Opinión

Las seis horas de engaño

Actualizado el 10 de febrero de 2015 a las 10:26 am

‘Gobierne quien gobierne, es garantía para la democracia que los periodistas publiquen la verdad de la que tienen evidencia’

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Las seis horas de engaño

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El líder y ex candidato presidencial del Frente Amplio, José María Villalta, ataca a los periodistas de La Nación, luego de conocerse que su partido tapó a la opinión pública la verdadera razón de la renuncia del diputado Ronal Vargas.

Dice que los reporteros perdieron el juicio y la objetividad, y que incurrieron en una falta ética al publicar que el Frente Amplio ocultó la denuncia por supuesto acoso sexual en contra del legislador.

Villalta se refiere a la cobertura de los hechos ocurridos el jueves 5 de febrero, en cuya noche hasta el presidente, Luis Guillermo Solís, dijo en Twitter sentirse burlado.

Solís lo declaró con solo conocer que la verdadera razón de la renuncia de Ronal Vargas había sido una queja por acoso sexual. No manifestaron menos los diputados de otras fracciones legislativas, quienes se declararon engañados luego de que lloraron e incluso dedicaron al legislador la votación de un proyecto de ley, ante la mirada de diputados frenteamplistas que, sabiendo la verdad, se quedaron callados.

Poco después de las 3 p. m. de ese día, Ronal Vargas había anunciado en el plenario su renuncia, con el argumento de que estaba enfermo y necesitaba abandonar la diputación para someterse a un tratamiento médico.

En forma simultánea, a las 3:16 p. m., el Frente Amplio emitió un comunicado de prensa oficial para informar de que el diputado renunciaba por “motivos personales” y la bancada permitió que la opinión pública se quedara con esa versión, al tiempo que los demás legisladores, y hasta el presidente Solís, expresaban solidaridad.

Razón verdadera. Fueron reporteros de La Nación quienes no se quedaron con el contenido de ese boletín y, conociendo por fuentes anónimas la verdad, lograron plantearle las preguntas pertinentes al jefe de fracción del Frente Amplio, Gerardo Vargas Varela, poco después de las 6 p. m., cuando había terminado la sesión del plenario.

El diputado Vargas Varela, a quien hay que reconocerle los escrúpulos que tuvo al responder las preguntas, expuso la razón verdadera. Reveló que al diputado dimitente se le pidió la renuncia porque una asesora se había quejado de acoso sexual.

Fieles a los hechos. Los reporteros regresaron a la redacción y el equipo empezó a procesar la noticia, a transcribir fielmente la entrevista con el jefe de fracción y a distribuir funciones.

A las 8:30 p. m., el Frente Amplio convocó a una inusitada conferencia de prensa para las 9 p. m. con el fin de revelar la verdadera razón de la renuncia de Ronal Vargas. En ese momento, habrían pasado ya seis horas desde el primer comunicado, y el partido sabía que La Nación publicaría el caso.

Y minutos antes de la conferencia, La Nación publicó en su sitio web la noticia titulada “Jefe de fracción del Frente Amplio revela que diputado renunció por acoso sexual”. Al día siguiente, en la versión impresa, el enfoque fue el siguiente: “Frente Amplio ocultó queja de acoso sexual contra diputado”.

No fue necesario el segundo titular para que la gente se diera cuenta de la burla, del ocultamiento de la información.

El libertario Otto Guevara expresó, cerca de las 10 p. m., que todos fueron “engañados vulgarmente”. El socialcristiano Gerardo Vargas Rojas afirmó que el Frente Amplio le hizo un grave daño al país y el liberacionista Ronny Monge criticó que se jugara con enfermedades: “Hace dos años mi hermana sufrió cáncer y me golpeó mucho recordarlo”.

José María Villalta, sin embargo, la emprende contra los reporteros de La Nación , lo cual entiendo a la luz de una lógica de comunicación política, donde es necesario tener un enemigo común para cohesionar a los simpatizantes. De esa manera, Villalta distrae la atención del hecho más grave, el ocultamiento, y dirige el foco hacia la publicación.

Dice el señor Villalta que los reporteros de La Nación ignoraron lo más relevante: que se obligara a renunciar al diputado Vargas. Al respecto, surgen dos observaciones obvias: la primera, los reporteros de La Nación no somos su oficina de relaciones públicas y, la segunda, ¿cómo pretendía el señor Villalta que el público se diera cuenta del ‘hito histórico’ si ellos lo taparon? No se supo sino fue porque los reporteros lo descubrieron.

Es iluso pensar que, si esto no hubiera pasado, el Frente Amplio habría salido a revelar la verdadera razón dentro de un mes, un año o tres años.

El precio de la verdad. Cuando un medio de comunicación se atreve a publicar hechos que incomodan a los políticos, siempre habrá que pagar un precio. Así ocurrió en el caso Watergate , por el cual el gobierno de Richard Nixon lanzaba agrios ataques contra el Washington Post . Lo acusaba de mentir sistemáticamente y de cometer faltas éticas. La verdad le dio la razón al Post y Nixon cayó tras confirmarse su plan de sabotaje y espionaje contra el Partido Demócrata.

No obstante, los ataques de Nixon en contra del Post calarían en una parte del público que creía en el Gobierno.

Así que no es de extrañar, en el comportamiento político, la reacción de Villalta, como tampoco la fue la del ministro de la Presidencia, Melvin Jiménez, cuando acusó a los reporteros de La Nación de crear una fábula en el caso Soley-procuradora.

Villalta no se quejó cuando estos mismos periodistas hicieron publicaciones sobre políticos de otros partidos. Tales fueron las capacitaciones del Movimiento Libertario, las denuncias sobre el liberacionista Jorge Angulo o las consultorías del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) en el gobierno de Óscar Arias. Incluso recuerdo cuando en el 2014, el entonces diputado del PLN Fabio Molina nos acusaba de crear el fenómeno de José María Villalta, a causa de las denuncias de corrupción que publicaban los medios.

Pero gobierne quien gobierne, es garantía para la democracia que los periodistas publiquen la verdad de la que tienen evidencia, en defensa de la institucionalidad y de las libertades más esenciales.

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Esteban Oviedo

eoviedo@nacion.com

Editor de Política

Editor de Política. Es bachiller en Periodismo por la Universidad Federada. Recibió el premio de La Nación como “Redactor del año” en el 2005 y en el 2007 recibió el premio Jorge Vargas Gené.

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