costa Rica camina hacia tasa más elevada de asesinatos

Actualizado el 30 de junio de 2017 a las 10:30 pm

Aumento es debido a crímenes múltiples y guerra por narcomenudeo

Más que policías, se necesita más inversión social, dice subdirector del OIJ

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Costa Rica camina hacia tasa más elevada de asesinatos

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“Costa Rica está como nunca antes, no lo digo yo, lo dicen los números: Costa Rica tiene sus índices de homicidios más altos de la historia”.

Esa opinión es de Michael Soto, subdirector interino del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), cuerpo policial el cual prevé que este año el país tendrá la cifra de homicidios más alta.

Cultura de violencia. (.)

Hasta este 30 de junio, en 181 días del año, el país registraba 278 asesinatos, ocho más que a la misma fecha del año pasado.

Para octubre y noviembre se espera un incremento, pues tradicionalmente son los meses en donde se contabilizan más casos, según datos de la sección de Homicidios del OIJ.

La proyección de la Policía Judicial es que este año el país cerrará con un total de 600 homicidios, lo cual generará una tasa de 12 por cada 100.000 habitantes. Después de 10 se cataloga como una epidemia, según la Organización Mundial para la Salud (OMS).

En el 2015, la tasa de crímenes fue de 11,5 por cada 100.000 habitantes, mientras que en el 2016 ascendió a 11,8 por cada 100.000 habitantes.

Asimismo, el pronóstico no es nada alentador para la próxima década, pues las estimaciones del OIJ pintan un escenario aún peor. Para el 2021 se proyectan 706 asesinatos (tasa de 13,7) y 854 para el 2026 (tasa de 15,8), cálculos que fueron hechos tomando en cuenta el aumento en la población, según Soto.

Explosión criminal. De acuerdo con el subdirector de la Policía Judicial, son dos las razones por las cuales la cifra de homicidios sigue al alza, año con año. La primera son los asesinatos múltiples y la segunda es un término llamado explosión criminal.

Casos como el de Matapalo, en Santa Cruz, Guanacaste, donde un sujeto mató a cinco miembros de una familia, en febrero del 2016, cinco muertos en una balacera en una playa a plena luz del día en Cieneguita, Limón, en octubre del año anterior, o la masacre de cinco universitarios en un apartamento en Liberia, en enero de este año, son solo algunos de los ejemplos de los hechos en donde más de una persona resultó asesinada.

El 19 de enero de este 2017, cinco universitarios fueron asesinados en un apartamento en barrio La Victoria, en Liberia, Guanacaste. (Alonso Tenorio.)

“Si solo muriera una persona por acontecimiento, los números serían parecidos, pero cuando alguien se atreve a matar más de una persona, es donde hay una diferencia. Hace años no se veía tanto esa situación, no es típico en la idiosincrasia costarricense”, aseguró Soto.

La otra circunstancia que incide en el aumento de asesinatos es el fenómeno llamado explosión criminal, generado por los conflictos que se dieron en el sur de la capital y el cantón central de Limón, entre el 2014 y 2015, por bandas dedicadas al narcomenudeo. Una de esos grupos criminales es el de Marco Antonio Zamora Solórzano, conocido como el Indio, condenado a 70 años de cárcel por narcotráfico y homicidio.

“Cuando él estaba detenido, los líderes seguían trabajando para él. En el 2013, hay una rebelión de las redes, un término literario, se rebelan los grupos y lo que hacen es obtener liderazgos. Todo lo que él controlaba como un solo bloque, empezó a partirse en varios bloques que se distribuyeron barrios y, los que fueron colegas de microtráfico, empiezan a pugnar entre ellos. Es ahí donde empieza a darse un aumento en los homicidios”, explicó Soto.

Esa guerra entre bandas desató el incremento de muertes por ajustes de cuentas en los últimos tres años y, pese a que sus líderes han sido detenidos por las autoridades, surgen nuevos cabecillas que mantienen el negocio del narcomenudeo.

“¿Por qué la gente se sigue matando? Cuando usted analiza criminológicamente el tema de homicidios, sobre todo por ajustes de cuenta, hay una resiliencia criminal, una capacidad de la criminalidad de adaptarse al cambio”, manifestó Soto.

Sin embargo, el lugar donde se ha dado un aumento en los asesinatos, en este 2017, producto de la guerra para controlar el microtráfico, son las zonas de Pococí y Guácimo, en Limón.

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“El negocio del narcomenudeo se volvió tan lucrativo que todo delincuente quiere ser líder y tener un grupo de esos, porque una venta pequeña de crack o cocaína puede producir entre ¢1 millón y ¢2 millones diarios. Entonces, son muchachos que quieren tener un estatus en la calle y lucrar, esto hace que los conflictos se resuelvan con armas de fuego.

”Hoy en día, lo que está afectado al país en materia delictiva es el narcomenudeo, porque de ahí se derivan otros delitos. Una persona drogada mata, roba, viola, estafa. Si logramos controlar eso, que nadie lo ha logrado, nadie le ha ganado la lucha al narcotráfico, podríamos tener índices más bajos”, añadió el funcionario judicial.

Sin solución a la vista. ¿Seguirá el país en esta línea de aumento de homicidios? ¿Es una situación que no se puede revertir?

Para Michael Soto, la solución no está en más policías en las calles, sino en un cambio en políticas de recuperación de espacios, educación y trabajo.

“El problema de criminalidad de un país no se resuelve con más policías, con más jueces o más fiscales. El problema de la criminalidad se resuelve de otras formas, con una interacción gubernamental en todas la direcciones: recuperación de espacios, cultura, educación. Y eso no lo digo yo, algunas otra sociedades han tenido situaciones similares y han logrado reducir la criminalidad. Eso podría ser una estrategia para tratar de controlar este asunto.

”Si a mí me dicen que queremos más investigadores, yo digo que sí, si me dicen que necesito más investigadores, sí, porque necesitamos para cumplir con leyes nuevas, como la de protección animal y un montón de leyes más. Pero cuando estudio y miro cómo han hecho otras sociedades, pareciera que han recurrido a otras estrategias, una inversión social, económica y estructural, ese es el camino”, puntualizó Soto.

Un criterio similar tiene el fiscal adjunto contra el Crimen Organizado, Miguel Abarca, quien comentó: “Aunque la acción policial (prevención) y judicial (represión) son importantísimas y, por ello ,debe haber un fortalecimiento institucional, profesionalización, capacitación, equipamiento, etc, la criminalidad es un fenómeno multicausal que debe abordarse desde muchas aristas, educación, valores, desarrollo humano, etc. Por ello, toda la sociedad, Estado y ciudadanía, deben trabajar articuladamente para elevar la calidad de vida de los ciudadanos, sólo así veremos una disminución en los índices de violencia y criminalidad”.

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Gustavo Fallas M.

gustavo.fallas@nacion.com

Periodista de Sucesos

Periodista en la Sección de Sucesos y Judiciales. Licenciado en Periodismo Social en la Universidad Internacional de las Américas.

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