La Sele habría perdido por menos, quizás por dos, con una buena versión de Keylor Navas en la portería costarricense ante España.
Simple maquillaje. Menos sonrojo internacional.
Keylor Navas habría sido la oportunidad del autoengaño, un marcador más decoroso, con el mismo alarmante y revelador desempeño.
Un marcador menos vergonzoso tan solo habría servido para caer en la tentación de los atenuantes, con inicio en el poderío rival, la España de los 36 goles a favor y solo tres en contra en la eliminatoria.
Simple maquillaje, como limitar el análisis al nada brillante día de Danny Carvajal.
Si bien el guardameta podía hacer más en al menos tres goles —no me queda duda—, tan solo fungió como el último vagón de un tren de errores y deficiencias.
Cierto: Carvajal anduvo lejos del nivel que Costa Rica necesita de sus arqueros en una cita mundialista, el de Gabelo Conejo en Italia 90 o el de Keylor Navas en 2014. Si no se cuenta con un ángel de la guarda en la portería, difícilmente se pasaría de ronda, así se mezclen la sicología de Bora con la táctica de Pinto y el Macho. Tampoco alcanzaría, sin embargo, un Superman en el marco con un rendimiento como el mostrado ante España.
En el partido del “ni-ni” (ni ataque ni defensa), la Sele redescubrió la más alta exigencia mundial. Ni se encerró, ni pisó el área rival, ni tuvo la pelota, “con grietas y fugas por todos lados”, como señala la crónica del diario español El País.
Que La Roja dejara a la Sele si tocar bola es lo de menos . Podría sucederle a cualquiera frente a Isco, Iniesta, Thiago y Busquets. La posesión de balón, además, no le corresponde a Costa Rica si se trata de un Mundial, como sugieren las estadísticas de Brasil 2014: el 46% ante Uruguay, el 42% ante Italia, el 47% ante Inglaterra, el 43% frente a Grecia y el 36% contra una de las mejores versiones de Holanda en Copas del Mundo.
El balón no se tuvo en Brasil ni se tendrá en Rusia, aunque un desbalance en la posesión del 75% vs. 25% —según informaron las televisoras en el juego ante España— no es manejable con ningún planteamiento.
Urge, además, que una vez pasado el apremio, el ataque no se limite a encomendarle al Espíritu Santo ese pelotazo hacia un Marco Ureña solo, entre dos o tres rivales, sin más remedio que emprender la carrera hasta que el hombro de un rival y el recorte de otro lo despojan de cualquier esperanza.
Bienvenida la paliza ante España. Así, sin maquillaje.
