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¿Por qué las mujeres no lo impidieron?

Actualizado el 30 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

Hillary abrió el camino para que más mujeres aspiren a cargos del más alto nivel

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¿Por qué las mujeres no lo impidieron?

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Cuando hay mujeres en cargos de decisión política –gobiernos locales, el Congreso e instituciones del Poder Ejecutivo– aumenta la probabilidad de que los intereses de las mujeres sean incorporados a la agenda de políticas públicas y los derechos de las niñas sean protegidos; se dedican más recursos a servicios esenciales y al sector social, como salud, educación y protección del medioambiente.

También está demostrado que cambia positivamente la actitud de la sociedad hacia las mujeres, aumenta la aceptación hacia dirigentes femeninas y disminuyen los prejuicios y los estereotipos negativos sobre su eficacia como líderes.

El liderazgo político femenino eleva las aspiraciones de niñas y adolescentes, hasta el punto de que pueden mejorar su rendimiento académico, según demostró un experimento llevado a cabo en la India en 1993.

Las mujeres son el 52% del electorado estadounidense. Desde hace 20 años, el 54% de ese electorado femenino se ha autodeclarado cercano al partido demócrata. El dato coincide exactamente con el porcentaje de voto femenino que recibió Hillary Clinton el 8 de noviembre, en que aventajó por 12 puntos al presidente electo, margen que decepcionó a muchas mujeres que creían que su género votaría masivamente por la candidata demócrata.

Ambivalencia. ¿Por qué un misógino confeso, que ofendió repetidamente a las mujeres, obtuvo tan alta proporción de sus votos? ¿Por qué las mujeres no lo pararon masivamente para poner por primera vez a una de las suyas en la presidencia del país más poderoso? ¿Es una traición al género femenino no votar por una mujer? ¿Es la solidaridad de género un mito? ¿Será que es cuestión de élites con cierto nivel académico y cultural o de mujeres de determinada edad? ¿Acaso se puede hablar de un único motivo movilizador del voto de las mujeres?

En una elección cuyos resultados son de una multicausalidad quizás inédita, la respuesta a esa pregunta es compleja. Pero adelantaré una frase que puede englobar la complejidad: las mujeres, en nuestra infinita diversidad, no podemos ser metidas todas dentro de un mismo saco; nuestra identidad no se agota en el género. Veamos algunos números en contexto para comprenderlo mejor.

Hillary Clinton tuvo uno de los más amplios márgenes de diferencia por género de la historia y ganó el voto femenino en los llamados battleground states (estados donde el resultado estuvo muy disputado). Pero al desmenuzar la composición del voto femenino, se hace evidente una gran ambivalencia.

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La clase social, el nivel educativo, las creencias, la raza y la edad, entre otros factores, tienen mucho que ver en la definición de la conciencia de género. Por ejemplo, en las primarias del partido demócrata, si bien Hillary se alzó con el 63% de los votos de mujeres, el género no pesó entre las votantes millennials: la mayoría prefirió a Bernie Sanders, un septuagenario. En cambio, en la elección nacional, Clinton obtuvo el 10% más del voto millennial que Donald Trump, pero él ganó entre las jóvenes blancas.

Entre todas las mujeres de raza blanca, Clinton recibió solo el 43% de los votos, pero obtuvo 94% de las afroamericanas y el 68% de las latinas. Las que profesan alguna fe de origen cristiano apoyaron mayoritariamente al candidato republicano, con excepción de las hispanas.

Por otra parte, Clinton ganó con el 62% entre las no casadas, y es la primera demócrata en 20 años en ganar el voto de las casadas, con 49% de este grupo (2 puntos más que Trump).

Entre las mujeres sin título universitario, Clinton ganó apenas el 34% de los votos, pero entre las graduadas universitarias recibió el 51% (70% entre las graduadas no blancas) y su rival, el 45%; es decir, solo un 6% más de las mujeres con mayor educación prefirieron a una semejante a ellas, sumamente experimentada, por encima de un machista inculto.

Más allá de los números. Más allá de lo que demuestran los datos, he podido encontrar tres grandes causas para responder a la pregunta planteada en el título.

1. Los temas que Clinton priorizó en su campaña y que la mayoría de las mujeres dijo que le importan, como aborto, medioambiente, derechos de las mujeres, personas LGTB, minorías étnicas y raciales y nombramientos en la Corte Suprema no fueron los que definieron la elección, según el Pew Research Center y otros centros de investigación.

La economía y el terrorismo fueron los temas top para el 80% de los votantes, seguidos por política exterior, posesión de armas e inmigración.

2. Su condición de figura política tradicional, vista como parte de un sistema corrupto e incapaz de resolver las necesidades de una gran parte de la población, pesó más que su condición de mujer y de abanderada de las necesidades de su género.

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A pesar de que Clinton está de sobra calificada para gobernar, es una figura muy polarizante y tiene fallas notables en credibilidad y carisma, fallas que en una estructura machista de poder pagan una factura más alta cuando se es mujer.

Por otra parte, su ataque directo al machismo de Trump fue usado por este para revivir los escándalos de faldas de su esposo Bill, los cuales terminaron salpicándola indirectamente.

3. Para la experta en género y política Kelly Dittmar, en un electorado profundamente radicalizado, la adhesión partidaria es mayor que la adhesión al género. Los números lo confirman: fuera del partido demócrata, solo un 8% de las republicanas dijo haber votado por Hillary, así como un 47% de las independientes.

Voto en contra. A pesar de que los partidos republicano y demócrata están en crisis, como lo están los grandes partidos de la mayoría del mundo democrático, al final, tanto las bases como las élites partidarias se alinean para apoyar al candidato investido, sea quien sea, les guste mucho o poco.

Para la politóloga Julia Azari, esto es así porque la aversión al partido y al candidato contrario es mucho más fuerte que el desencanto por el propio.

En un estudio de Pew de setiembre, el 53% de los partidarios republicanos dijeron que su voto era principalmente en contra de Clinton, y en otras encuestas preelectorales, 7 de cada 10 electores dijeron que nunca votarían por el partido opuesto.

Pasada la elección, en una encuesta a boca de urna de CNN, más de la mitad de los votantes de ambos partidos dieron una opinión desfavorable del candidato contrario y el 95% favorable del suyo.

Es justo decir, entonces, que esta elección fue definida principalmente por el voto en contra de, o voto obstruccionista.

Para quienes habríamos preferido que Hillary Clinton fuera elegida (aun si en muchos aspectos no nos parecía la candidata ideal, pero sí muy preferible a Trump) queda la satisfacción de que desafió con altura y fuerza el modelo patriarcal de poder, y abrió el camino para que más mujeres dentro y fuera de EE. UU. aspiren a cargos de decisión del más alto nivel.

La autora es activista cívica.

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