Opinión

Propuesta comunista

Actualizado el 08 de enero de 2014 a las 12:00 am

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En un reciente artículo publicado en este medio (“Estado activista”, Opinión , 29/12/2013,) don Armando González presenta de manera clara las implicaciones indeseadas de aceptar una de las tantas propuestas del plan de gobierno del partido Frente Amplio (FA). Se trata de la relativa a someter a consultas vinculantes de las comunidades “casi cualquier iniciativa”, mediando una “sustitución de los mecanismos formales de la democracia republicana” por una “amorfa convocatoria a las masas”, que fácilmente manipularía la voluntad de la sociedad que dice representar.

Estoy totalmente de acuerdo con la apreciación de don Armando y, por ello, no agrego ni quito una coma a lo escrito por él. Quiero destacar aquí otras propuestas del FA que rondan el comunismo.

Desigualdad y pobreza. Una de ellas es la que considera más importante la reducción de la desigualdad que la pobreza, y, por eso, no tiene objeción en proponer un manojo de políticas que, de llevarse a la práctica, empobrecerían más al país. El único cuidado a tener, según se desprende de lo propuesto por el FA, es que todos quedemos igualmente pobres.

Para los liberales, como quien esto escribe, la pobreza –sobre todo, la extrema– es lo que más debe preocupar a quienes toman decisiones de política pública. Para luchar contra la pobreza hay que tomar medidas que estimulen la producción, la generación de empleo e ingresos, y que nivelen la cancha, de modo que todos los actores tengan igualdad de oportunidades.

Por eso, consideramos inaceptable que solo algunos niños y jóvenes en edad de asistir a la escuela y colegio lo hagan, o que solo algunos reciban servicios de salud, en vez de todos. También son inaceptables los altos niveles de desempleo como el que hoy, para el caso de Costa Rica, reflejan las estadísticas del INEC, pues la falta de trabajo es la principal causa de la pobreza y –de paso– de la desigualdad de ingresos.

Igualdad de oportunidad. La igualdad de oportunidad es por lo que luchan los liberales. No igualdad de resultados. Una economía en que todos deban recibir lo mismo da un mal mensaje a quienes producen (al saber que parte de su esfuerzo les será arrebatado) y a quienes no producen (porque saben que, de toda forma, se les dará). En una economía así concebida lo que se produciría sería muy poco.

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Y, sostienen los liberales, a los miembros de la sociedad con discapacidad física o mental, o a quienes su edad (demasiado jóvenes o demasiado viejos) les impida competir con éxito, la mano solidaria del prójimo acomodado, mediante la caridad cristiana, o por intermedio de un Estado que actúa con eficacia, procederá a procurarles el sustento debido. Para el liberal, el objeto de la asistencia social es proteger contra los efectos de la mala suerte, no de las malas prácticas.

Plan de gobierno. El plan del FA contiene las mejores propuestas para alejar la inversión creadora de fuentes de trabajo, al incorporar un odio implícito al individuo y la propiedad privada (que sustituye por la masa organizada y la propiedad común). Aboga por altos impuestos (a todo lo que considere “lujos”), desprecia la apertura que ha llevado a Costa Rica a producir bienes y servicios de altísima calidad y a exportar como nunca antes, y promueve una idea superada de soberanía alimentaria, que no es sino copia de la autarquía que caracterizó al feudalismo medieval y llevó a hambrunas, más o menos, cada treinta años.

Asimismo, aboga por un sistema de control oficial de precios (posiblemente, por parte de servidores públicos omniscientes e incorruptos) que, en todos los países donde se ha dado, ha llevado a la escasez. Se opone a que entes como la Caja Costarricense de Seguro Social y el Ministerio de Obras Públicas y Transportes compren servicios a terceros, aun cuando estos sean más baratos que los producidos internamente. Por otra parte, pide al Banco Central agregar a sus objetivos de política monetaria “la mejor distribución del ingreso”. También propone “rechazar rotundamente cualquier medida dirigida a criminalizar la protesta social” mediante, por ejemplo, el bloqueo de calles y la suspensión de servicios básicos como los de telecomunicaciones, hospitalarios y portuarios.

A pesar de que compartimos la genuina preocupación del FA por la alta pobreza (y desigualdad) que se vive hoy en Costa Rica, su plan de gobierno es un libro de texto de lo que no debe hacer ninguna nación en el siglo XXI cuyo propósito sea luchar contra ese problema. Su puesta en práctica equivaldría a quemar la casa para asar el chancho.

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Quedamos notificados todos los costarricenses: desde los jóvenes desempleados, pasando por los empresarios que arriesgan a perder su inversión, hasta las amas de casa.

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