Opinión

Una encrucijada educativa

Actualizado el 18 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Una encrucijada educativa

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Los recientes resultados de la prueba internacional PISA revelan la encrucijada en la que se encuentra la educación costarricense. ¿A cuál encrucijada nos referimos? Los resultados mediocres de nuestro país en dicha evaluación reflejan la falta de alineamiento, entre una nueva economía basada en el conocimiento y un sistema educativo que sigue enfocado en contenidos y aprendizaje mecánico.

El 3 de diciembre del 2013, se anunciaron los resultados de PISA 2012, prueba internacional que evalúa la calidad de los sistemas educativos de 65 países alrededor del mundo, promovida por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

La prueba PISA mide las competencias de los estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias, tres dominios vinculados con el desempeño efectivo en la sociedad del conocimiento. La prueba se administra cada tres años y Costa Rica participa en ella desde el 2009.

En comparación con el resto de América Latina, Costa Rica no se ve mal. Al igual que en la prueba PISA 2009, estamos en segundo lugar después de Chile en lectura y ciencias; y en matemáticas ocupamos el cuarto lugar. Sin embargo, si nos comparamos con los países de mayor desarrollo económico, entonces, sí que nos vemos mal.

¿Qué tan mal? Bastante. Así como el resto de Latinoamérica, Costa Rica quedó en "el tercio inferior" del ranking . Es decir, la realidad es que dos terceras partes de los países evaluados están por encima del nuestro. Esto nos debe preocupar a todos.

Clara desventaja. Según el informe PISA, si consideramos el desempeño que demanda la actual sociedad del conocimiento en materia de matemáticas, el 60% de los alumnos costarricenses quedó por debajo del estándar mínimo requerido, frente al 23% de los alumnos de la OCDE. En lectura, el 32% de los alumnos costarricenses quedaron rezagados, frente a un 18% de los alumnos de la OCDE (La Nación, “El 60% de colegiales no obtiene el nivel básico en matemáticas”).

Dos años no son suficientes para que el país logre cambiar su bajo rendimiento en lectura y matemáticas en esta prueba. Para la próxima PISA, 2015, estaremos en una mejor posición para evaluar la efectividad de las reformas curriculares en matemáticas y lectura, introducidas entre el 2013 y el 2014.

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Sin embargo, para elevar nuestro desempeño será vital atender, primero, dos grandes desafíos planteados en el último Informe del Estado de la Educación: mejorar la calidad de los docentes y lograr la efectiva implementación de los nuevos programas de estudio.

La calidad docente es determinante en la calidad de la educación que reciben los estudiantes. Por esto, cualquier mejoría en el futuro será directamente proporcional a los esfuerzos que realice el país por reconocer la importante labor de los educadores y capacitarlos para ejercer su liderazgo en la tarea de promover las capacidades de comunicación, pensamiento crítico y creatividad desde el aula.

Mejorar el rendimiento en la prueba PISA debe ser una prioridad de Estado, pues lograrlo implica una visión de largo plazo. Esta prioridad responde al interés real de que las futuras generaciones logren participar activamente en la sociedad del conocimiento, acceder a trabajos dignos y alcanzar una buena calidad de vida.

Así las cosas, es inevitable una pregunta clave para nuestra sociedad: ¿Estamos dispuestos a unir esfuerzos entre los sectores público, privado y civil, para construir una política educativa de Estado, capaz de crear puentes entre la nueva economía del conocimiento y un nuevo sistema educativo que brinde oportunidades para todos?

El futuro de los jóvenes costarricenses está en juego.

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