Opinión

Un día en el metro de San José

Actualizado el 12 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

Opinión

Un día en el metro de San José

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

This picture loads on non-supporting browsers.
El acceso a una estación imaginaria que conecte la Plaza de la Cultura, Museos del Banco Central y la estación de metro. (Fotomontaje: Daniel Solano)

Hoy, al igual que todos los días, Juan, de 52 años, quien vive en Desamparados y trabaja administrando una tienda de artesanías en Moravia, dejó guardado su automóvil. Él disfruta ahora de poder caminar todas las mañanas acompañando a su hija menor al Colegio Nuestra Señora y luego continuar 200 metros más hasta la estación del metro en el parque. Tras 12 minutos de caminata y dos más de espera, Juan aborda la línea 1, en la que se cruza con gran cantidad de trabajadores de la construcción que van hacia Desamparados. No deja de sorprenderlo la velocidad con que el nuevo transporte urbano está cambiando el paisaje cotidiano. Desde antes de la inauguración del metro, varios desarrolladores están construyendo edificios en ese cantón para empresas atraídas por el alto índice de competitividad de Costa Rica.

“Con este chuzo de tren, uno sí llega volando”, le comenta a Juan un estudiante del Liceo, con quien comparte asiento. En tan solo ocho minutos han pasado por varias estaciones hasta llegar a la intermodal González Víquez, un mall de cinco niveles hacia arriba y tres más hacia abajo en cuyo interior también es posible conectar con el ya totalmente modernizado tren eléctrico. Para Juan resulta sorprendente que en el mall de la estación se hayan podido conservar y ampliar las instalaciones deportivas de Plaza Víquez y que estas coexistan con una enorme cantidad servicios. Tan solo hace una semana Juan vino a topar a esta estación a su sobrina que venía de Miami y prefirió usar el servicio del Incofer para evitar que su tío tuviera que ir hasta el aeropuerto Juan Santamaría. Dicho sea de paso, ahora es posible chequear las valijas desde ahí, tal y como se hace en las principales ciudades del mundo.

Tanto ha cambiado la dinámica de la ciudad, que de vez en cuando Juan confluye con un amigo, don Emilio, empresario de San Antonio de Belén, que trasborda en Plaza Víquez en su ruta hacia Aranjuez. Mientras viajan en el metro, cientos de pasajeros revisan correos electrónicos, leen las últimas noticias y cargan su tarjeta de transporte multimodal mientras continúan hasta la estación Parque Central, que servirá de intercambio para las futuras líneas del metro.

En este año muchos propietarios han construido y remodelado gran cantidad de edificios y espacios abandonados que hubo hasta hace muy poco en la ciudad. “De verdad que hacía falta algo así para catalizar un desarrollo urbano”, pensaba Juan.

Doce minutos han pasado desde que Juan tomó el metro y ya se encuentra en la Estación Atlántico - La California, tan importante por ser nodo de intercambio para toda la gente que viene desde Tibás y Heredia en tren. Otro centro de servicios que alberga bancos, supermercado, médicos, correo y restaurantes de comida rápida, entre otros. “Desde que existe este punto intermodal, ya en la Uruca los buses se mueven más rápido y se puede manejar”, comenta don Emilio. “¡Así es –le responde Juan–, y también ha hecho que la circunvalación ya no tenga tantas presas”. Juan se despide de su amigo para luego emerger en la estación del parque de Guadalupe.

¡Veinticinco minutos han pasado desde que Juan abordó el metro en Desamparados, en plena hora pico, y ya está al otro lado de la ciudad! Al igual que él, miles de ciudadanos transbordan hoy fácilmente desde el metro a las líneas de autobuses en las estaciones principales. El desplazamiento por el área metropolitana es ahora mucho más sencillo y eficiente. Los turistas son capaces de llegar, por sí mismos, a las tiendas de artesanías en Moravia, los jóvenes se desplazan con libertad, y para quienes laboran en jornadas continuas es ahora mucho más fácil hacer todo tipo de diligencias o hasta comprar abarrotes de último momento, mientras van y vienen desde todos los rincones de la GAM. Todo gracias a la seguridad y a un diseño eficiente y visionario del sistema de transporte público.

Un sueño. “¡Juan, Juaaan! –exclama airadamente su esposa–, ¿estás soñando con el metro otra vez?”. Desafortunadamente para Juan, estamos en el 2014, tiene sobrepeso, se la pasa muchísimas horas sentado en el carro y no tiene tiempo de caminar junto a su hija por las mañanas. Vive tenso ante la furia de miles de conductores que enfrentan a diario el reto supremo de llegar a sus trabajos, recoger a sus hijos o intentar regresar temprano a casa.

¿Será posible que el sueño de Juan se convierta en el 2021 en una realidad? Yo quiero pensar que sí. Creo que podemos cambiar el modelo de crecimiento caótico de la ciudad por uno más eficiente y humano. Creo que podemos reducir el voraz consumo de combustibles al tiempo que disminuimos el crecimiento desmedido y el extremo desgaste de la flota vehicular. Eso sería un gran paso hacia la meta país de ser carbono neutral en el 2021.

Quien diga que Costa Rica no requiere de un medio de transporte tan eficiente como el que brindaría el Metro no está pensando en el desarrollo humano que conlleva, ni en la calidad de vida y las oportunidades que representaría para los ciudadanos de hoy y de mañana.

Debemos acabar con la tendencia cultural a circunvalar los problemas. Hoy pedimos más calles y carreteras para poder huir del San José que heredamos, con el ansia casi histérica de habilitar nuevos espacios y distanciar todo de todo. Si continuamos poblando cada rincón del país con nuestro caos vial, estaremos condenados a vivir en entornos con un enorme grado de contaminación visual, sónica y ambiental.

El metro con el que sueña Juan para el 2021 podría ser una realidad para miles de ciudadanos como usted y como yo. Pero depende de decisiones valientes e inteligentes que puedan sortear toda la maraña de trabas mentales, empresariales e institucionales que hemos ido tejiendo durante nuestro atropellado desarrollo. No perdamos más nuestras vidas en presas: debemos depender más de nuestro ingenio, de nuestras fuentes de energía y de nuestra voluntad para modelar una mejor ciudad para todos.

Termino con una frase que leí cuando visité la oficina de construcción del metro de Panamá en Albrook: “Quien desea realizar algo, encontrará un camino; quien no lo quiere, encontrará una excusa”.

Max Umaña Hidalgo, ingeniero civil y coordinador de la Comisión del Metro, CFIA.

  • Comparta este artículo
Opinión

Un día en el metro de San José

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota