Opinión

Del tenedor y la educación sexual

Actualizado el 13 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Estudios de ONUSIDA y UNESCO muestran el éxito de los programas de educación sexual

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Del tenedor y la educación sexual

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¿Podría imaginarse en la actualidad a alguien oponiéndose a que usted use el tenedor en sus comidas? ¿A que le digan que con el uso de este utensilio para comer estaría yendo contra las costumbres de los buenos cristianos? Pues aunque usted no lo crea y aunque hoy en día sea un utensilio habitual en nuestras comidas, en sus orígenes usar el tenedor para llevarse los alimentos a la boca estaba muy mal visto. Tanto es así que incluso llegó a asociarse con el diablo. Esto sucedió en la Edad Media en una sociedad acostumbrada a comer con los dedos.

La mala fama del tenedor, que le hizo valer el sobrenombre de instrumento del diablo, fue propiciada por la Iglesia, cuyos jerarcas expresaron públicamente su disconformidad por el uso del tenedor, al punto que San Pedro Damián amonestó a Teodora desde el púlpito por haber importado una moda no apta para buenos cristianos. Al rechazo religioso se sumó el social y el político.

Más adelante, ni siquiera el rey Carlos V consiguió convencer a sus conciudadanos de la utilidad del tenedor. Las sospechas de homosexualidad que giraban en torno a él llevaron a conectar el uso de tan refinado instrumento con los hombres afeminados.

En esa misma época, Galileo Galilei sentaba los cimientos de los grandes avances de la astronomía europea a lo largo del siglo XVI. Galileo fue denunciado a la Inquisición en 1615, su teoría fue calificada de herética. El proceso inquisitorial terminó con una condena de arresto domiciliario perpetuo. Galileo moriría unos años después, ciego y amargado, pero no sin antes haber susurrado las siguientes palabras: Eppur si muove, “y sin embargo, se mueve”.

Con estos precedentes a manera de ejemplo, hoy vemos en Costa Rica a grupos fundamentalistas esgrimiendo sus argumentos contra las propuestas de una sociedad con más conocimiento y a tono con los avances científicos; oponiéndose a los programas de educación para la sexualidad y afectividad.

Sin embargo, como la historia y las experiencias exitosas han demostrado, la educación sexual basada en la ciencia y en los principios de una sociedad justa, responsable y respetuosa de los derechos fundamentales ha representado la diferencia en los proyectos de vida de los jóvenes y en la posibilidad de los Estados de tener sociedades menos violentas, con menos epidemias y con más conocimiento y libertad de pensamiento sobre sexualidad y derechos sexuales y reproductivos.

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Países como Suecia, Finlandia, Holanda y Alemania han tenido programas educativos en las escuelas y colegios sobre sexualidad y afectividad. También en América Latina vemos ejemplos exitosos en Colombia, Brasil y Argentina. Estudios realizados por ONUSIDA y UNESCO han demostrado que los programas de educación sexual en las escuelas han tenido excelentes resultados. No afirmamos que los programas de educación sexual y afectividad sean el remedio para todos los males; sin embargo, representan una alternativa validada no solo por los expertos en salud y educación, sino también por la sociedad en general.

La investigación científica demuestra que cuanto más informado está un adolescente sobre su sexualidad y sobre la afectividad, más retrasa su primera relación sexual y menos se expone a las Infecciones de Transmisión Sexual y al VIH y nos permite concluir que la oposición a la educación sobre sexualidad y afectividad está basada en el desconocimiento y el temor.

En el afán de participar en el destino de los jóvenes,los adultos hemos ignorado y separado a los jóvenes por completo de toda opinión y decisión. El sentido común nos dice a las madres y a los padres que no podemos evitar que nuestros hijos hablen de sexo, que se sientan motivados a indagar y experimentar y que, por lo tanto, deberíamos permitir a nuestros hijos decidir por ellos mismos sobre la base del conocimiento y el respeto.

Aun con el argumento de la guía parental, los jóvenes siguen teniendo sexo sin protección aunque queramos negarlo. “Eppur si muove”, diría Galileo. De ahí la importancia de implementar a la brevedad posible la educación sexual y afectividad en los centros educativos.

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