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El padre Armando Alfaro, un educador fuera de serie

Actualizado el 05 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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A finales de la década de los cincuenta, el padre Delio Arguedas gestionó y consiguió la creación de un colegio vocacional en Desamparados. Inició al frente de este y poco después encargó al padre Armando Alfaro Paniagua la dirección del nuevo centro. Se inició así el camino de una prestigiosa institución, líder por muchos años en la formación de jóvenes técnicos para mejorar la calidad de la producción y dar empuje a la industria costarricense.

Y los profesores ¿dónde estaban? Pues trabajando como operarios calificados en modestos talleres del área metropolitana. El Padre Alfaro fue en busca de las y los mejores ebanistas, torneros, mecánicos, electricistas, costureras y otros, y les ofreció convertirlos en profesores. Tentadora oferta para muchos de ellos, aunque otros no se interesaron o tuvieron temor. Los que se atrevieron pronto recibieron la guía, la luz pedagógica del Cura Alfaro, y así, aquellos operarios artesanales poco a poco comenzaron a verter su sabiduría en las ávidas mentes de los jóvenes a su cargo, esta vez en el aula-taller del Colegio Vocacional Monseñor Sanabria.

Aquella “capacitación inicial” a cargo del presbítero Alfaro poco a poco se fue complementando con otras oportunidades para los nuevos profesores. Ellos, ansiosos de mejorar, se apuntaron a cuanta oportunidad les conseguía el padre. Así, pronto se hicieron bachilleres estudiando duro por la noche, asistían a seminarios y cursos intensivos de preparación pedagógica en coordinación con la Universidad de Costa Rica y la Escuela Normal. Más tarde, muchos de ellos tuvieron la oportunidad de viajar a Europa y enriquecer su formación en prestigiosos institutos y universidades en España, Italia, Alemania entre otros países. Algunos otros mejoraron su formación en Argentina, Brasil, México, Chile, etc.

Los que años después tuvimos la suerte de ser tomados en cuenta por el padre Alfaro para formar parte del personal del “Voca”, llegamos a beber de la sabiduría, no solamente del director, sino también de todo el personal docente, académico y técnico, que tanto en las aulas como en los talleres derramaban su saber y su amor por la enseñanza.

Aquella era una verdadera “universidad interactiva”, obra del padre Armando Alfaro Paniagua. El cura siempre cuidó por sí mismo de la selección y nombramiento del personal docente y administrativo de su colegio, y en el MEP siempre respetaron su criterio. Él sabía muy bien lo que más convenía para su proyecto educativo. Como director, el padre no solo fue el faro orientador de vocaciones para la formación de buenos técnicos para el desarrollo costarricense: él era al mismo tiempo el amigo incondicional de sus profesores y alumnos, el gran compañero y a la vez el jefe riguroso pero comprensivo de las personas y las situaciones relacionadas con la vida de los que lo rodeaban.

La influencia positiva del Padre Alfaro trascendió mucho más allá de su querido colegio. Otros colegios vocacionales recibieron indirectamente las luces del presbítero estudioso, que se había formado rigurosamente en el campo de la educación técnica en los Estados Unidos. De allí su enorme contribución en la estructuración, primero del departamento, y más adelante de la Dirección General de la Educación Técnica en el MEP.

Benemérito de la patria. Esta breve pincelada del Padre Alfaro como director del “Voca” nos parece necesaria, porque más allá de su reconocida labor en el campo del bienestar social, como fundador y primer presidente ejecutivo del IMAS y presidente del Colegio de Periodistas de Costa Rica, el ilustre sacerdote fue un extraordinario director de colegio y un maravilloso educador. En su condición de pastor de la Iglesia católica, ejerció como profesor en el Seminario Mayor y fue luz para todo el pueblo costarricense desde el Eco Católico.

Por lo anterior, algunos heredianos creemos que como hijo predilecto de la provincia, su trayectoria justifica que el Colegio Vocacional de Heredia lleve su nombre y pase a llamarse Colegio Vocacional Presbítero Armando Alfaro Paniagua. Tienen la palabra los alumnos y profesores de dicho colegio.

Por nuestra parte, nos atrevemos también a sugerir su nombre para ser declarado benemérito de la patria. Los argumentos sobran. Tienen la palabra de los diputados de la nueva Asamblea Legislativa, y la Administración Solís Rivera como un todo, que estamos seguros sabrán reconocer los méritos de un costarricense fuera de serie, cuyos valores son hoy más vigentes que nunca y pueden inspirar las mejores acciones de la educación costarricense, en el presente y el futuro inmediato.

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