Opinión

La decisión del presidente

Actualizado el 06 de abril de 2016 a las 12:00 am

Hay que superar el aldeanismo y el discurso polarizante para abordar los temas grandes

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Hace unos días don Jorge Vargas Cullell, con su fisga usual, nos pintó los posibles escenarios de los próximos y últimos dos años de gobierno, que me permito resumir así: que mejore sustancialmente su desempeño, que empeore o que termine sin pena ni gloria, “sosteniendo la burra”, dice don Jorge Vargas, sin lograr el cambio prometido.

Todos, salvo quizás sus más mezquinos opositores que creen poder sacar réditos de un mal gobierno, deseamos que el escenario sea el primero: una fenomenal segunda mitad. Sin embargo, si las cosas se siguen haciendo de la misma manera es muy poco probable que haya una mejora y, lo que es más grave aún, puede profundizarse la parálisis y preparar el terreno para una opción populista.

Esa advertencia se la hizo en estas páginas la catedrática Velia Govaere al presidente (“Las barbas en remojo”, 28 de marzo). Para Velia, la solución para desencallar la nave, darle dirección y potencia, es un gobierno de unidad nacional “efectivo, voluntarista, con sentido de urgencia e inmediatez, con el liderazgo personal, directo y cotidiano de la presidencia de la República”, a partir del próximo y cercano 1.° de mayo.

Tienen razón Velia y algunas otras personas que lo han sugerido desde hace varios años. Muchos teníamos la expectativa de que parte del cambio que ofrecía don Luis Guillermo fuera precisamente incluir en su gobierno a los mejores de las trincheras políticas más importantes del país. Desafortunadamente no lo hizo.

Convocatoria y algo más. Al abordar la segundad mitad de su mandato, está a tiempo de enmendar el rumbo convocando a los líderes formales y reales de los partidos relevantes para dejar sentadas las bases del edificio del desarrollo nacional. Pero la convocatoria del presidente, por sí sola, no basta.

Es imperativo que los que están en la acera del frente se comprometan a facilitar ese gobierno de unidad. Se requiere liderazgo colaborativo para crear un ambiente de confianza mutua y establecer muy rápidamente una lista de temas que va más allá de lo coyuntural y de apagar los incendios que se levantan constantemente por aquí y por allá.

Hay que superar el aldeanismo y el discurso polarizante para abordar con responsabilidad los temas grandes, concentrándose en lo que se puede consensuar. Con la misma urgencia debe definirse el plan y el cronograma de implementación de las reformas requeridas.

Se requiere también que los cuerpos de esos partidos respalden a sus líderes, así como que los diversos actores sociales (academia, gremios, cámaras y otros colectivos relevantes) y la ciudadanía misma, colaboremos con ese fin superior.

Para que se cimiente bien, el compromiso debe ser transversal a toda la sociedad. Ni los líderes políticos deben seguir actuando a espaldas de la ciudadanía, ni esta debe seguir desapegada de lo que ellos hacen y permanecer en la comodidad de la queja permanente.

Por otra parte, la prensa debe asumir con responsabilidad histórica el rol constructivo fundamental que le correspondería en semejante circunstancia. Costa Rica necesita que todos, sea cual sea el lugar que ocupamos en la sociedad, nos decidamos a renunciar a las tácticas coercitivas y detractoras, a ser incondicionalmente constructivos para lograr un acuerdo aceptable para la mayoría y que pueda ser efectivamente ejecutado.

Asuntos relevantes. Esa agenda del país no es ningún misterio. Sin pretensiones de agotar la lista de prioridades, me aventuro a decir que probablemente la mayoría coincidimos en la necesidad de que se aborde integralmente la reforma fiscal; que se ordene el empleo en el sector público y se corrijan todos los vicios que han contribuido a disparar el costo de la planilla estatal y a deteriorar su calidad; que se cree un marco moderno para las alianzas público-privadas como mecanismo para poner al día nuestra infraestructura de quinto mundo; que se defina un sistema que haga ágiles y transparentes los procesos de compra pública; que se lleven a cabo las reformas necesarias para combatir la corrupción, mejorar la calidad de la educación pública y mitigar la desigualdad social; y que se suscriba el compromiso de conservar y mejorar la estrategia de combate a la pobreza puesta en marcha por la administración Solís.

Asimismo, en un gobierno de unidad nacional como el que estamos imaginando, la reforma política es uno de los temas imperativos. Hablo de una reforma profunda e integral, no de un parche que permita la reelección de los diputados en las condiciones actuales.

Hablo de la reforma del reglamento de la Asamblea Legislativa, del sistema de elección de diputados como la que ha propuesto con acreditado rigor la asociación Poder Ciudadano ¡Ya!, del sistema de financiamiento de los partidos y las campañas electorales, y del paso hacia el parlamentarismo.

Don Luis Guillermo tiene ante sí la oportunidad de ejercer un liderazgo histórico; no se me ocurre otra decisión más importante para el presidente. Si no lo hace él, tendrá que hacerlo quien lo suceda en el cargo.

La autora es abogada.

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