Opinión

Un joven negro muerto en Peñas Blancas

Actualizado el 30 de mayo de 2016 a las 12:00 am

La diputada Maureen Clark levantó su voz para denunciar y recibió una avalancha de insultos

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Un joven negro muerto en Peñas Blancas

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Sí, señores y señoras, así como lo leen, un joven negro de 23 años, migrante, murió aparentemente de inanición en la frontera de Peñas Blancas, tirado en el suelo entre basura y barro, en su intento de cruzar nuestra frontera norte para seguir su camino hacia los Estados Unidos.

Un ser humano huyendo de la pobreza, sorteando a la Policía costarricense y a los coyotes; murió en la calle, tenía 23 años de edad. Murió cual ser abyecto en nuestra sociedad, sin dinero, sin visa, sin familia, sin apoyo, sin comida, con hambre.

La diputada Maureen Clark levantó su voz y denunció este hecho vergonzoso para el país, y recibió, a través de las redes sociales y los periódicos digitales, una avalancha de insultos, una demostración del sentimiento sexista, machista y racista que nuestra sociedad carga dentro de sí.

Improperios que no vale la pena repetir, pero que nos hacen lamentar la dureza y la injusticia con la cual algunos costarricenses enfrentan la migración africana en el país.

Tragedia humana. No estoy hablando en este momento de la Ley General de Migración, ni de si la migración africana debe ser atendida a escala regional o no. Hablo de las personas y sus necesidades en el aquí y el ahora, del drama humano que enfrentamos y no podemos simplemente ignorar o pretender desalentarlo a punta de policías y gases lacrimógenos.

Estoy hablando del hombre y de la mujer, de los niños y de las niñas que huyen de la marginalidad de sus zonas de origen, que dejan todo atrás porque no tienen nada que perder, que buscan en el futuro algo mejor que el pasado no les dio, que solo cuentan con el presente para seguir adelante. Es de ellos que estoy hablando.

No se trata de políticas, ni de responsabilidades institucionales; se trata de las personas y de la necesidad de garantizar que los derechos fundamentales de los migrantes no sean violados en nuestro territorio nacional.

La muerte de este joven negro nos deja claro que algo muy negativo pasa con la estrategia nacional para abordar el problema, dado que la ejecución de una política restrictiva migratoria hacia esta población está más bien fortaleciendo el coyotaje y dejando en estado de vulnerabilidad, aún más, a los migrantes. Debemos repensar la estrategia, antes que tengamos más vidas que lamentar.

Racismo. ¿Qué hay de los insultos racistas y sexistas? ¿Por qué razón la denuncia de doña Maureen levanta sentimientos de este tipo en nuestra sociedad? Por una simple razón: la sociedad costarricense es racista. Subyace en el discurso social y cultural. Está allí, guardado como un ADN nocivo desde la época colonial, permanece latente debajo de la piel en busca del momento para salir y materializarse.

Entre más claro lo tengamos, más factible será trabajar como sociedad en la eliminación del pensamiento y la conducta racistas.

Usted, costarricense, quien se levanta todos los días para ir a trabajar, agobiado por las presas y la lluvia, piense que en este preciso momento hay migrantes en nuestras calles que huyen de la persecución y la hambruna de países como Haití, Eritrea o Costa de Marfil, personas que han dejado todo atrás para perseguir un sueño de superación y buscan mejores oportunidades de vida.

Apelo a la compasión y al sentido común de la sociedad costarricense para que despertemos de este adormecimiento del alma, cuerpo y corazón, y que demostremos al mundo los verdaderos valores humanistas y solidarios que debemos hoy ejercer en esta dura prueba que la historia nos impone en nuestro camino.

El autor es antropólogo y politólogo.

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