Opinión

Una política exterior vigorosa

Actualizado el 08 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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Una política exterior vigorosa

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Durante la administración de la presidenta Laura Chinchilla nuestro país desarrolló una política exterior vigorosa y exitosa, de la que todos los costarricenses debemos sentirnos orgullosos.

Gracias a ella, alcanzamos notables logros, impulsamos nuestros principios e intereses, y acrecentamos nuestro reconocimiento internacional, contrariamente a lo que afirmó el presidente, Luis Guillermo Solís,, en una entrevista publicada en La Nación el pasado 28 de setiembre, con el título “La voz de Costa Rica se volvió muy débil”. En ella, el señor presidente dijo: “Encuentro a Costa Rica poco posicionada. Con excepción de dos o tres temas, en términos generales veo mucha ausencia de costarricenses en distintas comisiones y grupos de trabajo, donde podríamos tener una participación mucho más distinguida, en grupos que tienen que ver con luchas de la mujer, en los temas indígenas y otros de derechos humanos”.

En vista de esas infundadas declaraciones, citaremos algunos de los hechos más relevantes en el ámbito de nuestras relaciones exteriores, para refrescar la memoria reciente de los costarricenses. Como representantes de nuestro país en el ámbito multilateral, fuimos parte de esa política, y nos sentimos orgullosos de haber contribuido a su exitoso desempeño.

Acción hemisférica. En Centroamérica, la Administración Chinchilla actuó frente a los procesos de integración, conforme lo exigían las circunstancias. Tomó el toro por los cuernos, asumió un papel de liderazgo, se acercó a los otros socios del Sistema de Integración de Centroamérica (SICA) para recabar su apoyo y encabezó un plan de reformas, que todavía estará en ejecución por varios años, para darle al sistema mayor eficacia y transparencia, instaurar un método de rendición de cuentas y generar una distribución equitativa del poder. El actual Gobierno, en lugar de desconocer ese liderazgo, debe consolidarlo.

Costa Rica también se acercó al Caribe, tanto en el plano bilateral como en el multilateral. En cuanto a lo primero, se hicieron avances notables en las relaciones con varios países; en cuanto a lo segundo, asumimos una política proactiva en la Asociación de Estados del Caribe (AEC). Allí, desempeñamos la presidencia de la Comisión del Mar Caribe, columna vertebral de la Asociación, y la vicepresidencia de la Comisión de Turismo, crucial para la región. Todo ello nos ha posicionado como un socio respetado y apreciado por los países hermanos del Caribe, un avance esencial frente a la virtual ausencia del pasado.

En la Organización de Estados Americanos (OEA), lideramos la defensa del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, en la Asamblea General Ordinaria realizada en Cochabamba, Bolivia, en el 2012 y, particularmente, en la XLIV Asamblea General Extraordinaria que tuvo en lugar en Washington D. C., en marzo del 2013, presidida por el entonces canciller, Enrique Castillo. Además, Costa Rica presidió, en parte de ese periodo, la Comisión Interamericana de Mujeres, en la persona de la exministra Maureen Clark.

Ese mismo año, Costa Rica asumió la copresidencia del Foro de Cooperación América Latina-Este de Asia, que comparte con Tailandia, como una muestra más de proyección internacional. En diciembre del 2011, Costa Rica fue elegida como tercer presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), presidencia que asumimos en enero del 2014. Desde esa posición, el presidente Solís ha podido destacarse en reuniones en Pekín y Río de Janeiro. Igualmente, dejamos a Costa Rica en el umbral de la Alianza del Pacífico, en una etapa que los propios miembros consideran “más allá de la categoría de candidato”, para que la Administración Solís pueda consumarla. De hacerlo, nos incorporaremos a un bloque que representa una gran porción de la economía de América Latina y tiene una relevancia política trascendental. A esto se añaden los esfuerzos emprendidos desde el Ministerio de Comercio Exterior para integrarnos a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que han marchado con gran éxito. De nuevo, el Gobierno, lejos de desconocer estos avances, debería preocuparse por consolidarlos.

En la ONU. En las Naciones Unidas, logramos la elección de Costa Rica como miembro del Consejo de Derechos Humanos en el 2011. Presidimos el grupo Forest 11 (Foresta 11), para la protección de los bosques, y tuvimos activa participación en el Grupo de los 5 Pequeños (Small 5), que plantea reformas a los métodos de trabajo del Consejo de Seguridad, así como en el grupo Unidos para el Consenso (United for Consensus), que lucha por una reforma general de ese órgano. Nuestro embajador presidió por dos años el Comité de Información de la Organización, por tres su Grupo de Trabajo sobre Jurisdicción Universal, y fue uno de los dos coordinadores del proceso hacia la Cumbre de los Pueblos Indígenas, que se acaba de celebrar con gran éxito. El embajador alterno formó parte del grupo de expertos sobre el financiamiento del desarrollo, un grupo esencial en el proceso para definir la Agenda de Desarrollo Post-2015.

Del mismo modo, durante la Administración Chinchilla, nuestro país fue elegido en el Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el Consejo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y en el Consejo Ejecutivo de la Organización Meteorológica Mundial. Nuestro embajador ante los organismos de las Naciones Unidas en Ginebra presidió el Grupo de Trabajo sobre Desarme Nuclear y el Grupo de Trabajo sobre el Derecho a la Paz. Hicimos la campaña para la reelección de una costarricense como subdirectora de la Organización Internacional para las Migraciones, que fructificó en los primeros días de la Administración Solís.

Pero, sobre todo, en la ONU, como miembros del Grupo de los Coautores, logramos la aprobación del Tratado sobre Comercio de Armas, un hito de nuestra política exterior. Su iniciativa debe mucho al expresidente don Óscar Arias; su éxito, forjado durante tres administraciones, fue coronado el año pasado, y nos convertimos en el quinto país en ratificarlo.

También aquí. En nuestra capital, fuimos sede de tres cumbres de presidentes del SICA; de la Primera Conferencia de Alto Nivel de los Países de Renta Media, en asocio con la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi); de la Cumbre Mundial de Juventud y Nuevas Tecnologías BYND 2015, organizada junto a la UIT; de la celebración por parte de la Unesco, del Día Mundial de la Libertad de Prensa, y de la Primera Reunión Internacional Acción Global contra las Atrocidades Masivas. Además, todo quedó listo para la reunión contra las municiones de racimo, que inauguró hace pocas semanas el presidente Solís.

Estas y otras acciones de nuestra política exterior, así como los éxitos del país en otros ámbitos, fueron tan altamente reconocidas que, en el término de unos pocos meses del 2013, nos visitaron los presidentes de México, Enrique Peña Nieto –en su primera salida en visita de Estado de su mandato presidencial–, y los de las dos mayores potencias mundiales: Barack Obama, de los Estados Unidos, y Xi Jinping, de China. Esto es presencia mundial y posicionamiento internacional de primer orden. Es reflejo de una voz clara, respetada, admirada y escuchada en el mundo.

La actual Administración tiene ahora la oportunidad de darle continuidad a estas y muchas otras iniciativas, tomar otras, y continuar engrandeciendo el nombre y defendiendo los intereses y aspiraciones de nuestro país.

Nota final sobre Nicaragua. Ante la pregunta de si el manejo de las relaciones con Nicaragua habría sido un “pecado” o factor distorsionante, el presidente respondió que pudo haber restado “fuerza y perspectiva en otros ámbitos”. Obviamente, no fue así, como lo demuestran los hechos mencionados. Obviamente, además, tuvimos que dedicar enormes esfuerzos al manejo de la crisis con Nicaragua, por obligación ineludible con nuestra integridad territorial ante la gravísima agresión de la que hemos sido víctimas y por necesidad impostergable de garantizar seguridad jurídica en relación con nuestros límites marinos. Es algo que no debemos olvidar. Estas tareas el Estado las realizó de forma seria y eficiente, en el marco de nuestra tradición de paz y respeto al derecho internacional. Al final, la nueva Administración recibió el legado de un conflicto controlado, que solo espera el fallo de la Corte Internacional de Justicia, y de una política exterior claramente perfilada. Nunca, sin embargo, debe minimizarse la amenaza latente que significa un proceso armamentista y gobernado por un grupo al que mueven delirios expansionistas.

Manuel Dengo, exembajador ante los organismos de la ONU en Ginebra.

Edgar Ugalde, exembajador en la OEA.

Eduardo Ulibarri, exembajador en la ONU, Nueva York.

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