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Las mujeres en el mercado laboral costarricense

Actualizado el 08 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Las mujeres en el mercado laboral costarricense

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Aun cuando las mujeres ocupadas tienen más educación formal que los hombres, en promedio, el sector femenino continúa siendo más vulnerable al desempleo, subempleo y a desigualdades en las remuneraciones. Este es el panorama del mercado laboral femenino en Costa Rica.

La Encuesta Continua de Empleo (ECE) muestra que para el tercer trimestre del 2013 la fuerza de trabajo costarricense estaba compuesta en un 38,1% por mujeres.

La participación masculina neta en el país es del 75,7% y la ocupación del 69,9%, mientras que la dinámica del sector femenino representaba un 47,6% y un 42,3% respectivamente. Si bien en el comparativo histórico queda reflejada una tendencia hacia una mayor incorporación laboral de las mujeres (en la década de los setentas no alcanzaba ni el 20%), sigue existiendo una importante brecha de género.

Oportunidades. En promedio, las mujeres que se suman al mercado de trabajo tienen más educación formal que los hombres: un 46,6% de las trabajadoras, como mínimo, ha terminado la secundaria frente a un tercio de los hombres ocupados, lo que indica que hay un importante grupo que está preparado para participar en los sectores más dinámicos y modernos de la economía.

Por ramas de actividad, las mujeres muestran, respecto a los hombres, una mayor participación en actividades relacionadas con el comercio y servicios, puestos científicos e intelectuales, así como en cargos de apoyo y administrativos.

A pesar de ello, la brecha salarial más alta en perjuicio de las mujeres (51,3%) se ubica precisamente en el sector de actividad que ocupan de forma predominante (comercio y servicios).

En los puestos de directores y gerentes, la participación es del 2,8% en hombres y del 2,5% en mujeres; sin embargo, el ingreso promedio es un 20% más bajo para las trabajadoras. En cuanto al grupo de profesionales científicos e intelectuales, la diferencia en el sueldo es de un 26,6%, y de un 12,45% en las ocupaciones elementales.

Una mayor participación femenina también conlleva mayores índices de desempleo. De acuerdo con la ECE, la tasa de desempleo abierto durante el tercer trimestre del 2013 era de un 8,9%.

Al desmembrar por género los datos, se evidencia que el desempleo golpea con mayor fuerza a las mujeres (11,1%), principalmente con estudios secundarios inconclusos, en comparación con los hombres (7,5%).

De acuerdo con el más reciente informe del Estado de la Nación , una mujer entre los 15 y 24 años tiene 4,9 veces más probabilidades de estar desempleada que un hombre adulto, y, si hay tres hombres desempleados, dos de ellos encontrarán trabajo en menos de tres meses, mientras que para las mujeres el periodo podría duplicarse.

Roles sociales. Los patrones culturales, principalmente en los sectores de menores ingresos y educación, continúan desincentivando el trabajo remunerado femenino debido a la desigual distribución de las responsabilidades domésticas.

Una mujer desempleada dedica en promedio 34 horas a la semana al cuido de niños, ancianos y discapacitados, de ahí la importancia de iniciativas como la Red Nacional de Cuido que busca la incorporación de más mujeres al mercado laboral (ello al margen de las dificultades identificadas en la correcta medición del cumplimiento de las metas establecidas para el programa).

Las mujeres son fundamentales, al igual que los hombres, en el crecimiento económico del país, y las políticas de empleo ligadas al fomento productivo deben permitirles aspirar a más y mejores oportunidades.

Discusión urgente. Urge discutir sobre la conveniencia nacional de iniciativas tangibles para una mayor y sostenida participación laboral de mujeres con responsabilidades familiares, tales como la implementación de jornadas flexibles, el teletrabajo y la capacitación técnica continua, e insistir desde el seno del hogar para que la discriminación negativa por género no se siga heredando de una generación a otra.

Si bien hemos logrado importantes avances, aún hay retos que superar y estereotipos que borrar para continuar venciendo la precariedad, la desigualdad y las brechas en las remuneraciones.

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