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Nietzsche en diez minutos

Actualizado el 12 de octubre de 2014 a las 12:00 am

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Nietzsche en diez minutos

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Friedrich Nietzsche, nacido el 14 de octubre de 1844 y fallecido el 25 de agosto de 1900, se ha convertido en un referente cuando se abordan temas culturales. ¿Por qué? En lo que sigue respondo esta pregunta, describo algunas ideas claves de Nietzsche, efectúo una evaluación de los méritos e insuficiencias de su pensamiento, y me acerco al optimismo crítico de este autor.

Remar con remos de oro. Las razones de la actualidad de Nietzsche son muchas, pero la principal es la crítica que realiza a las incoherencias y engaños que infectan la sociedad. Para este pensador, nada es lo que parece, y todo debe ser sometido al tribunal de la duda y la sospecha. Situados más acá, más allá o dentro de los ideales y valores proclamados en discursos, escenografías y publicidades, lo que se descubre son vanidades, pasiones, deseos de control, manipulaciones, intenciones inconfesables y luchas por el poder.

Nada escapa a esta realidad. En el arte de ocultar incoherencias, el ser humano es experto, pero, para el creador de “ Aurora ”, “ Genealogía de la moral ” y “ Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida ”, esa voluntad de engaño y auto-engaño universales se puede vencer, y la vencen quienes resisten la mentira generalizada. Son estos “resistentes” los que anuncian una nueva época cuando, al decir de Nietzsche, “… el más pobre pescador reme con remos de oro…”.

Crítica al moralismo. La inveterada costumbre de separar lo que se dice de lo que se hace, de borrar con el codo lo que se escribe con la mano, conduce al autor de El viajero y su sombra hasta un demoledor análisis del moralismo y de la psicología de los moralistas.

La idea de que alguien posee en exclusiva la autoridad moral, mientras todos los demás congéneres son vistos como minusválidos éticos, incapaces de autonomía y libertad, es algo inaceptable para Nietzsche, máxime cuando quienes de ese modo predican niegan en sus prácticas lo que proclaman con la boca.

En el mundo del moralismo y los moralistas, los valores se han desligado de la vida hasta convertirse en prescripciones burocráticas que terminan oprimiéndola. El moralismo mata la vida, suprime la alegría, instituye el aburrimiento y la monotonía, desprecia al ser humano. Su objetivo es uniformar la sociedad bajo un único sentir y pensar, un único libro, una única institución, un único temor a la ciencia y al conocimiento, y una única, enfermiza e hipócrita obsesión con el sexo, el placer y el cuerpo. Sin embargo, todo esto –piensa Nietzsche– es una estratagema contra la vida, condenada a fracasar, pues la vida es diversa y no se deja atrapar en prisiones. La diversidad se atraviesa en la garganta de los moralistas, y convierte su anhelo de dominio universal y absoluto en un fósil permanente, una patología, como la califica el autor de Más allá del bien y del mal .

Quien escribió El origen de la tragedia y El crepúsculo de los ídolos sostiene en el Ensayo de autocrítica que, en el fondo, de todo lo que existe no encontramos a un moralista que vigila, condena y castiga, sino a un artista, al que también puede denominársele “dios”, a condición de que este se entienda como puramente artista y, por completo, desprovisto de prejuicios moralistas. Este pensamiento no es casual: la creatividad constituye el eje transversal de la visión nietzscheana, y se expresa de modo privilegiado en el arte, los artistas y los pensadores, personas que, según Nietzsche, están sobrecargadas de fuerza creativa.

Hacia el nihilismo. La universal incoherencia moralista sufre de una larga serie de decadencias y demoliciones que conducen al desencanto radical y al nihilismo, esto es, a la convicción social de que la existencia no tiene sentido, es insostenible e injustificable, faltándole metas y horizontes de realización confiables, y sometida al control de unos engañadores, circunstancia que, de acuerdo con Nietzsche, cubrirá los siglos XX y XXI. Para el autor de Ecce homo –y esta es una de sus tesis cardinales–, el moralismo acaba en vacío existencial, no por la conspiración de malvados conspiradores que lo acechan y atacan, sino porque está contaminado por la mentira.

Llegado a este punto del análisis, Nietzsche intenta construir una alternativa, y cree encontrarla en el concepto de “eterno retorno de lo mismo” y en el de “superhombre”. Es aquí donde nuestro autor introduce ideas que comprometen y contrarían los méritos de su crítica al moralismo.

Mito antiguo y superhombre. La noción de “eterno retorno de lo mismo” la plantea Nietzsche en Así hablaba Zaratustra y, según dice, la concibió en agosto de 1881. Como bien demuestra Mircea Eliade en El mito del eterno retorno, se trata de una creencia muy antigua que ha conocido múltiples formulaciones, según la cual, en ciclos predeterminados y repetitivos, todos los sucesos vividos vuelven a repetirse, con absoluto detalle, un infinito número de veces. ¿Cómo es esto posible? Quienes han sostenido, o sostienen, tal mito acostumbran decir que, en el universo, el número de variables que se mezclan es grande, pero no infinito, de modo que en un tiempo infinito las combinaciones empiezan a repetirse. Conforme a esto, Nietzsche supuso que él estaría de vuelta para contar de nuevo la vuelta eterna de todas las cosas.

En un cosmos así concebido, donde reinan el eterno retorno de lo mismo y la decadencia del moralismo en el vacío existencial, Nietzsche anuncia una liberación: el superhombre, idea que tampoco es privativa del autor de Consideraciones intempestivas , ya que se encuentra en Luciano, Herder y Goethe. ¿Qué es el superhombre? Para Nietzsche, no es una persona superior, ni tampoco una personalidad histórica, sino una cierta circunstancia colectiva donde la sociedad se ha liberado del moralismo y ha superado el nihilismo.

Optimismo. Los mayores aciertos contenidos en el pensamiento de Nietzsche se encuentran en el análisis crítico del moralismo y de la psicología de los moralistas, en la tesis de que el nihilismo, o vacío existencial, se origina en las incoherencias y cinismos que carcomen el discurso moral, y en sus estudios culturales.

Los conceptos de “eterno retorno” y “superhombre” no son, en cambio, robustos ni integrales. Mientras el eterno retorno es indemostrable y simula una eternidad que contradice otros principios defendidos por Nietzsche, el superhombre es un deseo sin fundamento empírico, que, debido a ciertas ambigüedades del lenguaje, dio lugar a su utilización coyuntural en favor del nazismo y el fascismo europeos durante la Segunda Guerra Mundial, y, hasta nuestros días, ha seducido al totalitarismo de izquierda y al anarquismo individualista.

En definitiva, puede decirse que Nietzsche fue un pensador genial, profundo y clarividente en el diagnóstico de situaciones culturales, pero, por completo, insuficiente y deficitario en cuanto a las soluciones que propuso para los problemas que abordó.

No obstante el juicio crítico anterior, lo cierto es que, a contrapelo de la falsedad que penetra al mundo, el autor de Humano, demasiado humano, Cinco prefacios para cinco libros no escritos y El caso Wagner sostiene un optimismo crítico y heroico, e insiste en la necesidad de que el ser humano no detenga su peregrinaje, se interne en mares inexplorados y evolucione sin descanso, pues el tiempo aún no acaba y todavía no se experimenta la mayor de las alegrías.

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