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Lo divino y lo humano

Actualizado el 15 de febrero de 2017 a las 12:00 am

No sabía que uno responde de las faltas a la ética por lo que dice un tercero

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Don Juan Carlos Hidalgo: no he cometido ninguna falta a la ética como usted afirma ( De frente, 6/2/17), sin ningún sustento. Toda la falta que usted me atribuye la infiere de lo que asevera uno de los líderes de las organizaciones de taxis. Es decir, su acusación, de frente, pero sin sustento, se basa en lo que dice un tercero. No sabía que uno responde de las faltas a la ética por lo que dice un tercero.

Sigue usted de frente y sin sustento, cuando dice que informé sobre el estado de la sentencia, cuando lo único que hice fue llamar desde el teléfono de la encargada de prensa de la Sala, quien escuchó todas las palabras que le dije al señor Vargas y le consta que solo le informé que a pesar del compromiso asumido en las reuniones con los representantes de las organizaciones de taxis se había llevado el asunto para someterlo a discusión de la Sala y se determinó que debía discutirse con la presencia de todos los propietarios, porque varios de ellos estaban de vacaciones. Le consta a la encargada de prensa de la Sala, Vanlly Cantillo, que en la breve conversación yo no me referí a alguno de los temas discutidos en la acción. Estas son sus apariencias, a las que usted le rinde pleitesía.

Nuevamente sigue usted de frente, pero sin sustento, cuando dice que yo adquirí un compromiso de resolver el asunto antes que finalizara el año 2016, ese no fue mi compromiso, sino que en dos ocasiones, ante las manifestaciones que hicieron las organizaciones de taxistas, el 21 de junio del año anterior, en presencia del presidente de la Sala y de la magistrada Hernández, se les dijo que se haría el máximo esfuerzo para discutir y resolver la acción antes que terminara el mes de diciembre del 2016.

No era un compromiso personal, sino que fue una situación excepcional, ante la protesta masiva que en dos ocasiones atendió la Sala. Los que protestaron, con vehemencia y masivamente sobre la tardanza, fueron los representantes de taxistas y no las otras partes, por eso hice una llamada, que escuchó una funcionaria de la Sala, en la que solo me referí a la imposibilidad de cumplir un compromiso adquirido previamente y que fue de conocimiento público, porque así lo informaron los medios de prensa.

No sé porque usted utiliza la máxima sobre la mujer del César, que debe serlo y parecerlo, que además de ser un decir que refleja la aritmética desigual del patriarcado, lo que a usted le parece que es la “realidad de una apariencia”, la deduce de una argumentación sin sustento. No sabía que su columna se nutre de apariencias; ya puede notificarle a sus lectores: usted juzga y recomienda soluciones, con base en la lógica de lo que parece y no de lo que es.

Cuando cita a la Corte Interamericana sobre el tema de apariencias, son otras las que menciona el alto tribunal, no las suyas, fundadas en inferencias derivadas de un comentario hecho en una llamada telefónica de un tercero.

Yo no hice ninguna llamada de cortesía. En la tardanza de la justicia no hay cortesías. Si una de las partes ha hecho instancias formales y de conocimiento público sobre la lentitud en un proceso, como juez debo responder. Mi llamada no fue una cortesía, no estoy para eso, fue la respuesta a un compromiso adquirido frente a los líderes de las organizaciones de taxistas que hicieron dos protestas masivas ante la Sala, quejándose por la tardanza en la resolución de la causa.

No sé por qué razón, cuando leí su columna, creí que estaba leyendo el Libelo de recusación, porque cita hasta la jurisprudencia que se menciona en dicho escrito. Espero que ese libelo no se lo hayan “filtrado”.

No hay duda que su columna es un asunto de apariencias, llamadas de terceros y mujeres que sometidas a la dictadura de lo que parece, pero lo que publica, aunque sea de frente, no tiene sustento. Vale que me dedicó esta columna, porque lo que yo creía que eran sus sesudas opiniones, ahora me percato que bien podrían no ser más que dimes, diretes y apariencias. Sus descalificaciones y sugerencias, son infundadas; no son las que corresponden a un analista que semana a semana define sobre lo divino y lo humano.

El autor es magistrado.

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