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El debate debe continuar

No hay un solo argumento racional para defender el uso que se hace de la prisión

Cuando llegamos al Ministerio de Justicia, hace poco menos de 24 meses, tomamos la decisión de, por la crítica situación penitenciaria cuyos niveles de hacinamiento eran inasumibles y teniendo como respaldo órdenes de los jueces de ejecución de la pena y de la Sala Constitucional, hacer un traslado adicional de privados de libertad a los regímenes de confianza.

Así, el Instituto Nacional de Criminología dictó dos circulares y fueron reubicadas unas 1.500 personas, de las cuales menos de 60 regresaron a prisión por cometer nuevos delitos. Una medida con aproximadamente un 96% de éxito.

Entonces, se nos acusó de dos cosas: de poner en riesgo la seguridad con una medida inédita e irresponsable y de negarnos a construir más infraestructura por algo así como una especie de mantra ideológico en contra de la cárcel como mecanismo de control social.

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