Opinión

Remozar a Liberación Nacional

Actualizado el 14 de agosto de 2014 a las 10:52 am

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El fiasco sin parangón sufrido por la principal agrupación política del país en los procesos electorales de febrero y abril de este año lleva a algunos a pronosticar el ocaso y la desaparición del Partido Liberación Nacional (PLN), mientras que otros consideran que esta crisis es una oportunidad para repensar su oferta ideológica y programática, y remozar sus cuadros dirigentes.

Yerros. El abandono de su vocación de estudio de los problemas nacionales y de la formación política, el predominio de la mediocridad en sus cuadros dirigentes, el canibalismo interno, la falta de filtros que garanticen estricto apego a la ética por parte de aquellos que acceden a puestos de elección popular o a cargos en las dependencias del Estado, el alejamiento de otrora importantes aliados en las organizaciones sindicales y comunales, el desencanto y posterior desapego de amplios sectores académicos e intelectuales son yerros atribuibles al propio accionar de ese partido como cuerpo político, que han tenido un enorme peso en el sonado fracaso electoral de este año.

Pero también los errores cometidos en el transcurso de la campaña, el triunfalismo, la prepotencia y la arrogancia exhibida por sus principales protagonistas, el desdén hacia otras corrientes internas, la pésima estrategia y la vacua y burda campaña publicitaria, la sorprendente –y aún inexplicable– deserción de don Johnny Araya en la segunda ronda, lo que sin duda acrecentó la dimensión de la derrota, fueron factores determinantes del adverso resultado electoral.

Estos elementos, y otros más, como el efecto negativo del desgobierno y los escándalos de corrupción de la administración Chinchilla Miranda, constituyen una base suficiente para realizar un profundo análisis y una sana autocrítica a lo interno de ese partido, que tengan como objetivo generar las condiciones idóneas para su reestructuración y remozamiento.

Pero lamentablemente, en esta delicada etapa de la divisa verdiblanca, los más altos dirigentes liberacionistas, aquellos que ocupan los cargos en las principales instancias partidarias, sin comprender la profundidad y los alcances del deterioro electoral y de la peor derrota de esa agrupación, sin interpretar correctamente el mensaje del electorado, sin aceptar con humildad su cuota de responsabilidad en el declive y en el reciente fracaso del partido, en vez de renunciar para darle oportunidad a nuevos y frescos liderazgos, se aferran a sus puestos e insisten tercamente en mantener su protagonismo.

La actitud asumida por las actuales autoridades liberacionistas no puede ser más patética e inconveniente. Creer y actuar como si nada hubiese sucedido, negar la existencia de una crisis, es una aberración que irremediablemente conducirá a nuevos fracasos.

El análisis de la derrota, de sus causas y consecuencias, y el enfoque de lo que debe hacerse y cómo hacerlo son tareas que deben estar en manos de un grupo de connotados partidarios que, distantes de las luchas de poder intestinas, tengan la posibilidad de decidir, no solo de proponer, las acciones que deban ejecutarse para sobrevivir a la encrucijada de hoy.

Algunas voces claman por retomar los principios ideológicos de su carta fundamental, o por una refundación, cuando más pareciera que lo que necesita ese partido es una reestructuración que modifique su organización interna y la forma de acceder a esta, y que garantice una real apertura a nuevos liderazgos y una mayor idoneidad en sus cuadros dirigentes.

Crisis de credibilidad. El problema de Liberación Nacional no es ideológico, es de credibilidad. El rechazo actual de la gran mayoría de los electores no es por razones ideológicas, sino que tiene que ver más con aspectos éticos y morales, con la desconfianza hacia sus dirigentes. La percepción, exagerada e injusta, es que la corrupción no es un asunto de unos pocos individuos y, por ende, una excepción, sino que está institucionalizada y que constituye la regla.

Más que innecesarios replanteamientos ideológicos, que solo le interesan a una minoría, el remozamiento del PLN requiere una urgente e indispensable depuración que extirpe de su seno a los deshonestos y corruptos que desnaturalizan el verdadero sentido de la política y que con sus acciones han socavado la base de apoyo que le permitió a ese partido dirigir, desde su fundación en 1951, los destinos del país en nueve ocasiones.

Para rescatar la credibilidad perdida, son imprescindibles las señales claras y contundentes de mayores exigencias éticas y morales para quienes, a todos los niveles, dirijan esa organización política, así como de mejores controles que garanticen su observancia.

Solo con decisiones extraordinarias y excepcionales, como excepcional y extraordinaria es la situación que enfrenta, se podrá salvar al PLN de la debacle.

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