Sucesos

Seis factores coinciden en 13 casos analizados por ‘La Nación’

Desapariciones de niños repiten un mismo patrón

Actualizado el 20 de julio de 2014 a las 12:00 am

Conocidos de menores figuran entre sospechosos de crímenes o raptos

Sustracciones fueron a la luz del día, por descuidos y en comunidades pobres

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Desapariciones de niños repiten un mismo patrón

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Eran niños que a plena luz del día caminaban solos, la mayoría tenía edades cercanas a los siete años, de escasos recursos económicos y a quienes les esperó un paradero incierto o la muerte.

Se trata de los casos de Evelyn, Wendolyn, Panchito, Jéssica, Osvaldo Fabricio, Katia Vanessa, Ana Isabel, Josebeth, Katherine, Klarideth, Martha Luz, Richely y el más reciente, el de Yerelyn, quienes desaparecieron entre el 19 de noviembre de 1985 y el 11 de julio del 2014.

Cada hecho tiene su particularidad, pero también muchas coincidencias.

La Nación analizó la forma en que esos 13 pequeños fueron vistos por última vez, así como las fechas, horas, edades, condición socioeconómica en la que vivían y la relación con los sospechosos de la sustracción. Al final, seis factores se repitieron en los casos.

Un caso. Son 11:30 a. m., del 4 de julio del 2003. Katia Vanessa González Juárez, de ocho años, caminaba sola hacia la casa de una compañerita de la escuela, para que le prestara un libro de Matemáticas, en Quesada Durán, Zapote.

De camino fue atraída por un conejo que le enseñó un vecino, quien le prometió dárselo y, de esta forma, se la llevó. A los seis días, la niña apareció enterrada en la casa del sujeto, a escasos 100 metros de donde ella vivía.

Así como le sucedió a Katia Vanessa, en la mayoría de desapariciones, el delincuente actuó de día, era una persona conocida de la víctima y aprovechó el momento en que los menores caminaban solos.

En esa época, Katia Vanessa se encontraba de vacaciones de la escuela, al igual que otros seis de los 13 menores desaparecidos.

Ricardo González, jefe de la unidad encargada de analizar las desapariciones de personas del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), dijo que durante las vacaciones los padres ejercen un menor control sobre los niños, lo que aprovechan sus raptores.

González confirmó que muchas de las desapariciones de niños tienen una connotación sexual y que los agresores son personas conocidas. Citó que es similar a lo que ocurre en un homicidio: “Hay más posibilidades de que a uno lo mate un conocido, que un desconocido”.

Laura Chinchilla, psicóloga del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), expresó que las desapariciones se dan porque muchos padres tratan a los niños como si fuesen adultos.

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“Se protege mucho los bebés y todavía a los niños que no han entrado al kínder, pero una vez que ya están en la escuela, los papás bajan la guardia porque creen que ya pueden cruzar solos las calles, que pueden ir a la escuela solos y no miden que el niño está en una etapa de pensamiento concreto”, manifestó Chinchilla.

La especialista explicó que se conoce como “pensamiento concreto” a la falta de malicia que los niños tienen cuando les hacen una trampa, como al utilizar confites para atraerlos, pues no tienen a la vista los peligros que existen.

“Hay dos problemas: que los padres deben entender que antes de los 12 años ningún niño puede manejarse solo y, después, de esa edad hay que tener precauciones. El otro punto es el de los depredadores sexuales con tendencias pedófilas. Si en una familia, ya sabemos de antecedentes de abusadores, debemos desplegar medidas de protección”, afirmó la psicóloga.

Chinchilla aseguró que no se debe generalizar que todos los tíos o abuelos de los menores son abusadores, pero advirtió de que se debe estar alerta.

Según la experta, por instinto, los niños huyen ante las personas desconocidas. Casualmente, por esta razón, son más susceptibles de ser atacados por allegados.

La desaparición de niños, por lo general, ocurre en comunidades pobres y afecta a familias de recursos limitados.

Para Chinchilla, esto se debe a que los padres salen a trabajar, tienen pocas opciones del cuido, dejan a los hijos solos y conviven con familiares en hacinamiento. No descartó que en las clases con mayor poder adquisitivo este tipo de hechos se mantienen en secreto.

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