“¿Qué fue eso que no aprendí en la escuela?”, se preguntó recientemente Cristian Cambronero en el espacio “Tinta fresca” de la Revista Dominical de este diario. La preocupación es vital y legítima. Afortunadamente, algo ha cambiado en nuestra educación. Es apenas un inicio que, sin duda, requiere muchos pasos más, pero la escuela de hoy ha empezado a ser distinta que la escuela de ayer.
Sexualidad. “La escuela no me enseñó a coger –afirma Cristian–. Nos enseñaron sobre reproducción, pero no sobre afectividad y, mucho menos, sobre placer”. Fue así por mucho tiempo, pero, gracias a una de las reformas más polémicas que impulsamos, nuestras alumnas y alumnos hoy conversan con tranquilidad sobre el placer, sobre el afecto, sobre cómo querernos sin lastimarnos, sin humillarnos, sin “usar” al otro. La sexualidad y la afectividad son hoy parte de nuestro sistema educativo.
Tener. “La escuela no me enseñó a tener –agrega Cristian–. No me enseñó a ahorrar, a pedir, a deber, a pagar”. Fue así por mucho tiempo. Ahora, en Vida Cotidiana, se aprende sobre esas finanzas personales y familiares que son parte de la vida de todos: hacer un presupuesto, usar los bancos, no endeudarse innecesariamente, usar bien el crédito, ahorrar e invertir. Es una reforma incipiente y requiere mucha más capacitación a nuestros docentes, pero está ahí y avanza como parte de ese proceso de aprender a vivir en el mundo de hoy.
Usar la indagación. Cristian no lo menciona directamente, pero debemos decirlo: la escuela nos enseñaba a responder preguntas, muchas veces de memoria. Fue así por mucho tiempo, pero se han dado pasos cruciales para que los estudiantes aprendan a partir de las preguntas, no de las respuestas, para que usen la indagación, para que piensen lógicamente, para que resuelvan problemas y desarrollen proyectos. Eso no era así. Hoy empieza a serlo en diversas asignaturas: en Ciencias, en Matemáticas, en Español y en Cívica se disfruta más y se aprende en un sentido mucho más activo y crítico.
Importancia del arte. Finalmente, está el arte: siempre postergado y menospreciado. Hoy, desde preescolar hasta secundaria, nuestros centros educativos han visto resurgir la importancia de la música, la literatura, las artes visuales o la danza. Disfrutar, apreciar, entender y, sobre todo, ser capaz de expresarse artísticamente: objetivos simples pero esenciales para saber vivir. No dudo de que fueron apenas pasos iniciales, pero, hoy, la educación artística y el Festival Estudiantil de las Artes han vuelto a poner la creatividad y el arte en manos de nuestros niños y jóvenes.
Cristian tiene razón: la escuela no nos daba nada de eso, pero, como él bien dice: “Por fortuna es mucho lo que se ha avanzado en los últimos años. La visión integral del deporte y el bienestar, o los programas de educación para la afectividad y sexualidad, están hoy a años luz en el futuro. Pero mucho más está pendiente”.
Primeros pasos. Los pasos que dimos son solo eso: “primeros pasos”. Pasos que propiciaban un cambio de dirección. Pasos que buscaban hacernos capaces de educar para la vida y la convivencia. Esos pasos, para consolidarse, deberán contar con lo único que realmente cambia la educación: el trabajo de cada docente en su aula, en su escuela, en su colegio. En sus manos está.