Opinión

La permanencia del cambio

Actualizado el 31 de diciembre de 2013 a las 11:50 pm

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La permanencia del cambio

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Hace algún tiempo leí un libro del cual quiero hacer a ustedes aunque sea un apretado resumen. Se titula Cambiando para bien , con el subtítulo: “Un revolucionario programa de seis etapas para superar malos hábitos e impulsar su vida positivamente hacia adelante”. Aunque no es reciente, pues fue publicado por primera vez en 1994, me parece que sus enseñanzas siguen estando plenamente vigentes, y de ahí el interés por compartirlas.

En la obra, sus autores, los psicólogos estadounidenses James O. Prochaska, John C. Norcross y Carlo C. Diclemente, resumen los resultados de muchos años de investigación acerca de los factores que determinan que una persona logre, o no, superar exitosamente, y por sí sola, algún estilo de vida negativo. En principio, el libro está orientado hacia hábitos tales como el fumado, el alcoholismo, el consumo compulsivo, etc. Sin embargo, las ideas y sugerencias que propone son perfectamente generalizables a otras clases de conductas perniciosas, patrones de pensamiento adverso o situaciones de vida negativas; en fin, a cualquier clase de situación que se pueda querer o necesitar cambiar para bien.

Según se expone, las personas que son capaces de lograr una transformación exitosa en su vida (lo cual supone no solo completar el cambio deseado, sino, además, lograr que este se prolongue en el tiempo), suelen pasar por una secuencia de seis etapas claramente definidas, ninguna de las cuales es posible omitir. Cada período posee sus características propias, y la probabilidad de superarlo con éxito requiere actitudes y estrategias particulares.

Pre-contemplación. En esta fase, el individuo generalmente no es consciente todavía de la existencia de un conflicto que requiera solución, o se resiste a admitir su existencia. No obstante, el problema es real y presenta manifestaciones objetivamente observables por los demás, ya sean amigos, familiares u otros. En esta etapa, la influencia de las otras personas, o bien la existencia de elementos tales como un diagnóstico médico, es lo que suele impulsar al individuo al siguiente paso.

Contemplación. Esta fase se inicia cuando la persona admite la existencia del problema y comienza a considerar hacer algo al respecto. En ella es usual buscar (o recibir de otros) información sobre el tema y lo que se podría o requeriría hacer para lograr un cambio positivo. A pesar de que es una etapa indispensable, muchos pueden caer en una contemplación indefinida, en la que, pese a tener claro que algo anda mal, se posterga la toma de acciones de cambio, ya sea por indecisión, negativismo o debido a trampas tales como la racionalización o el pensamiento fantasioso. Para evitarlo, existen técnicas de estímulo emocional que permiten continuar avanzando.

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Preparación. Aquí es cuando la persona se compromete a cambiar, tanto consigo misma como con otros, y, para ello, reúne la energía, la voluntad y los recursos para dar el salto adelante. En este momento, el foco de atención ya no va dirigido tanto hacia lo negativo del pasado como hacia las consecuencias positivas del cambio que se persigue. La preparación es como un ensayo para la fase siguiente. Evidentemente, el éxito que se obtenga irá directamente ligado a cuán bien, o no, se realice esta previsión.

Acción. La fase de acción es la que generalmente tenemos en mente cuando pensamos en cambiar alguna conducta o situación adversa, porque es en ese momento cuando se dan los pasos concretos para lograrlo. Pero esto es un error que puede llevar al fracaso, pues el cambio no se agota aquí, y omitir las etapas siguientes es lo que más frecuentemente hace que las transformaciones pretendidas se queden cortas. A lo largo de este plazo existen diversos mecanismos (como las autorrecompensas y el control del entorno) que incentivan a adoptar las acciones de cambio efectivo.

Mantenimiento. Durante este período –que puede ser corto o, según sea el caso, prolongarse por el resto de la vida (por ejemplo, en el caso de un alcohólico en recuperación)– es necesario desarrollar una serie de estrategias y acciones que hagan sustentable el cambio y eviten que la persona retroceda y vuelva a caer en la situación que se ha logrado cambiar. El apoyo de familiares, amigos, profesionales, grupos de terapia, etc., es fundamental para lograr que las transformaciones logradas se tornen permanentes.

Clausura. Finalmente, la etapa de clausura es el momento en que el individuo puede declarar una victoria definitiva sobre su problema, seguro de no regresar nunca más a él.

Algunas circunstancias, como en el ejemplo del alcoholismo, nunca podrán llegar a la clausura definitiva, pero otras sí. Sea como fuere, es en este momento cuando se adquiere la perspectiva de un cambio positivo y de una vida más plena y feliz.

Para concluir, me parece que lo fundamental de esta obra es que reafirma que el cambio personal positivo es siempre posible y, para ello, identifica y clarifica los pasos y las técnicas que ayudan a lograrlo.

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Que el inicio del nuevo año sea una oportunidad propicia para que todos logremos adquirir un nuevo control sobre nuestros destinos y avancemos hacia el ideal de la felicidad.

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