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Actualizado el 03 de junio de 2012 a las 12:00 am

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¿Se pueden corregir las fallas de gestión y operativas de nuestras organizaciones asociativas importando experiencias y modelos de gestión de las escuelas de administración internacionales? No hay duda que hoy en día existen sistemas informáticos y de análisis financiero que pueden ser de gran utilidad si se adaptan adecuadamente a nuestro medio, pero ¿por qué será que a veces cuando se incorpora un gerente externo en una cooperativa “para salvarla”, aunque la situación financiera mejora inicialmente después esta decae y se desintegra la organización?

A qué nos referimos. Cuando hablamos de organizaciones de base comunales o de producción y servicios especialmente en el mundo en desarrollo donde se pretende que estas contribuyan a generar ingresos creando confianza y cooperación capaz de contribuir a democratizar sus propias sociedades, es preciso definir de saber a que nos estamos refiriendo para actuar correctamente y no hacer transferencias conceptuales y metodológicas, provenientes de otros contextos socioeconómicos que en vez de contribuir a su comprensión y apoyo nos lleven a errores de análisis y operativos crecientes.

Las organizaciones son un producto histórico, se desarrollan en contextos institucionales y sociales concretos. Las forman los seres humanos, según sus circunstancias para responder a sus necesidades. En este sentido sus formas de organización, relaciones de poder, valores, formas de gestión, liderazgo y administración se gestan y corresponden a las condiciones y circunstancias prevalecientes.

Concepción ideológica. Cada forma de organización responde a una concepción ideológica de la gestión que contribuye a configurar sus políticas y a matizar sus sistemas operativos. La congruencia entre la concepción ideológica, la forma de organización, gestión y administración propicia el alcance de mejores resultados y consolida la empresa u organización. En este proceso y no con cursillos, que pueden ser auxiliares pero no sustituir a la práctica, es que se configuran y consolidan los valores que sustentan su funcionamiento.

En su quehacer concreto las organizaciones estimulan la configuración de teorías y técnicas que responden a sus condiciones y prácticas. El traslado de estas teorías a otros contextos institucionales y sociales, sin considerar el tipo de organización en que surgieron, la congruencia con el modelo ideológico, la diferencias institucionales o prácticas sociales, puede resultar poco efectivo cuando se considera la experiencia de los empresarios del mundo desarrollado como la única experiencia científica a la que es preciso ajustarse. Los avances técnicos en finanzas y administración son de más fácil transferencia, pero aun así exigen confirmar su necesidad y facilitar los procesos de adaptación.

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La caracterización histórica, de acuerdo al tipo de organización y a la situación, es particularmente importante para los liderazgos de organizaciones asociativas e institucionales de participación social. En este tipo de organizaciones los liderazgos unipersonales, tipo empresa familiar, restringen, en el mediano y largo plazo, el desarrollo y consolidación de la organización. Los grandes formadores de instituciones como la Universidad de Costa Rica (Rodrigo Facio), o de cooperativas como Coopesa (Rodolfo Solano) o Coopesilencio (Pablo Bejarano) han sido gerentes formados por el proceso al mismo tiempo que, participando de la información a los equipos de dirección, estimulaban su formación y desarrollo.

La organización asociativa demanda un liderazgo social de equipo, donde el conocimiento y calidades de quienes ocupan la dirección se van socializando y formando, siguiendo los fundamentos sociales de la empresa u organización y los principios de la andragogía, nuevos cuadros para la gestión de los diversos niveles organizacionales. Es por esto que la formación y selección de líderes se debe estimular en el proceso mismo de construcción de la organización permitiendo el descenso en cascada la información y provocando la participación a todos los niveles de esta.

Teoría orientadora. En este sentido, valorando lo propio y abocándonos al estudio de las prácticas asociativas más relevantes que han florecido en nuestro país, en vez de trasplantar mecánicamente costosas experiencias aparentemente avanzadas técnicamente, pero que no consideran el contexto, es el mejor camino para construir una teoría que oriente y fortalezca nuestra práctica. Debemos conocer primero lo nacional para aprovechar si queremos hacer uso óptimo de lo universal.

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