Opinión

La estimulación prenatal y sus múltiples beneficios

Actualizado el 26 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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La estimulación prenatal y sus múltiples beneficios

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En la primera mitad del siglo XXI, el desarrollo de la psicología profunda ha puesto en evidencia el impacto emocional de la primera infancia y sus repercusiones sobre el comportamiento del individuo.

Todos deberíamos saber que, cuando se produce un bloqueo durante este periodo tan sensible, el sufrimiento puede perdurar el resto de la vida, a menos que las condiciones sean bastante favorables o se haya recurrido a una psicoterapia, en la que se puedan desencadenar nuevas fuerzas.

Actualmente, se tiene conocimiento de que cada una de las etapas de la vida influye en las que están por venir. También sabemos que si un niño recibe amor, si se le reconoce su propio valor, este niño tiene más posibilidades de convertirse en un adulto equilibrado, sereno y armonioso.

Miedos. Pero, en la década de los setentas, la ciencia dio un nuevo paso en la comprensión de la vida, cuando algunos obstetras como Frederik Leboyer, o Michel Odent, y psicólogos y psicoanalistas de todo el mundo, tomaron conciencia de que el momento del nacimiento y su acogida, dejan huellas en el psiquismo.

Se ha afirmado que el 90% de nuestros miedos se instalan en nosotros en el momento de nuestro nacimiento y determinan, en gran medida, nuestro comportamiento de niños, adolescentes y adultos.

Por ello, entre los temas que vamos a tratar en el trascurso de la VII Convención Mundial de Estimulación Prenatal y Desarrollo Infantil, se sugiere que el periodo prenatal podría situarse entre las etapas constructivas de la vida humana, e influir así la vida “de aquel que viene”.

La educación prenatal es el resultado de un conjunto de procesos naturales a través de los cuales el ser se forma, se desarrolla y se informa. En una palabra: se educa. Lo hace a través de las fuerzas de la vida que están en él, a través de los elementos físicos, de los estímulos sensoriales, afectivos, mentales y espirituales que le llegan de su madre.

Estos elementos diversos, positivos o negativos, se integran en la memoria subconsciente, celular, del ser en formación, es decir, en su estructura de base física y psíquica.

Si se informa a los futuros padres de esta educación prenatal natural, ambos tienen la posibilidad y, sobre todo la madre, de dar a este hijo las mejores condiciones en todos los planos.

Madre e hijo. La educación del ser humano, desde la concepción hasta la muerte se efectúa a través de tres procesos fundamentales: la impregnación, la imitación y la experimentación. En la etapa prenatal desde los primeros momentos, la impregnación es total. El niño recibe las sensaciones, las emociones, los pensamientos de su madre que estimulan o inhiben sus funciones y órganos.

Podemos plantearnos: ¿a quién se dirige esta educación?, ¿a la madre o al hijo? La respuesta es a los dos. La simbiosis entre la madre y el hijo es tal que todo lo que vive la madre también lo vive su hijo con ella.

La madre es el primer universo del niño, es su mediadora del mundo. El ser humano en formación, como no está en contacto con el mundo exterior, no puede aprender directamente; sin embargo, recibe estímulos de ese mundo de afuera, a través de su madre, de sus sensaciones, de sus pensamientos, de sus emociones. Y graba sus primeras experiencias compartidas en su psiquismo naciente, en sus células, en su memoria orgánica.

Es válido afirmar que el niño que nace tiene ya un pasado de 9 meses, que en gran parte ha determinado su futura persona. Así que, recuerde: el éxito de las futuras generaciones está en manos de las futuras madres.

Mª Dolores Villa de Madrid, presidenta de la Federación Iberoamericana de Estimulación Prenatal.

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