Opinión

Perversión religiosa

Actualizado el 27 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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L a Nación nos ha informado recientemente sobre el presunto abuso sexual de una monja en perjuicio de dos niñas: una de tres años y otra de seis. No es la primera vez y, desgraciadamente, no será la última en que estos abusos los cometan personas religiosas, pues la historia cuenta miles de casos.

Tal vez, uno de los casos más conocidos es el de las famosas “Lavanderías de las Magdalenas”, en las cuales, durante más de 70 años, unas monjas católicas mantuvieron bajo un régimen de esclavitud a centenares de mujeres y niñas que sufrieron continuas humillaciones, abusos sexuales y torturas físicas y psíquicas. Estas lavanderías eran manejadas por las Hermanas de la Misericordia, de Nuestra Señora de la Caridad, y las del Buen Pastor.

Esta situación obligó al primer ministro irlandés, Enda Kenny, a pedir disculpas en nombre del Gobierno a las más de 10.000 mujeres y niñas que permanecieron tanto tiempo en un estado de esclavitud.

También recordamos un caso reciente, del cual informó La Nación , de un sacerdote que en Barbacoa de Puriscal violó a un monaguillo de trece años de edad, pero fue absuelto por un tecnicismo. En esta ocasión, el juez Hanzel Araya Morales indicó que “efectivamente el imputado… cometió los actos de tipo sexual en contra de la humanidad del menor”, y que, si esos actos se hubieran cometido hoy día, hubiera sido enviado a la cárcel, pero en aquella época solo se consideraba violación cuando la víctima era menor de doce años, y no de trece.

Es lamentable que delitos tan graves queden impunes por un tecnicismo o por cualquier otro motivo legal. Son bien conocidos los cientos de casos de abusos sexuales contra niños en Estados Unidos por parte de sacerdotes, que fueron ocultados por los obispos, incluyendo a un cardenal, además de que pagaron muchos millones de dólares para callar a los familiares de las víctimas y, de esa manera, evitar un escándalo.

Estos hechos también me hicieron recordar un artículo que, hace ya bastante tiempo, publicó en la sección Foro de este diario Saray González, cuya amistad me honra, bajo el título “Curas, políticos y pastores”, en el cual acusa, basada en su experiencia profesional, a quienes, sin escrúpulos, “utilizan el nombre de Dios para tan bajos propósitos”.

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Uno de los problemas más graves de estos abusos consiste en que las familias ponen toda su confianza en personas que, por su investidura, les merecen respeto, como los sacerdotes, sin pensar nunca que esa confianza va a ser traicionada. “Con el padrecito están a salvo de todo,” dicen algunos padres de familia, sin darse cuenta de tantas ocasiones en las que ha sucedido exactamente lo contrario.

También es cierto que estos abusos no se cometen solamente por miembros de la Iglesia católica, y que son muchos los casos cometidos por miembros de otras iglesias, así como por políticos, entre estos uno de un país no muy lejano y el ex primer ministro italiano Berlusconi, que han dado la vuelta al mundo en revistas sensacionalistas. En todos los casos interviene el poder, el dinero o la religión.

Es necesario que los ciudadanos, las autoridades, los profesionales de las ciencias médicas y afines, y, en suma, todas las fuerzas vivas del país hagan un frente común contra estos abusos criminales para lograr la protección completa de nuestra niñez.

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