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Las culpas no se heredan

Actualizado el 06 de enero de 2017 a las 12:00 am

Si Adán y Eva solo son mitos, no hubo pecado original ni necesidad de salvación

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Las culpas no se heredan

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¿Qué propósito tuvo el terremoto de Haití, doctor Fernando Zamora? Según usted, algún propósito tuvo el sismo que mató a más de 320.000 personas en el año 2010 en el país más pobre de América. Estos extraños pensamientos surgen de la lectura del artículo “El escándalo de la Navidad”, que el abogado constitucionalista Fernando Zamora Castellanos publicó en Opinión (20/12/2016).

Su artículo merece muchos comentarios, mas nos limitaremos a dos asuntos: 1) la “necesidad divina” de los hechos y 2) la monstruosidad jurídica del “pecado original”.

Don Fernando supone que el universo fue creado por un dios, y que este le infundió un orden y unos objetivos: “la existencia tiene un propósito”; “reconocer que la existencia tiene propósito es (…) rehusarse a creer que todo cuanto vemos es derivación del ciego albur”.

Entonces, razonemos: 1) el universo tiene un propósito; 2) el terremoto de Haití estuvo dentro del universo; 3) por tanto, ese terremoto tuvo un propósito: matar mucha gente. El doctor Zamora exhibe así una propensión al pensamiento mágico y al animismo: la concesión de “propósitos” a las cosas carentes de vida.

Empero, Zamora tal vez piense que los terremotos no tienen voluntad propia, sino que siguen las leyes que impuso un dios creador. En este caso, la culpa de las 320.000 muertes en Haití saltan del terremoto a ese dios, pero con mayor culpa, pues los terremotos no tienen voluntad, pero aquel dios sí –y no quiso evitar tan enorme tragedia–.

En realidad, en el universo conviven las leyes y el azar. Si calentamos un gas, sus moléculas se agitarán (ley) y chocarán entre sí (al azar). Dos placas tectónicas colisionan y producen un terremoto (ley), y matan a unas personas, pero a otras no (azar).

Misterios irracionales. Las extrañas meditaciones físicas de don Fernando se orientan a postular la existencia de un dios creador y vigilante. Según el jurista Zamora, la materia no pudo organizarse sola para crear la vida ni al ser humano. Como “prueba” cita la improbabilidad de que un tornado ensamble las piezas de un avión. Por supuesto, ello no es posible, y veamos por qué. Las piezas de un avión no pueden autoensamblarse pues son inertes, pero las “piezas” básicas de un ser vivo sí pueden autoensamblarse porque son materia viva (poseen automovimiento). Para asombro de don Fernando, si tuviesen automovimiento (vida), y en un tiempo suficiente, las piezas de un avión sí ensamblarían algo: una ventana, un motor, un avión...

¿De dónde proviene el movimiento?: no de un dios, sino del Big Bang. La gran explosión no ha terminado. Todos los movimientos derivan del Big Bang: las vueltas de la Luna, la carrera de un gato, el giro de tus ojos cuando lees esto... El universo es un gran billar que inauguró el Big Bang y donde las bolas son las partículas y los átomos.

¿Cómo se originaron el universo y la vida? Aún no lo sabemos, pero lo sabremos gracias a la ciencia, no a una revelación divina. Sí, todavía son misterios; mas, si el rosario incluye veinte misterios, el universo también tiene derecho a algunos.

En realidad, al doctor Zamora no le interesa la física, sino la ética: inducirnos a pensar 1) que un dios creó el universo con algún propósito, 2) que los seres humanos somos la “coronación” de tal creación divina, y que 3) nuestro propósito es buscar la salvación en Cristo. Por el contrario, la verdad es que ningún dios creó el universo y que este carece de propósitos; además, no somos coronación alguna (provenimos de la casualidad) y nuestra “salvación espiritual” es un mito.

¿Tenemos algún propósito en la vida? Solo el que queramos darnos: cantar como Javier Solís (imposible), salir de camping, volver a estafar a los electores, cuidar a los niños, etcétera. No nacemos con propósitos, sino con instintos (solidario, agresivo, materno, etcétera), y luego adquirimos ideas (como la idea de un dios, siempre impuesta y artificial).

El universo carece de razones; incluye leyes, pero es irracional: no pretende el mal ni el bien. Solamente algunas especies vivas tenemos diversos grados de conciencia y de pensamiento racional (cálculo de riesgos y beneficios). El gran propósito razonable es amar al prójimo; lo contrario es irracional porque es suicida para la especie humana.

Ilustración salvadora. El doctor Zamora continúa, pero con un discurso teológico; por ello, contrario a la ciencia.

Según don Fernando, “Dios se hizo hombre”; mas ¿puede un dios hacerse hombre, como Zeus y Jesús?, ¿entra esta idea en el pensamiento racional? No, las encarnaciones son irracionales, y no refutaremos aquí ocurrencias que chocan contra la razón y las pruebas científicas.

Sin embargo, hay un postulado jurídico más escandaloso que el “escándalo de la Navidad” y que el constitucionalista Zamora defiende: la herencia de las culpas de padres a hijos.

El pensamiento ilustrado acabó con tan irracional idea, de modo que, ante la ley, cada persona es hoy responsable de sus actos (menos los niños y los incapaces). El delito y la culpa no se heredan, doctor Zamora. Empero, según el jurista, existe el “pecado original”; es decir, un pecado cometido por Adán y Eva y que heredamos todas las personas hasta que nos bautizan. ¿Es posible esta idea irracional en un constitucionalista tan apreciado como el doctor Zamora? Sí.

Los hebreos nunca imaginaron el “pecado original”, pero a veces creyeron en que las culpas recaen en los descendientes hasta la tercera o la cuarta generaciones; mas, como en la Biblia hay de todo (a favor y en contra), también existe la norma opuesta: “El alma que pecare, esa morirá. El hijo no llevará el pecado del padre” (Ezequiel, 18, 20). Ezequiel es más moderno que Zamora. El pecado original se basa en una ocurrencia más de Pablo de Tarso: “por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres” (Romanos, 5, 18). Con los siglos se infló tan espantoso dictum hasta que el concilio de Trento (1546) decretó que el pecado original es dogma de fe; es decir, irá al infierno quien no crea en ese imposible.

¿Cómo explica la Iglesia católica el pecado original? No puede. Su Catecismo reza: “la transmisión del pecado original es un misterio que no podemos comprender plenamente” (404) –diríase que ni plenamente ni por partes–.

El “misterio” es la ventana por la que la fe huye cuando le pregunta la razón. La “salvación por Cristo” se basa en la existencia de Adán y Eva y en el pecado original. Aquí, el asunto es grave pues habría que creer que Adán y Eva existieron como personas concretas y hablantes, no como símbolos. O Adán y Eva, o evolución de las especies: hay que escoger. Si Adán y Eva solo son mitos, no hubo pecado original, culpas heredadas, necesidad de salvación, encarnación divina, sacrificio-muerte de Jesús ni redención.

Basado en esa sucesión de mitos, el jurista Zamora cree en la herencia de las culpas. ¿Es esta idea un ejemplo para el derecho positivo? No.

Extrañamente, en su libro El origen del ideal constitucional, don Fernando olvidó proponer la herencia de las culpas.

Habría que imaginar qué pasaría en Costa Rica si –como el derecho a la presidencia– la culpa pasase de padres a hijos.

El doctor Zamora debe plantear tan singular “avance” constitucional. En resumen, la culpa no se hereda, y la gloriosa Ilustración francesa nos salvó de otro mito agobiante. Como postula la Sociedad Racionalista Costarricense, la Ilustración es la verdadera salvación.

El autor es ensayista.

ensayista51@gmail.com

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