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Por el sendero áspero

Actualizado el 08 de febrero de 2016 a las 12:00 am

Ottón Solís, Oscar Arias y el periódico La Nación concuerdan en una importante propuesta

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Los astros se alinearon. Don Ottón Solís, don Oscar Arias y el periódico La Nación concuerdan plenamente en una de las más importantes propuestas políticas de los últimos tiempos.

A contracorriente del populismo hegemónico, el fundador del PAC rompe y rasga la monotonía cansina del statu quo imperante con una propuesta, tan valiente como sensata: la modernización de las instituciones que atienden el combate contra la pobreza, repartida en 22 entes con 34 programas dispersos y llenos de duplicidades.

Don Oscar Arias, primero, y el editorialista de La Nación, después, concuerdan. Los tres tienen razón y su notable acuerdo no puede pasar inadvertido. No es cualquier cosa.

La pasmosa coincidencia de puntos de vista de protagonistas que habitualmente se contraponen debería ser, en sí misma, un poderoso indicio del buen tino de la iniciativa.

Lo original e inaudito, sin embargo, no es la propuesta en sí misma, sino el coraje que supone enfrentar la maraña de intereses creados detrás de la medusa burocrática. Después de esfuerzos infrahumanos y promesas incumplidas, antes y ahora, todavía no tenemos una lista única de beneficiarios de asistencia social.

Estancamiento. ¿Cómo es posible que Costa Rica, uno de los países del mundo que más invierte per cápita en el sector social, sea casi el único de América Latina donde ha crecido la desigualdad y aumentado la pobreza extrema?

En nuestro país, desde hace 20 años o más, los niveles de pobreza siguen en un tozudo estancamiento, mientras que en Nicaragua ha disminuido 12 puntos porcentuales en los últimos cinco años. ¡Ay, cómo escoce este contraste!

Ante la insuficiencia e incapacidad del INVU, don Oscar tuvo el acierto, en su primera administración, de crear el Ministerio de la Vivienda, aun sin cartera, porque su ley constitutiva tardó unos años más. Pero ya era consciente, entonces, de la necesidad de la racionalización de la institución encargada de proveer de vivienda a los pobres.

Como se ve, el tema de cerrar instituciones no es nuevo. Tampoco las críticas, porque los analistas tienen más de 20 años de censurar la irracionalidad y la duplicación de funciones, para no hablar del volumen inaudito de recursos para los pobres que se va quedando en el camino, entre salarios por funciones duplicadas, programas no evaluados por su desempeño, insuficiente capacidad de gestión y baja pertinencia de iniciativas.

Lo realmente nuevo es este proyecto de ley, apoyado por el vocero más ilustre de una tienda contraria y aplaudido por el más prestigioso formador de opinión pública.

Echar el cerrojo. La iniciativa de don Ottón es un acrónimo que encierra toda una filosofía aspiracional de la función pública: cerrar instituciones, eliminar duplicidades, reunificar funciones, redefinir rectoría, ahorrar recursos y reducir la pobreza (C.E.R.R.A.R.).

Es un programa de acciones que toman al toro institucional por los cuernos y les ponen cascabeles a los gatos burocráticos. Significaría el nacimiento racional de una verdadera rectoría consolidada de funciones dispersas, manteniendo el mismo nivel de inversión pública y permitiendo una evaluación centralizada y transparente de su desempeño.

Un proceso semejante de consolidación institucional se reveló decisivo en el establecimiento de la rectoría del comercio exterior. Aun así, se tardó diez años. Nuestros pobres no deberían tener que esperar tanto. De ahí la importancia, desde ya, de sumar voces de apoyo.

Es el primer paso y a don Oscar y a La Nación les honra no haber dudado en cruzar la calle hacia la acera contraria. Esta actitud es muestra de remanentes de la hidalguía tica que todavía sobrevive en tiempos de cinismos posmodernistas.

Pero aunque muchos así quisiéramos desearlo, este virtuoso alineamiento de astros no necesariamente prefigura buen futuro. Si por la víspera se saca el día, no hubo aplausos en la Asamblea Legislativa cuando se introdujo el expediente 19.834. Todo lo contrario, crujir de dientes y desgarro de vestiduras del fariseísmo imperante.

¿Y el gobierno? En otras iniciativas semejantes de consolidación institucional, a través de la Agencia Nacional de Fomento Productivo, don Luis Guillermo está proponiendo a la Asamblea Legislativa centralizar recursos, redefinir rectorías, enfrentar la dualidad y mejorar la institucionalidad.

Se trata de la misma filosofía política y también enfrenta intereses creados. Por ello, tenemos derecho a esperar que también apoye el sentido de oportunidad y sensatez de la propuesta de don Ottón, aunque no necesariamente sea siempre el mejor santo de su devoción.

¡Pásese a esta acera, don Luis Guillermo! Sé lo duro que es llenarse de más carga, pero usted mejor que nadie sabe que hacia las estrellas no hay camino fácil.

Con usted, definitivamente seremos más. Su peso es grande. Si alguna diferencia menor subsiste, en el camino se arreglan las cargas. Ad astra per áspera.

La autora es catedrática de la UNED.

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