Opinión

Respeto al derecho de formar una familia

Actualizado el 11 de junio de 2017 a las 10:00 pm

La familia tradicional (papá, mamá e hijos) dejó de ser la principal figura en las sociedades

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El pasado 15 de mayo se conmemoró el Día Internacional de la Familia (instaurado por Naciones Unidas en 1993) bajo el lema “Familias, educación y bienestar”. La celebración fue días después de la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia, cuya vida familiar se llevó al primer plano electoral por estar casado con una mujer 26 años mayor, quien fuera su profesora de colegio y se divorció para casarse con él cuando Macron tenía 17 años. No tuvieron hijos (ella ya tenía tres).

Traigo a colación a Macron porque su adversaria política, la ultraderechista Marine Le Pen, utilizó el tema para descalificarlo como digno representante de las familias francesas y de sus valores. El intento fracasó, el electorado llevó un poco de paz y estabilidad a su país y a la agitada Europa. ¿Qué habría pasado si Macron hubiera sido candidato en Costa Rica?

Cambio social. La familia tradicional (papá, mamá e hijos) dejó de ser la principal figura en las sociedades contemporáneas de muchos países de Occidente. Diferentes factores, sociales y económicos, hacen que este núcleo tenga hoy muchas y variadas formas.

Una marca de galletas, con una agencia de publicidad muy astuta, dio en el clavo con un anuncio donde nos muestra una realidad de la que no escapamos. Muchísimas personas viven en familias no convencionales.

¿Es esto bueno o malo? ¿No debería el derecho de familia cobijar a todos por igual sin importar el modelo de familia que se escoja o se tenga?

Ciertos grupos político-religiosos insisten en encasillar a todas las familias con su forma de ver la vida, y pretenden que quienes no cumplen con sus preceptos no existen, o no tienen los mismos derechos y necesidades.

Hoy, cientos de miles de costarricenses viven en familias no convencionales. Abuelas, padres y nietos; tías y sobrinos; madres o padres solteros; viudos y viudas con hijos; novios en unión de hecho; parejas heterosexuales u homosexuales en unión libre (porque a estos últimos se les niega el derecho al matrimonio). Invente usted una combinación y, de seguro, hay alguien viviendo así.

Además, en Costa Rica, el año pasado, por cada 100 matrimonios hubo 45 divorcios, por lo cual es difícil pensar que no existan otras familias distintas a la tradicional. ¿Qué pasa con todas estas personas? La vida sigue: solos, en unión libre, viviendo con los abuelos, con un amigo, vueltos a casar.

La mayoría conformarán nuevos hogares y familias, aunque algunas organizaciones insistan en mirar con desprecio la creciente cantidad de costarricenses en esta condición. A la realidad eso la tiene sin cuidado.

Rezago. El que grupos fundamentalistas (que pretenden imponer su libro sagrado por encima de los derechos fundamentales) impidan aprobar en la Asamblea Legislativa leyes que satisfagan las necesidades actuales en materia de familia, es un reflejo del rezago de Costa Rica en el tema. Tanto así, que hemos sido reprendidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por no respetar los derechos de la población sexualmente diversa.

Quienes no aceptan otras formas de familia que no sea la “tradicional” pueden vivir de acuerdo con sus propios preceptos. Lo que no es válido es negar esta posibilidad a quienes desean conformar ante la ley una familia con los mismos derechos y deberes que cualquiera otra, solo porque su inclinación sexual no es de su agrado.

¿Qué impide a estos mismos grupos fundamentalistas alegar luego que el matrimonio interracial, interreligioso, entre ateos y creyentes, o con 26 años de diferencia entre mujer y hombre, no son válidos para su credo y deben ser proscritos?

En Costa Rica, no debe existir discriminación por la inclinación sexual, pero bloquear el acceso a estos derechos a las personas sexualmente diversas demuestra que sí la hay. Todos merecemos vivir al amparo de la ley cuando se trata de los derechos de la familia.

Inclusión. Las ideas de estos grupos político-religiosos sobre qué es bueno en esta materia no pueden imponerse a los demás. Nada, ni nadie, debe impedir a los habitantes el acceso a estos derechos, aunque no esté de acuerdo con su forma de ver la vida. Las leyes deben incluir, no discriminar, a todos los costarricenses.

Por cierto, en la Francia del presidente Emmanuel Macron el matrimonio homosexual es una realidad desde el 18 de mayo del 2013. Además, las parejas pueden tener 26 años de diferencia entre mujer y hombre, no tener hijos, convertirse en la primera familia del país y nadie se preocupa demasiado por ello. Bueno, tal vez solo los ultraderechistas.

El autor es periodista.

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